Lunes 24 DE Septiembre DE 2018
Opinión

El General en su laberinto de corrupción

El arresto suma a otro funcionario cercano al Presidente.

— María Aguilar
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Otto Pérez Molina ha sabido y ha tenido quien le cubra los pasos durante su larga carrera militar y su presidencia. Durante el conflicto armado, Pérez –conocido como el Mayor Tito Arias– fue comandante de la base militar de Nebaj (1982-1983), en la región Ixil–una de las cuatro regiones más golpeadas por el Ejército y donde el informe de la CEH determinó que se cometieron actos de genocidio. Posteriormente, de 1991-1993 fue Director de la G2, entre 1993-1995 fue jefe del Estado Mayor Presidencial, en 1996 fue nombrado Inspector General del Ejército. En esa época Francisco Goldman, en su libro: El arte del asesinato político (2009) ubica a Pérez como miembro de la inteligencia militar monitoreando el asesinato de Monseñor Gerardi, alrededor del parque San Sebastián.

 

Hasta hoy a Pérez no se le ha asociado a proceso penal por crímenes de lesa humanidad o violaciones a Derechos Humanos. Cuando su nombre fue mencionado en el 2013, durante el juicio por genocidio contra Ríos Montt, por uno de los testigos, inmediatamente se ejecutaron maniobras para que el testimonio se olvidara y para que el periodista Allan Nairn, no testificara sobre cómo subordinados de Pérez torturaron y mataron a población civil en área Ixil.

 

Durante 36 años de conflicto, la inteligencia militar fue responsable de planear la destrucción de líderes y comunidades. Paralelamente, ese poder de inteligencia se convirtió en herramienta de la “Democracia” para facilitar la inserción de militares al narcotráfico y crimen organizado, incursión que comenzó desde la década de 1970 y que continúa hasta hoy.

El jueves pasado, Gustavo Martínez –yerno de Pérez– quien hasta junio de 2015 fue su Secretario Privado, fue arrestado y sindicado de estar involucrado en una red de tráfico de influencias. El arresto suma a otro funcionario cercano e íntimo del Presidente que es arrestado por corrupción, acusado de dirigir estructuras paralelas. Con toda la evidencia es ingenuo y ridículo pensar que Pérez Molina, con su larga trayectoria militar de inteligencia, ha estado “al margen” de estas redes criminales.

 

Que la Comunidad Internacional y el CACIF lo apoyen los hace cómplices de la corrupción e impunidad en Guatemala.

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