Martes 23 DE Abril DE 2019
Opinión

Crisis política y movimiento social

Entre institucionalidad y resistencia.

— Helmer Velásquez

En este país capas medias y conglomerados de desheredados, han empeñado décadas de su vida a transitar por las malolientes avenidas de la zalamería… del chaquetazo a tiempo; no se trata de actitudes individuales, tan acendrado está el asunto que tiene expresiones colectivas e institucionales: “vestir de indios” a funcionarios y adinerados, declarar hijo predilecto a cuanto diputado o chafa visita el pueblo y peor aún: como lo hace Arzú Irigoyen –por razones de linaje y pretendida ascendencia– rendir culto a Pedro de Alvarado y a los viejos dictadores. Estos ritos han dejado huella en la conciencia colectiva, a tal grado que cuanto hemos tratado de decir ¡Basta! Hubimos de transitar trabajosamente del sonido gutural al murmullo y de este ¡por fin! al grito pelado: Otto C… te vas a ir al bote, obviamente teníamos entumecidas las mandíbulas, los músculos y otras importantes partes del cuerpo.

 

La justificación a la actitud rastrera tiene miles de argumentos: que si el chance deseado, el ascenso laboral, el pacto colectivo, preservar institucionalidad, o, la bolsa de alimentos; no es en balde nuestra actual reputación en América Latina: sociedad permisible y apagada, luego del fragor de la guerra. Sin embargo, no es justo examinarnos de forma tan lapidaria, sin evidenciar la excepción a tan venal actitud: los Movimientos Sociales Históricos, aquellos núcleos que no han claudicado, ni en la guerra ni en la paz: señalando a los opresores, a los sátrapas, exigiendo juicio y castigo; demandando: vivos se los llevaron vivos los queremos. Aquellos que bajo la bala asesina han reivindicado tierra y trabajo, que animaron comunidades a organizarse y defender sus bienes naturales. Por décadas nos hemos negado a escuchar aquellas voces, sabias voces; ellos y ellas han tenido y tienen clara la ruta: democracia social y poder del pueblo. Lo que el guatemalteco medio reclama hoy.

 

Democratizar la institucionalidad y defender legítimos derechos. Esta es la síntesis del Movimiento de los Pueblos Indígenas y los Campesinos, que bajo su propia dirección y organizados en la Asamblea Social y Popular, han propuesto a esta sociedad una ruta de salida a la crisis: “gobierno transitorio ejercido por una especie de Consejo de Estado multisectorial y Multiétnico, Asamblea Constituyente que diseñe el nuevo Estado bajo premisas de inclusión social, económica y política, administración comunitaria de los bienes naturales y ejercicio pleno de soberanía nacional y de pueblos”. Se trata de un proceso ordenado, curtido en los soles de los abuelos y en las lunas de las abuelas. Signos de futuro.

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