Lunes 23 DE Septiembre DE 2019
Opinión

Se hizo justicia (primera parte)

La inscripción de Zury Ríos era obligada

Fecha de publicación: 25-07-15
Por: Acisclo Valladares Molina

Por elemental congruencia no pueden resolverse dos casos iguales de forma distinta y, en el presente caso, si Jacobo Árbenz Vilanova y Lionel Sisniega Otero fueron inscritos como candidatos a la Presidencia de la República, siendo el primero hijo del expresidente Jacobo Árbenz Guzmán y el segundo, bisnieto de del expresidente Justo Rufino Barrios, ambos líderes de movimientos que alteraron el orden constitucional (1871 y 1944), no podía negarse a la inscripción a Zury Ríos por el hecho de ser hija de un expresidente que, al igual que los anteriores, fue líder de un movimiento que alteró el orden constitucional (1982) o bien que, como consecuencia de este, asumió la Presidencia de la República .

 

La pretensión de negar la inscripción de Zury Ríos habiendo accedido el Tribunal Supremo Electoral, en su momento, a la inscripción de Árbenz Vilanova y de Sisniega Otero –los dos, como ella, igualmente descendientes– de haber fructificado –hubiera sido el colmo de la incongruencia jurídica, maña esta– la de la inconsistencia –que tanto daño nos ha hecho en el pasado y que si no corregimos, con rigor,, nos la seguirá haciendo en el futuro.

 

Muchas sentencias populares nos ilustran en cuanto a la aversión que debemos tener por la incongruencia –atentado que lo es en contra de la certeza y de la seguridad jurídicas: “O todos en el suelo o todos en la cama…”.

 

El Derecho Romano, antes de la recopilación, se sustentaba en el precedente y por eso es que el sistema anglosajón se dice también, como el nuestro, heredero de dicho Derecho, si bien desde un momento distinto.

 

En este sistema de precedentes –ya no es puro, en ninguna parte– el Derecho se va haciendo por la solución igual de casos iguales, lo que impide caer en el despropósito de que –por la arbitrariedad humana– se resuelvan casos idénticos, de forma distinta.

 

No tenemos respeto por nuestras instituciones ni por nuestra institucionalidad y son las autoridades –lamentablemente– las que dan en esto el peor de los ejemplos. ¿Cómo pudo ocurrírseles a los cuatro Magistrados varones que integran hoy el Tribunal Supremo. Electoral pasarse por el arco del triunfo a la propia institución que hoy integran y hacerla caer, así, en el ridículo, resolviendo –en forma distinta– situaciones idénticas?

 

Los magistrados pasan –como pasan los gobiernos con respecto al Estado, pero este y los tribunales –con independencia de quienes los integran– permanecen.

 

En el caso que nos ocupa no solo el Tribunal Supremo Electoral se había pronunciado, realizando –como lo hizo– aquellas inscripciones sino la propia Corte de Constitucionalidad –la que hizo su pronunciamiento en abstracto –sin dedicatorias– hace más de veinte años. El impedimento solamente existe en aquellas elecciones que sean celebradas, el pariente en el poder.

 

La no inscripción de Zury Ríos era un atropello –menos mal ya subsanado puesto que en este caso concreto el amparo provisional que le diera se intuye, en sentencia, ya definitivo, y –así mismo– en apelación de la sentencia para el caso de que la arbitrariedad y la necedad llegaren a persistir –atropello que se había perpetrado en contra de la ley, de la justicia y de la mujer ¡Qué vergüenza! por cinco varones: el Director del Registro de Ciudadanos y cuatro Magistrados.

 

No hay mal que por bien no venga –siendo esta virtud , el que nos ha permitido ver la importancia del amparo en materia electoral– como en todas las materias –la única forma de impedir, –muchas veces– que los atropellos de este tipo fructifiquen.

 

¿“Supremo”? ¿Nada en su contra? ¿Sin posible amparo que pueda restablecer el orden perturbado por aquellos tribunales que se integran con magistrados que atropellan a la mujer, a la ley y a la justicia? –féminas todas, por cierto– ¿Curioso, no? ¿Nada sobre ellos? Con todo respeto ¡Mi sombrero! Y precisamente, por ello, y desde ya, nuestra más férrea oposición a la eliminación o limitación del amparo en materia electoral y en cualquier otra materia.

 

En el futuro, lo correcto, sí, que los amparos que se interpongan en contra de los actos y resoluciones del tribunal Supremo Electoral se conozcan por la Corte de Constitucionalidad, en única instancia Amén. (Continuará en la columna del martes y, por cierto, estamos  a 43 días de elecciones –domingo 6 de septiembre– ni un día menos, ni un día más.)