Lunes 21 DE Octubre DE 2019
Oculta

Kevin Johansen, hurgador de sonidos y arqueólogo de la palabra

El cantautor argentino lanza nuevo disco, “Algo Ritmos”, en donde juega con sonoridades varias.

Fecha de publicación: 15-07-19
Por: Laura Bonilla AFP

No encaja en ningún género ni discrimina ninguno; no le importa ser “un desgenerado”. Canta sobre todo en español, un poco en inglés y a veces en ambos a la vez. Es el alternativo latino con nombre gringo que juega con el lenguaje, y a veces despista a quienes no lo conocen.

Hijo de un estadounidense y una argentina feminista y políglota, el cantautor Kevin Johansen, de 55 años, nació en Alaska, creció también en Denver, Phoenix y San Francisco, a los 11 años se mudó a Buenos Aires, vivió en Montevideo dos años y regresó luego a la capital argentina.

De niño hacía reír a su madre –licenciada en Letras– con astucias lingüísticas, jugando al Scrabble en dos idiomas. Y cree que en parte de ahí viene su fascinación por el lenguaje.

Hace poco lanzó su noveno álbum de estudio, Algo Ritmos, con baladas, bossa nova, una ranchera con un toque de armónica dylanesco y hasta una suerte de trap.

Acaba de presentarse en el Mercury Lounge de Nueva York, donde vivió casi 10 años en los noventa. Su hija mayor, Miranda, de 21 años, fue su telonera.

Tras una escala en Filadelfia y antes del arranque de una gira que lo llevará a París, Berlín, Barcelona o Madrid, Johansen tuvo un momento para conversar en una pausa de la Latin Alternative Music Conference.

 

“SOMOS LA PLAGA”

Johansen dice que con Algo Ritmos se “quitó de la mochila” las ganas de decir muchas cosas “en momentos en que todo está cambiando tanto, la forma de relacionarnos, las libertades individuales, la política”.

“Pero cuando uno viaja ves las cosas más en perspectiva. Y ves no solo a la Argentina convulsionada social y políticamente, pero ves también así a Estados Unidos, a Brasil, a México, a España. Evidentemente hay algo más, de fondo, que tiene que ver con el ser humano, y que nosotros somos la plaga”, reflexiona.

Frente a esta realidad, “la música es empatía, es mucho de lo que el mundo necesita”, asegura.

Johansen se define como “un cancionista”, un ingeniero de la sonoridad y el sentido. “Uno se convierte sin querer queriendo en un arqueólogo de la palabra, donde hurgas bajo la etimología, bajo la sonoridad, el sonido, la sílaba”.

“TALIBÁN DE LA CANCIÓN”

“Tengo la oreja muy abierta, yo no soy prejuicioso respecto a los estilos musicales”, asegura Johansen, que navega de un estilo a otro.

Pero reconoce que el rap no es lo suyo. “Soy muy talibán de la canción, y lo reconozco”, afirma.

Sin embargo en su último disco intenta rapear (imperfectamente) en La gente más linda, donde juega con la música urbana.

“La canción habla de que hay belleza en la imperfección, me parecía una linda metáfora ser imperfecto en el rapeo, que además es como me sale, debo admitir”, dice riendo.

Johansen hace además dos homenajes en su disco, uno a Nueva York y otro a Brasil.

La balada New York without you está dedicada a su mentor “y tormentor” Hilly Kristal, propietario del icónico club CBGB, donde Johansen empezó su carrera.

“El CBGB era mi casa, y Hilly Kristal era un tipo muy gracioso, grandote, temido por muchos músicos pero que a mí por algún motivo me quiso. Me decía ‘Aprovechá los dos idiomas, componé, mezclá, componete un tango en inglés’, y yo pensaba ‘¡Me matan en Buenos Aires si escribo un tango en inglés!’”.

Mi querido Brasil es un homenaje en versión bossa nova a la música y la cultura brasileña, a su crisol de razas “del ébano al marfil”.

“Me pareció una forma humilde de decir gracias a Brasil, que como guitarrista me hizo aprender muchas cosas. Y quise invitar a un par de amigos como Jorge Drexler, que ama la música brasileña como yo. Jorge es una suerte de Caetano Veloso latinoamericano que tenemos. Y a María Gadú, que representa mucho la diversidad de la cual habla la canción”.

La canción Pobre millonario fue dedicada al presidente estadounidense Donald Trump, “el pobre millonario por excelencia” que tiene “cero empatía”, dice Johansen.

“Es una metáfora sobre una persona que tiene todo lo que necesita y se quiere aislar del mundo, y quiere poner cercas y muros y no se está dando cuenta de que se está encerrando; esperemos que no encierre al país, ese es el gran temor de muchos”.