Sábado 20 DE Octubre DE 2018
Opinión

¿Programas sociales o Esclavitud moderna?

— EDITORIAL
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La bolsa con víveres en lugar de una oportunidad de empleo; la transferencia monetaria en lugar de capacitación para el trabajo; el saco de fertilizantes en lugar de apoyo para desarrollar proyectos productivos. Bolsas, transferencias, fertilizantes o cualquier otro regalo cumple el mismo fin: garantizar el control político de la población en condiciones de pobreza. Esa es la lógica básica detrás de los programas sociales de tipo asistencialista que tanto le cuestan a los contribuyentes y tan pocos resultados arrojan en términos de reducción de la pobreza.

 

La generación de oportunidades de empleo entre la población que más lo necesita implicaría promover la independencia de la población respecto del poder político. Tener un trabajo es algo que conviene a la persona, a la familia, a la comunidad y al país, no a los políticos que se benefician de perpetuar la dependencia de los pobres al poder político de turno. El empobrecimiento, la mala calidad de los servicios públicos, la paralización de la inversión y la negación del desarrollo solamente favorece a estos políticos irresponsables y a sus fieles aliados, principalmente a los sindicatos públicos de la banca, educación y la salud.

 

Por más que las campañas electorales tengan al empleo como su punto focal, los incentivos de quienes están detrás de ellas hacen poco creíble su repentino interés por el genuino bienestar de la población. La mayoría de los políticos en contienda sabe bien que perpetuar la pobreza es lo que más le conviene a sus intereses partidarios y personales. Continuar con programas sociales de corte populista y asistencialista tiene un solo objetivo: convertir a los ciudadanos en súbditos de la clase política gobernante. Una economía destruida es el escenario perfecto para este tipo de proyectos: el que no obedece no come. La solidaridad social tergiversada a niveles aberrantes; la pobreza convertida en lucrativo negocio para los políticos y sus aliados públicos y privados. No causa sorpresa alguna el silencio estratégico que la mayoría de partidos políticos guarda respecto del futuro de los mal llamados “programas sociales”; al final de cuentas estos programas se han convertido en la mejor manera de entronizarse en el poder.

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