Miércoles 30 DE Septiembre DE 2020
Oculta

La sorpresa de los Globos de Oro

Sam Mendes gana dos Globos de oro, uno a la mejor película y otro a mejor director, por 1917, un portentoso filme sobre la I Guerra Mundial.

Fecha de publicación: 07-01-20
Por: Fernando Muñoz /Especial

Sam Mendes (Reino Unido, 1965) ha viajado a la historia para hacer historia. Con 1917 logra el prodigio técnico de filmar el plano secuencia más largo del séptimo arte, además de dos Globos de Oro, a la mejor película y mejor director.

Después de poner a bailar a James Bond en las dos últimas películas del espía al servicio de Su Majestad, el cineasta salta al año 1917 para poner su cámara en la nuca de dos soldados británicos en la trinchera de la Primera Guerra Mundial. Y lo de la cámara es en sentido casi literal. Durante dos horas los protagonistas se mueven por un paisaje plagado de horror y destrucción con la cámara flotando a su alrededor. “Quería que fuera algo así como mirar a través del agujero de la puerta a lo que hay dentro para ser testigo de lo que ve ese personaje y tratar de entender el caos y el desastre que fue la guerra”, defiende el cineasta.

Como ya hiciera su compatriota Christopher Nolan en Dunkerque, Sam Mendes bucea en sus recuerdos para construir un relato a partir de las historias que le contaba su abuelo sobre los días en los que los británicos combatían fuera de la Isla. “En aquella época luchábamos por una Europa libre y unida, es algo que mi país haría bien en recordar ahora. Hace no mucho tiempo estábamos divididos y todo esto que hemos logrado se puede destruir fácilmente”, lamentó el cineasta.

En primera persona
Mientras los críticos de su país ya hablan de 1917 como un “clásico” de las películas bélicas, Mendes defiende que ha querido huir del “clásico cliché del héroe” tanto como sus protagonistas huyen de los soldados alemanes. “Se trata de supervivencia, y al final de la Gran Guerra todo el mundo se dio cuenta de que se trataba más de sobrevivir que de triunfar. Creo en el heroísmo pero de una forma más instintiva. El protagonista, Schofield, es un héroe, pero porque los eventos le llevan a serlo, en un principio no quiere ni hacer la misión”, remató, recordando que entre todas las historias de guerra que su abuelo le contaba al calor de la chimenea nunca había héroes al estilo Hollywood sino historias sobre golpes de suerte. “He tratado de contar lo que supone tener un hermano o un amigo en el frente, lo que supone volver a casa…”, indicó.

Narrada a tiempo real, 1917 revive la misión de dos militares que deben entregar un mensaje a sus compañeros desplegados en otra zona del frente para evitar una masacre. Para hacerlo, deben atravesar la tierra de nadie aprovechando un repliegue de los alemanes. El primer recorrido sin pausa por la trinchera atestada de soldados con tanto miedo en la cara como restos de barro y metralla deja sin aliento; y con el primer vistazo de esa tierra inerte, parecida a un paisaje lunar solo que con cadáveres y cuervos, el espectador queda agotado. Sin cortes, sin un pestañeo, sin posibilidad de respirar. Exhausto, pero atrapado por la atmósfera que crea Sam Mendes. “Parecía una locura hacerla en un plano secuencia, pero me parecía que aportaba mucho a la hora de vivirla como los personajes reales”, presumió el cineasta.

Desde que ganara el Oscar a mejor director con American Beauty allá por 1999, Sam Mendes no ha dejado de demostrar su poderío como cineasta navegando entre diversos géneros pero siempre con un estilo personalísimo. Desde su lección de cine negro en Camino a la perdición (2002) al asfixiante desierto de la primera Guerra del Golfo de Jarhead (2005) pasando por el romance entre Leonardo DiCaprio y Kate Winslet en Revolutionary Road (2008). Y ahora pone el foco en una guerra que el cine ha obviado frente al simbolismo de la derrota a los nazis con los que Hollywood ha llenado horas y horas de películas.

Buenos y malos
“He querido honrar a los personajes, que son un buen ejemplo de tantos y tantos soldados desconocidos que murieron y cuyos cuerpos no pudieron ser recuperados”, contó el creador, que no ha querido filmar el habitual folletín de propaganda que con demasiada frecuencia llega desde Hollywood. “El patriotismo en sí no me interesa, aunque amo a mi país. En la película no he hecho lo que se hace siempre de hablar de las bondades de Reino Unido y decir lo malísimos que eran los alemanes. Realmente se podía haber rodado la misma historia cambiando las nacionalidades”, contó el director. “Tener una especie de visión nostálgica de la grandeza de tu nación conquistando a otros países no es lo adecuado, prefiero enfocar ese pasado en la destrucción y el caos que generan las guerras, pero mi película no es un aviso de lo que pueda pasar”, terminó por asegurar mientras agotaba los minutos de la entrevista.

Una rutina, la de jornadas interminables de entrevistas a lo largo y ancho del planeta, a la que tendrá que acostumbrarse para llevar 1917 a la gala de los Oscar. La película ya se ha colocado entre las favoritas para los premios técnicos, y el propio Mendes está bien situado en la carrera por levantar el premio de mejor director.