Sábado 11 DE Julio DE 2020
Oculta

Adiós a Ernesto Cardenal

El escritor guatemalteco da el último adiós a una de las figuras fundamentales de la literatura centroamericana.

Fecha de publicación: 03-03-20
Por: Adolfo Méndez Vides / Especial

A mediados de los años setenta cayó en mis manos el diario de William Agudelo, Nuestro lecho es de flores, publicado en México con prólogo del recientemente fallecido poeta Ernesto Cardenal (1925-2020). La obra reunía las anotaciones libres e íntimas del joven colombiano, escritas a lo largo de cuatro años (1964-1967), uno vivido en el seminario en Medellín, otro en la vida mundana y dos en Solentiname. Así nació la ilusión trunca de viajar al archipiélago en el lago de Nicaragua para vivir la experiencia de la comunidad revolucionaria de poetas, músicos, pintores que rezaban la Misa Campesina de Carlos Mejía Godoy y cantaban Cristo nació en Palacagüina. A Solentiname acudían grandes escritores, como Julio Cortázar, Salman Rushdie, Sergio Ramírez, Pablo Antonio Cuadra, y miles de peregrinos pintores, fotógrafos y músicos encandilados por la experiencia, pero yo me quedé con la gana insatisfecha porque un día la comunidad fue dispersada y destruida por la Guardia Nacional, en los días previos a la Revolución sandinista. Mi ilusión fue compensada una década más tarde, luego de una noche memorable, cuando a mi llegada al apartamento en el centro de la ciudad, Mariel me hizo gestos para que me apurara al teléfono. Era el poeta Cardenal, invitándonos a visitar Managua. Aún recuerdo la emoción del momento. El poeta era Ministro de Cultura, y la oficina estaba en una amplia casa que creo había pertenecido a Anastasio Somoza. La recepcionista saludó con mucha confianza: “¿Si amor? ¿A quién buscas?” El poeta tenía puesta la boina vasca y la camisa blanca campesina que fue su hábito personal, sustituto de la sotana, reminiscencia del hábito blanco de sus días en el monasterio trapense de la Abadía de Getsemaní en Kentucky, donde conoció al poeta Thomas Merton, el genial autor de La montaña de los siete círculos, y de aquellos versos extraordinarios sobre las mujeres que caminan por las calles como flamencos, que fue quien lo despertó al activismo social.

(Photo by STAN HONDA / AFP)

El poeta Cardenal se había hecho muy popular internacionalmente con la Hora 0, Epigramas y los Salmos, y era común escuchar la Oración por Marilyn Monroe, que había trascendido. Su estilo de poesía narrativa se convirtió en toda una referencia pop, y pienso que de alguna manera influyó o conectó con la poética dialectal latinoamericana, creando un después de Vallejo y Neruda, al lado de autores fundamentales como Nicanor Parra en Chile o Jaime Sabines en México, sus contemporáneos.

Nuestra visita a Nicaragua tuvo miles de aristas, pero la nostalgia invade con las calles tranquilas, los vasos hechos con mitad de botellas esmeriladas, tragos de ron extra seco con yerbabuena, y figuras famosas a su lado, como el poeta Carlos Martínez Rivas.

La Revolución terminó luego de una década convulsa, y después de otra década apareció en España el primer tomo de sus memorias, Vida perdida, que es la mejor, seguido por Las ínsulas extrañas y La Revolución perdida. La obra se publicó en marzo de 1999, para dar fin al siglo XX, y volvió a refrescar la imagen del autor, porque añadió a sus dotes de poeta, las de narrador que cuenta sus años de infancia, adolescencia, juventud y espiritualidad de trapense. Una vida que coincide con los grandes cambios en el mundo y en la región, que se nutre de ellos, que los alimenta. Dentro del relato va incluyendo los poemas que lo hicieron famoso, dando prácticamente una explicación de cómo se gestaron, compartiendo su significado sencillo, desvelando los amores encubiertos, los temores y la inseguridad de un joven que lo tenía todo y que no quería nada.

(Photo by INTI OCON / AFP)

Entre líneas se evoca la imagen omnipresente del dictador Somoza, que conmueve cuando la novia se le casa y el padrino es el tirano, y cuando al terminar la misa pasa la caravana de Somoza frente a la librería donde estaba Cardenal, con las sirenas ululando para confirmar que el sacramento se había consumado.

El poeta Cardenal murió el primer domingo de Cuaresma, pero su obra y el testimonio de su vida intensa quedan en los libros. Adiós, poeta.

Murió Ulay


Ulay, artista pionero de performance durante el siglo XX, murió ayer. Así lo informaron fuentes oficiales. Tenía 76 años y perdió la batalla contra un cáncer linfático. Ulay fue también pionero de la fotografía con instantáneas Polaroid. Durante años fue pareja de la artista Marina Abramovich, con quien también colaboró en varias ocasiones.