Lunes 19 DE Agosto DE 2019
Oculta

El faro de la cultura afroamericana

Ayer murió Toni Morrison, Nobel de Literatura y referente indiscutible de la literatura afroamericana.

Fecha de publicación: 07-08-19
Por: Raphaëlle Picard AFP

Única autora afroamericana en haber ganado el premio Nobel de literatura, Toni Morrison, descendiente de una familia de esclavos que falleció ayer a los 88 años, dio visibilidad a la literatura de su comunidad.

Con solo once novelas en su haber, entre ellas Beloved (premio Pulitzer 1988), Volver (Home, 2012) y La noche de los niños (God help the child, 2015), la majestuosa escritora con dreadlocks canosos también fue la primera negra en obtener una cátedra en la universidad de Princeton, santuario reservado durante mucho tiempo a los hombres blancos.

Durante la entrega del Nobel en 1993, la Academia sueca celebró en la obra de esta neoyorquina de adopción “una poderosa imaginación, una expresividad poética y la viva pintura de un rostro esencial de la realidad estadounidense”.

Universitaria brillante, fue autora también de varios ensayos como Jugando en la oscuridad (Playing in the dark, 1992), en el que desmenuza el lugar del esclavo en la construcción, por contraste, de la identidad blanca estadounidense.

Morrison destaca que en la ficción de su país, los negros sirvieron para realzar al héroe blanco.

MUDA DE DICHA

Hija de la Gran Depresión, Chloé Anthony Wofford (apellido del dueño blanco de la plantación que tenía a sus abuelos esclavos) nació el 18 de febrero de 1931 en Lorain, cerca de Cleveland, en Ohio (norte), en una familia obrera de cuatro hijos.

Criada por un padre que odiaba a los blancos y una ama de casa alegre e indulgente, Toni creció en un ambiente pobre y monocultural.

La escritora afirma nunca haber sido verdaderamente consciente de la segregación hasta que partió en 1949 a la Howard University, apodada la Black Harvard, en Washington.

Dueña de una formidable confianza en sí misma, continuó sus estudio en la universidad de Cornell y presentó allí un tesis sobre el suicidio en William Faulkner y Virginia Woolf. Se convirtió luego en profesora de Literatura en Texas, antes de regresar a Washington.

En 1958, se casó con Harold Morrison, un estudiante en arquitectura de origen jamaiquino, pero lo abandonó en 1964 y se instaló con sus dos hijos de tres años y tres meses en Nueva York.

En momentos en que Estados Unidos se encuentra en plena lucha por los derechos civiles, se convierte en editora en Random House y comienza a militar por la causa negra publicando las biografías de Mohammed Alí y Angela Davis.

Su antología de escritores negros The Black Book (1974), reeditada varias veces, motivó a toda una generación de autores.

Muda por “la dicha y no por la decepción”, y dotada de una fuerza de carácter y un humor a toda prueba, Toni Morrison publica, a los 39 años, Ojos azules (The Bluest Eye, 1970), un primer libro en las antípodas de los relatos militantes del Black Power en boga por entonces, pero también de los alegatos sociales y las descripciones exóticas.

Allí cuenta la historia de una adolescente negra, una de sus compañeras, que sueña con la belleza de las muñecas de ojos azules y que caerá en la locura tras ser embarazada por su padre adoptivo. Solo vende 700 ejemplares.

El reconocimiento llega en 1977 con La canción de Salomón (Song of Salomon), y el triunfo mundial en 1985 con Beloved, la trágica historia de una exesclava que mata a su hija para evitarle la misma suerte que le vale el Pulitzer. En 2006, el diario The New York Times la incluye entre “las mejores novelas de los últimos 25 años”.

Voz asidua en las tribunas de prensa, en 1998 afirma que Bill Clinton, por entonces en pleno escándalo Lewinsky, es el “primer presidente negro” estadounidense. “Ha sido tratado como un negro en la calle, culpable ya, criminal ya”, explicará años más tarde esta demócrata convencida.

Ferviente simpatizante de Barack Obama, al día siguiente de la elección de Donald Trump publica en la revista New Yorker un artículo titulado “En duelo por la blancura”.

Si escribió primero “para los negros”, su escritura mestiza, “jazzeada”, folclórica, quiere en una segunda época superar la “obsesión del color” para tocar al lector en lo que tiene de universal.

“Me gustaría escribir sobre los negros sin tener que decir que son negros. Exactamente como hacen los blancos sobre los blancos”, repetía con su voz grave y entrecortada por su comunicativa risa.