Sábado 8 DE Agosto DE 2020
Oculta

Del amor, las reglas y otros cismas

Jayro Bustamante estrena esta semana su nueva película, Temblores.

Fecha de publicación: 21-08-19
Por: Jaime Moreno De León elPeriódico

“Levante su cara mijo, que no le miren su vergüenza”, dice una madre angustiada a un hijo que se le desmorona. Así es como se concibe en Temblores a la homosexualidad, como una vergüenza que daña a las familias y al “buen nombre” de una persona. Cualquier parecido con la realidad, no es coincidencia. El director guatemalteco Jayro Bustamante estrena en el país la cinta esta semana. Llega a las salas comerciales a partir de este jueves tras un recorrido de festivales y proyecciones en más de 35 países. Desde su salida oficial en Berlín, en febrero, ha obtenido ocho premios.

El argumento a secas es tan simple como la estructura narrativa misma. Sin mayores explicaciones y ante lo que se intuye como un cisma familiar (o un temblor, para hacer los honores a la metáfora del título), Pablo se enfrenta ante el tener que asumir ante su esposa, sus hermanos y sus padres que mantiene una relación homosexual con Francisco. Ambos provienen de realidades diferentes: Pablo pertenece a la clase alta y su pareja a una argamasa de clases populares que confluyen en un mismo espacio urbano. De resto, la familia de Pablo intentará, por todas las vías, devolverlo al “buen” camino.

Fiel a su estilo, Bustamante se apoyó en una historia que le confiaron y a partir de la cual comenzó un proceso de investigación. Comenzó el proyecto en 2015. “Fueron cuatro años de investigación sobre 22 Pablos, que fueron los hombres que fui siguiendo en este período”, comenta el director.

Lejos de ser una película exclusiva sobre identidad sexual, Temblores aborda una serie de opresiones a las que están sujetas las personas en una sociedad. Está la opresión familiar, la religiosa, la de las relaciones de poder entre patronos y empleados, la de la mujer en un mundo dominado por hombres y, sí, la sexual. “La película no solo habla de identidad sexual. Habla de una sociedad oprimida y de esta utilización del miedo y el fanatismo ante problemas que son de índole machista. Los hombres en la película sufren del machismo, las mujeres, los niños. Es el tema. El personaje principal sí es homosexual y es lo que le causa el problema, pero es mucho más”, puntualiza Jayro.

En la cinta hay una mezcla de actores y actrices profesionales y debutantes. Esto de trabajar con personas ajenas al hecho escénico no es nuevo para Bustamante, quien ya lo había experimentado en otros proyectos. El elenco lo encabeza Juan Pablo Olyslager (Pablo) y lo siguen Mauricio Armas Zebadúa (Francisco) y Diane Bathen (Isa). Parte del resto del grupo lo conforman una siempre genial María Telón (Ixcanul, Las curanderas, teatro para curar el susto), Sabrina de la hoz –en el papel de pastora religiosa– y Brenda Santizo (La maleta producciones).

 

La construcción de personajes pasó por un proceso largo de ensayos y emociones. En el caso de Pablo, que pasa de largos episodios de estoicismo y dejarse ir ante la situación a ciertos sobresaltos. Es un hombre de una mirada constantemente perdida y la caracterización se hizo desde el método. “Jayro quería que usáramos el método para esta película. Lo empezamos a usar seis meses antes. Fue muy riguroso. Jayro quería tener un registro similar en los actores y los no actores. La mayoría no son actores de profesión. Con estos ensayos sum amente cargados emocionalmente se logró un registro bastante homogéneo en todos”, explica Olyslager.

Temblores es una película de sutilezas. Retrata una relación de amor entre dos hombres aunque rara vez lo muestra de forma explícita. Retrata, también, un plano general de la religión sin definirla. Habla de una ciudad, aunque no la detalla y ante el descalabro urbano bien podría ser cualquier parte. Lo cierto es que la cinta está construida en Guatemala (con sus calles, sus reglas y sus secretos), pero se antoja como un retrato de muchas urbes, de muchas sociedades y muchos Pablos. El juego está en los detalles que dibujan las diferencias y los encuentros entre los personajes. Al final, dos cepillos de dientes en un vaso pueden decir más que mil palabras.

La ciudad en escala de gris

> La película está rodada en la ciudad de Guatemala. Pudo ser cualquier locación, pero el director eligió filmar en el Centro Histórico y partes del Centro Cívico. No obstante, los sellos de identidad nacional no están a la vista y los guiños hacia la ciudad de la Modernidad como estilo arquitectónico son constantes. La fotografía, eso sí, cuida mucho la “suciedad” de lo urbano como especie de repetición al momento de encuadrar las escenas. Así, el espectador debe ver a través de cableado aéreo, de mallas, de puertas entreabiertas. La idea de ciudad que presenta la película es la de una urbe gris en completa conjunción con un clima de lluvia y una paleta de vestuario descolorida por igual.