Domingo 13 DE Octubre DE 2019
Oculta

Sesenta años con Ben-Hur

La obra clásica de William Wyler, la película definitiva para la Semana Santa, cumple seis décadas este 2019.

Fecha de publicación: 15-04-19

“¡La mayor historia jamás contada en la pantalla!”. “¡Una experiencia de entretenimiento única en la vida!”. Ben-Hur (1959) se vendió como la película más épica de todos los tiempos, y el público quiso comprobarlo: el éxito fue tan rotundo que al día de hoy, tras ajustar la inflación, sería el 14º film más taquillero de la historia. El triunfo fue absoluto cuando, además, se alzó con 11 Óscar.

Un récord en ese momento que solo ha sido igualado en otras dos ocasiones, por Titanic (1997) y El señor de los anillos: El retorno del rey (2003); no obstante, en el año de Ben-Hur había menos categorías (solo una de sonido y no existía el Óscar de peluquería y maquillaje) por lo que su marca es aún más extraordinaria. En todo caso, podría haber logrado los 12 premios a los que aspiraba si una polémica sobre la autoría del guion no hubiera perjudicado al nominado Karl Tunberg.

William Wyler aceptó dirigir el remake de Ben-Hur que le ofreció el productor Sam Zimbalist (fallecido durante el rodaje) pero pidió revisar el guion. Maxwell Anderson lo reescribió y Christopher Fry y Gore Vidal retocaron escenas y diálogos. Pese a ello, el sindicato de guionistas decidió que el único acreditado por el libreto sería Tunberg, provocando el enfado de Wyler y la filtración de la historia a la prensa. Tras lo cual, las opciones de Óscar para Tunberg eran casi nulas.

Esta es solo una de las muchas anécdotas relacionadas con una superproducción sin precedentes en Hollywood y que cambiaría la historia del entretenimiento cinematográfico para siempre, debido al impacto que causó en el público y la influencia en creadores (como George Lucas o Ridley Scott) que han bebido del clásico de Wyler. Ben-Hur es como esos grandes monumentos de la antigüedad: se hizo para perdurar, para asombrar eternamente. Seis décadas más tarde, sigue impresionando.

CINE DE AVENTURAS

Para los espectadores más jóvenes, acostumbrados a los blockbusters actuales, el moderno lenguaje narrativo e interpretaciones menos teatrales, puede resultar complicado apreciar la valía de Ben-Hur o comprender la fascinación que aún despierta. Hay que ponerse en situación. En uno de los documentales incluidos en la edición de Blu-ray, Ernest Dickerson (director de fotografía de Malcolm X) aporta una experiencia personal que puede ayudar a entender lo que pasó en 1959: el cine en televisión se limitaba a películas en blanco y negro.

Imagina el impacto al ver la cinta de Wyler en formato gigante. Miles de extras, 300 sets, incluyendo el decorado más grande jamás construido hasta la fecha (el “circo” donde tiene lugar la carrera de cuádrigas), filmada con unas nuevas cámaras (MGM Camera 65, más tarde Ultra Panavision 70) cuyo objetivo era ofrecer el espectáculo más grande, impresionante y realista nunca visto; el público pagaba la entrada para experimentar aventuras de la forma más intensa hasta entonces.

Pero no solo aventuras. MGM estaba al borde de la quiebra y se lo jugó todo a una carta; así que Zimbalist apostó por uno de los cineastas más prestigiosos de la industria, William Wyler, que ya había ganado dos veces el Óscar —con La señora Miniver (1942) y Los mejores años de nuestra vida (1946)— antes de orquestar la puesta en escena de Ben-Hur. El director, que aceptó el reto entre otras razones porque siempre había querido hacer “una película de Cecil B. DeMille”, no fue elegido solo para rodar un gran espectáculo, era conocido por sacar lo mejor de sus repartos.

La anécdota de las numerosas revisiones del guion dice mucho de las intenciones de Wyler. Quería algo más, quería mezclar la acción épica con un drama íntimo y crear el entretenimiento más perfecto que Hollywood podía producir. Así lo hizo, sin duda. Ben-Hur lo tiene todo: acción, romance, drama, aventura. Está el espectáculo de los grandes sets, la batalla naval o una carrera que marcó un antes y un después en el séptimo arte, pero todo eso se apoya en las emociones de los personajes.

AMISTAD Y VENGANZA

El núcleo es una tragedia: una amistad rota por las circunstancias que desemboca en una traición y una búsqueda de venganza. A partir de ahí hay una jugosa suma de ingredientes y unos protagonistas complejos cuyas acciones son el resultado de conflictos internos; en el caso de Messala (Stephen Boyd), es un romano ambicioso que ha alcanzado una posición de poder y cuando se reencuentra con Judah Ben-Hur (Charlton Heston) descubre que su viejo amigo es ahora un enemigo de todo lo que defiende.

Por su parte, Judah es un príncipe que desea servir a su pueblo y no acepta colaborar con Messala en un gobierno corrupto. Debido a eso, su familia es apresada injustamente; Judah es desterrado y obligado a trabajar como un esclavo para los romanos hasta el fin de sus días. Pero él clama venganza y el público ansía verla cumplida.

Una serie de acontecimientos (fortuitos o por mediación divina, según se interprete) permiten a Judah sobrevivir y renacer de sus cenizas, volver a su pueblo convertido en un hombre nuevo y más fuerte, dispuesto a recuperar lo que le fue arrebatado y vengarse del traidor.

LA PASIÓN DE CRISTO

Y hay más. Como telón de fondo, un tiempo y un lugar cargado de conflictos; Judea bajo la ocupación del Imperio Romano en los años de Jesucristo y del nacimiento de la fe cristiana. Da pie a plasmar la lucha de un pueblo invadido por una gran potencia extranjera, la rebeldía y el sufrimiento de los oprimidos, un tema eterno que hace que la película siga teniendo fuerza hoy en día. Wyler era judío, algo que influyó en su decisión de realizar el film, pero quiso que Ben-Hur funcionase para todo el mundo, sin importar sus credos.

La figura de Cristo y la religión aportan una nueva capa a la película, que no se limita a una historia de venganza: es también un relato de redención y perdón. Aquí encontramos otro de los grandes conflictos con los que lucha Judah, que reniega de Dios y de su propia humanidad por la violencia que ha afectado a su vida. A lo largo del último tramo de la historia vemos cómo el héroe evoluciona y recupera lo que había perdido también desde un punto de vista espiritual.

Uno de los mayores aciertos de Wyler es el retrato de Jesús, realizado con elegancia e ingenio; nunca vemos su rostro ni oímos su voz, una decisión que aporta fuerza al personaje y que permite que cada espectador complete la imagen de Cristo. La adaptación de pasajes bíblicos, que podrían romper la magia de la historia para el público no creyente, ofrece escenas tan potentes y fotográficamente expresivas que logran mantener la emoción, aunque sea por otros motivos.

Otro de los aspectos más brillantes del film es la música y su uso narrativo, para lo cual Wyler contó con la aportación del maestro Miklós Rózsa. Desde que empieza Ben-Hur y suena el tema de apertura, nos transportamos a otro mundo y otra época y la evasión ha comenzado.