Miércoles 19 DE Junio DE 2019
Oculta

César Díaz estrenó en Cannes su ópera prima

El director César Díaz, hijo de desaparecido, presentó este martes Nuestras madres, primer filme guatemalteco en Cannes, centrado en la búsqueda de quienes desaparecieron en las masacres de poblaciones mayas.

Fecha de publicación: 22-05-19
Por: Esther Sánchez AFP

Incluida en la sección paralela de la Semana de la Crítica, la película cuenta la historia de un joven investigador que intenta identificar a víctimas enterradas en fosas comunes durante la guerra civil, un conflicto que desangró a Guatemala entre 1960 y 1996 y dejó 200 mil muertos y desaparecidos. Ópera prima de Díaz, Nuestras madres es una ficción que saca a la luz las matanzas contra poblaciones indígenas mayas, reconocidas en un informe auspiciado por la ONU en 1999.

¿Cómo surge la idea de Nuestras madres?

– Surge de la necesidad de hablar de la historia guatemalteca, porque es una historia desconocida. Se ha hablado mucho de las dictaduras chilenas, argentinas… pero la dictadura guatemalteca no la conocemos.

También tenía que ver con la necesidad de explorar qué es lo que sucede cuando no conocemos nuestros orígenes (…) Cómo se construyen los vínculos amorosos, filiales, sin que tengan que ser vínculos de sangre necesariamente.

Su padre es un desaparecido. ¿Cómo preparó el filme con este componente personal tan fuerte?

– Tiene una gran ventaja: conoces exactamente cuál es el sentimiento que esos personajes tienen. Lo que sucede en las desapariciones es que siempre queda una esperanza. Siempre te cuentas una historia: no desapareció, se fue, se salvó, está en un hospital, perdió la memoria, se fue del país… Mientras la ciencia no llegue y te diga ‘estos huesos son tu marido, tu papá, tu hermano’, es muy difícil encarar un proceso de duelo. Es una ventaja porque uno conoce bien la materia humana con la que trabaja.

La desventaja justamente es la misma. De alguna manera, es un espejo de lo que tú eres. Para poder trabajarlo a nivel de la dramaturgia del cine, no es lo mismo abordarlo con personajes que están lejos de ti, que tú puedes manipular como tú quieres, a estar con alguien tan cercano.

¿Contaron con colaboración institucional?

– Tuvimos la colaboración del instituto que se dedica a hacer exactamente lo que ellos hacen, pero no queríamos tener una colaboración tan institucional, porque queríamos que el guion se quedara entre nosotros. No quisimos meter mucho al gobierno. Tampoco se dan cuenta de lo que estamos haciendo, son tan impunes que les da igual.

Parte de las víctimas en el filme están interpretadas por casos reales. ¿Cómo fue trabajar con ellas?

– En un primer momento, difícil. Pero después entendieron cuáles eran mis intenciones y qué era lo que estaban haciendo concretamente. A partir del momento en que comprendieron que esta película era una representación de sus vidas, agarraron el proyecto ellos mismos y fue mucho más sencillo.

Es algo a flor de piel, porque uno va a un pueblo que ha sido masacrado y te dicen: ‘nosotros te lo queremos contar porque toda la gente dice que esto no es cierto’. Y hay un grupo de mujeres que te lleva al lugar, te cuentan que los soldados entraron por ahí, les hicieron esto… No hay victimización, es contar la historia. Porque además ellos están en una lógica de tradición oral indígena, y es una manera que eso exista.