Miércoles 14 DE Noviembre DE 2018
Opinión

¿La función social de la Usac?

Es digno reconocer que la Universidad de San Carlos ha jugado su papel educador.

— Werner R. González
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La educación al igual que la democracia es práctica y teoría a la vez, se tiene que construir con la acción y el pensamiento, se estudia y se aprende haciéndola; así han referido pensadores como Herbert Spencer, quienes sostienen que la gran meta del conocimiento no es la educación, en sí misma, sino la acción. Del mismo modo, Concepción Arenal: “la sociedad paga bien caro el abandono en que deja a sus hijos, igual que aquellos padres que no educan a los suyos” e indica: “mientras que una persona instruida, es aquella que en sus ratos de ocio, mata el tiempo estudiando”. Seguidamente, para orientar esta introducción al tema educativo, es menester resaltar que las escuelas son la base de la civilización y que los discípulos son la biografía del maestro. Nos ilustra con esta frase Domingo Faustino Sarmiento.

 

Es digno reconocer que la Tricentenaria Universidad de San Carlos de Guatemala –Usac– ha jugado su papel educador, por generaciones, para la sociedad guatemalteca y que desde su seno han egresado talentos que han contribuido significativamente en el desarrollo del país.

 

Sin embargo, en los últimos años, se ha dejado reflejar un giro hacia voltear a ver aspectos de la vida política nacional, aunque correcto, ha sido intenso y hasta con signos de desproporción. Al grado que se percibe un franco decaimiento de las funciones vitales, tales como: desatención al personal administrativo que juega un papel clave en todo proceso de planificación. Debe dignificársele con las buenas prácticas del Reglamento de relaciones laborales. Igualmente, debe fortalecerse continuamente la carrera docente, generando oportunidades que permitan mejorar la autoestima del profesor como una función vital de la universidad (Programas de maestría y doctorados, eventos culturales e intercambios académicos, etcétera. Para todo el personal).

 

En este sentido, el Reglamento de relaciones laborales entre la Universidad de San Carlos de Guatemala y su personal, es claro en su Artículo 1. Objeto: (…) El personal universitario debe superarse en forma perseverante para un mejor rendimiento cualitativo y cuantitativo. La Universidad creará, mantendrá y desarrollará los instrumentos que permitan tal superación. Estos resultados, se han visto disminuidos, justamente por la distracción que sus autoridades han suscitado viendo hacia fuera sin retrospectivamente alimentarse desde adentro, tal como lo establece el Reglamento de relaciones labores, ya indicado.

 

Lo anterior se traduce en reconocer que el valor de la Universidad depende de cuánto esté calificada académicamente. Lo cual, se refleja en la calidad educativa y formación de sus egresados. Esto es fácil escribirlo. El problema, es: cómo cuantificarlo. Guatemala es un país de poca cultura estadística, no se hacen evaluaciones métricas para monitorear los avances de las acciones de desarrollo.

 

No obstante esta realidad, en 2014 un estudio realizado por la Dirección General de Investigación de la Usac que incluyó 1,183 unidades muestrales (estudiantes y profesionales) revela que el 12.1 por ciento está buscando trabajo. Y entre los que sí tienen empleo, un 41.8 por ciento está subempleado. Solo un 40.7 por ciento tiene un trabajo acorde a su título y de ellos un 9.8 por ciento ocupa un cargo de dirección.

 

Estas cifras revelan que la Universidad no está haciendo su mejor esfuerzo por alcanzar una mayor movilidad social entre sus estudiantes que se refleje en la vida profesional que permita recuperar competitividad frente a otras universidades del medio –que lo están haciendo muy bien. Atender esta prioridad es esencial en las autoridades universitarias de la Usac.

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