Viernes 18 DE Octubre DE 2019
Oculta

Ak’abal y el cierre de un ciclo

Escénica Poética llega al final del camino y lo hace abordando desde lo escénico el trabajo de Humberto Ak’abal. En este texto, Javier Payeras se acerca a la figura del poeta.

Fecha de publicación: 15-03-19
Por: Javier Payeras

Al final el tiempo tiene la razón. Anticipar la permanencia de una obra artística es un error propio de una época sobornada por la prisa y la imagen. Lo que hoy se impone entre la novedad y el mercado, se irá desvaneciendo junto a la pomposa crítica que lo instala entre los primeros diez de un listado. Los grandes premios serán olvidados y las vitrinas repletas también. Siempre quedarán las palabras recordadas con afecto, el fragmento citado por la memoria colectiva y el nombre que se borra detrás de un poema.

Sucede que Humberto Ak’abal me recuerda aquellos poetas chinos de la dinastía Tang, única época en la historia donde la poesía fue propiedad de todos. Quizá por esa noción de belleza comunitaria es que estas obras milenarias aún sobreviven. Los idiomas desaparecen junto a las palabras rimbombantes o las citas eruditas. Queda el testamento de la sabiduría expresada en líneas tan simples que tarda una vida asimilar su sencillez, porque la vida, en realidad, siempre está frente a nuestros ojos. Lamentablemente son siempre esas virtudes por la que la verdad suele ser castigada y reducida a opiniones irrelevantes. Al fin el gran poeta nace entre la gente, vive entre la gente, muere entre la gente y permanece entre la gente.

Quisiera encerrar en estas palabras muchas de las cosas que admiro del legado Ak’abal. Las contadas veces que coincidimos personalmente no fueron suficientes para agotar todos los temas, pero siempre hubo espacio para lo importante. Algunas ideas de Ezra Pound o de César Vallejo, sus historias que abarcaban muchos países, su regreso a Momostenango (su propia Ítaca) o las veces que vi largas filas de lectores esperando una firma suya. Y es que entre sus admiradores nunca encontré a intelectuales guatemaltecos, curiosamente sus presentaciones de libro siempre estaban llenas de personas muy distantes de esa élite local. Así sobrevivió el poeta quiché entre adolescentes, amas de casa, oficinistas, rockeros y libreros
de usado que abrazaron sus poemas como un códice, como algo permanente y sagrado.

Nuestras últimas conversaciones fueron acerca del trabajo que presentan estas líneas. Despojado de cualquier arrogancia, Humberto simpatizó con esta Escénica Poética, acaso la que cierra el ciclo de once representaciones distintas y enriquecedoras. Un maravilloso experimento de inducción para que la poesía permanezca en el escenario y en la creación compartida. Esa ha sido la intención del Centro Cultural de España en Guatemala, institución donde me siento muy orgulloso de trabajar, la de mis queridos amigos de Catafixia Editorial y la del heroico colectivo Caja Lúdica que han demostrado esa constancia que nos da solo el amor por la vida. Tal vez aquella tarde de diciembre cuando nos despedimos entre abrazos y chistes bobos, sea la prueba contundente de la existencia de la poesía. Esas extrañas formas que tiene el destino para disponer las cosas, sin anuncios ni presagios ni siquiera homenajes póstumos, simplemente fluir dentro de este tiempo transitorio armados de esa extraña fragilidad que nos rescata del olvido.

Quisiera ver muchos rostros llenos de asombro y de alegría, alrededor de esta puesta en escena, para que no sea un homenaje más a un poeta grande, sino una presencia que esté invisible entre los presentes.

Asista

La pieza De Ak’abal a Ak’abal se presenta hoy y mañana, a partir de las 18:15 horas. Sobre el Paseo de la Sexta, frente al edificio Lux. La entrada es libre. El montaje corre a cargo de Caja Lúdica, con dirección de Catalina García y Víctor Martínez.