Sábado 15 DE Agosto DE 2020
Oculta

La obra de Yasunari Kawabata

En este texto, Méndez Vides se adentra en el universo personal de uno de los escritores japoneses más reconocidos. Premio Nobel, Kawabata supo incorporar la herencia literaria de Japón a la literatura del siglo XX.

Fecha de publicación: 28-07-20
Por: Adolfo Méndez Vides/Viaje al centro de los libros

El año 1899 fue crucial para la literatura universal: en Guatemala nació Miguel Ángel Asturias; en Argentina Jorge Luis Borges; en Estados Unidos Hemingway; y más lejos, en el Japón galante, nació un autor espléndido y universal: Yasunari Kawabata.

La vida de Kawabata estuvo siempre signada por la muerte. Nació en Osaka en 1899, y quedó huérfano a los tres años de madre y padre, entonces se mudó con su hermana al campo, donde los abuelos maternos. Estudió en una escuela pública, y a los seis años volvió a perder a la abuela, y dos más tarde a su hermana. Tenía 16 años cuando experimentó la muerte del abuelo.

Ingresó a la Universidad Imperial de Tokio a estudiar literatura, donde fundó con un grupo de amigos una revista literaria que se convertirá en el medio de difusión de la nueva literatura japonesa. En el tiempo de la guerra, Kawabata se mantuvo neutral, y se dedicó a estudiar la historia de Genji, la novela japonesa del siglo XI, y viajó a Manchuria.

Durante la posguerra publicó, en 1947, la novela ‘País nevado’ (‘Yukiguni’), que una década después sería llevada al cine por Shiro Toyoda. Novela impresionante, un verdadero clásico. Es la historia de un hombre de edad media envuelto en amores con una geisha envejeciendo.

En 1952 publicó ‘Mil cráneos’ (‘Sembarazu’), obra fascinante fundada en la ceremonia tradicional del té, inspirada en sus estudios de Genji. Es un libro breve, poderoso, nunca previsible. Desde el primer capítulo se ingresa al alma fría e introvertida del personaje Kikuji. Después de la muerte de su padre, se aparece en la ceremonia del té en casa de una de las amantes del padre. Una mujer que describe a lo largo del libro como venenosa, mala, entrometida, con un defecto que lo confunde, la íntima fealdad de un lunar en el pecho, extendido y peludo. Razón suficiente para no querer tener hijos, para no desgraciarles la existencia exponiéndolos durante el amamantamiento a una visión tan desagradable. Kikuji recuerda cómo siendo un niño, el padre lo había llevado con él a visitar a su amante, y cómo se había sorprendido al entrar a la habitación y ver a la mujer cortándose con una tijera el vello que brotaba de la mancha de nacimiento. Así empieza la novela.

En esa ceremonia se encuentra con otra amante del padre, la viuda de Ota, mujer con quien se involucra, así como con la hija. La señora de Ota se suicida para borrar la vergüenza. Y en medio de toda la trama, están presentes los elementos tradicionales del Japón, su historia y la importancia del tiempo.

Las vidas de las personas en la ceremonia del té son insignificantes ante las tazas con tres o cuatro siglos de existencia, que han contemplado los destinos de muchas almas. Los símbolos del Imperio Japonés se enfrentan al teléfono, a los trenes, al tráfico de la vida moderna.

La tristeza por la derrota en la guerra, aflora a su manera. La señorita Ota, luego de entregarse sexualmente a Kikuji, rompe la histórica cerámica para borrar los siglos de historia y fracaso, y desaparecer para siempre.

Yasunari Kawabata fue en 1968 el primer escritor japonés en ganar el Premio Nobel de Literatura. En 1970, su discípulo y amigo Yukio Mishima se suicidó frente a las cámaras de la televisión, en un último acto de insolencia, y Kawabata lo siguió dos años más tarde, cometiendo suicidio. La muerte lo había rondado siempre y él la llamó cuando quiso, en plena cima del éxito y la fama.