Miércoles 17 DE Julio DE 2019
Opinión

Yo, de plano no

El Departamento de Estado todavía no decide echar a rodar la cabeza de Otto Pérez Molina.

Fecha de publicación: 14-07-15
Por: Ricardo Méndez Ruiz

La imprudencia de Todd Robinson el lunes de la semana pasada frente al Congreso, bien pudo habernos valido el triste récord de ser el único país con dos embajadores estadounidenses asesinados, cuando el diplomático salió a la calle a incorporarse a una manifestación del CUC en la que, según él, sería vitoreado. La televisión y las fotografías de los diarios reflejaron el terror en el rostro del embajador al verse atacado por un grupo de depredadores del CUC, organización a la que se ha señalado de salvajes actos violentos en el pasado.

 

Robinson debe tomar en cuenta que durante la semana pasada, el CUC y su supuesto cabecilla, Daniel Pascual, fueron exaltados en las columnas de opinión de Edgar Gutiérrez del jueves 9 y el domingo 12 de julio, ubicándolo a la altura de Iván Velásquez, Thelma Aldana, Gloria Porras y la Usac, institución –incluido su rector– que Gutiérrez manipula según le place. Quedó claro en sus escritos que, así como el Gobierno utiliza el movimiento magisterial y a su tristemente célebre líder Joviel Acevedo, la extrema izquierda utiliza como grupo de choque al CUC y a su aparente jefe Daniel Pascual; ambos exmiembros de la organización terrorista EGP.

 

En su nota del jueves, Gutiérrez –que militó en la organización terrorista PGT– denota una roedora desesperación, al ver cómo el tiempo pasa y la posibilidad de acceder al poder Ejecutivo por la vía de la suerte, se le escapa. El Departamento de Estado todavía no decide echar a rodar la cabeza de Otto Pérez Molina, guillotinazo que le abriría una fuerte posibilidad a los totalitarios para sentarse en la silla vicepresidencial o, aún mejor para ellos, encabezar un gobierno de transición del que nadie jamás los sacaría. Acude Gutiérrez de nuevo al abusivo argumento que quienes nos oponemos al rompimiento constitucional que él ansía, formamos parte del grupo de ladrones de la administración de Pérez Molina, pretendiendo que ya los guatemaltecos olvidamos que él, Edgar Gutiérrez, fue parte importante del gobierno más cuestionado por su opacidad, después del actual.

 

Acude también Gutiérrez al cobarde y trillado argumento de la victimización en su nota del jueves, cuando insinúa un atentado contra su vida. Es aquí cuando recuerdo a mi buen amigo Pancho Palomo y me pregunto qué habría pasado si en lugar de haber sido asesinado uno de los nuestros, hubiese sido uno de los otros. Sin duda Edgar Gutiérrez lo habría utilizado para su provecho como lo hizo con el asesinato de monseñor Juan Gerardi; manipulando la escena del crimen y haciendo aparecer de inmediato testigos –de dudosa reputación, como de costumbre–, y hechores intelectuales y materiales a la carta que, por supuesto, yo encabezaría.

 

¿Es esa gente –que jamás investigará la CICIG a pesar de sus descarados malos manejos de fondos del Estado y donaciones internacionales para sus ONG– la que usted quiere que gobierne a Guatemala? Yo, de plano no.