Martes 29 DE Septiembre DE 2020
Libros

El cantar renovado de Mío Cid

En este texto, Méndez Vides aborda las claves de la nueva novela de Arturo Pérez-Reverte y su protagonista: el Cid. Pero no es cualquier Cid, es uno más humano, menos romántico, que el del cantar de gesta.

Fecha de publicación: 07-07-20
Por: Adolfo Méndez Vides/Viaje al centro de los libros

El novelista español Arturo Pérez-Reverte, tan reconocido por sus novelas históricas y crónicas de aventura, sorprendió recientemente con la elección de un tema que está despertando mucho interés, y que a mí me trasladó a la época escolar, al segundo básico, cuando mi maestro de Idioma español, fraile originario de Burgos, nos deslumbró una mañana lluviosa al amparo del volcán de Agua, iniciándonos en la gesta extraordinaria del guerrero que fue desterrado en tiempos de batallas entre moros y cristianos en la Península Ibérica, en la segunda mitad del siglo XI, con aquellos versos inolvidables en la primera página de la obra anónima: “que nadie le dé posada / y aquel que se la diera supiese veraz palabra, / que perdería los haberes y además los ojos de la cara”.

Rodrigo o Ruy Díaz de Vivar, el Cid Campeador, deja a su familia y emprende la reconquista para cristianos de la tierra invadida por los musulmanes, hasta lograr la toma de Valencia. Para un profesor de Burgos la historia tenía un sentido específico, ligado a sus raíces, pero en estas tierras, donde moros y cristianos eran apenas el tema de los bailes tradicionales, entre fieros y cabezones, lo que importaba era la esencia del gran personaje, la aventura humana que ocurría en otra dimensión del universo y tiempo. Recuerdo la impresión duradera, sabrosa, como en la escena del león: “Mío Cid apoyó el codo, en pie se levantó; / El manto trae al cuello y se dirigió hacia el león. / El león cuando lo vio, mucho se atemorizó; / Ante Mío Cid la cabeza humilló y las fauces bajó”. Escena que seguramente influyó en ‘Los motivos del lobo’ de Rubén Darío, que se declamaba con frecuencia en los eventos escolares.

Pérez-Reverte eligió un tema atrevido, pero válido. ‘Sidi. Un relato de frontera’, es el título de la novela se lee de un tirón, refiguración del personaje sin alterar la magia aunque lo presenta como mercenario que marcha a la guerra contra cristianos o contra moros, según se le pague. Y no se le puede juzgar, porque es honorable, porque lo siguen peleadores dispuestos a morir a su lado, ya dándose por muertos desde que emprenden campaña, porque el líder los conocía por su nombre, no dejaba a los suyos sin ayuda o sepultura, y aceptaban con honor la decapitación por transgresiones si él lo mandaba.

Los árabes lo llamaban Sidi (señor), o Ludriq al-Kanbiyatur, y a su lado, junto a quienes venían de matar moros que saqueaban colonias de cristianos pasada la frontera, emprenden una campaña para extender los dominios del rey musulmán de Zaragoza, Mutamán, en contra de su propio hermano, quien estaba respaldado por dos reinos cristianos, mediante pago de tributo por protección. Hoy es extorsión. Las batallas recuerdan las emociones de los enfrentamientos entre Aquiles y Héctor en ‘La Ilíada’, o de Eneas y Turno en ‘La Eneida’, aunque más laicas, sin tantas intervenciones divinas. Un monje los acompaña, da misa y dispone a los muertos para el viaje.

La novela se limita a recorrer un fragmento de la vida del Cid, y termina antes de emprender viaje destruyendo, saqueando y matando hacia Valencia. En un mundo actual tan dividido y enfrentado, esta obra remueve el origen de las conquistas de hombres contra hombres, respetando al enemigo, dispuestos a matar y morir en su oficio. La lectura de la ficción plantea grandes interrogantes éticas, que no resuelve, porque no es un ensayo moral sino un tributo de admiración al líder que la gente de todos los tiempos ha seguido al despeñadero, deslumbrados por sus cualidades humanas.