Miércoles 12 DE Diciembre DE 2018
Oculta

Solo queremos ser humanos

Mañana se presenta en concierto Pablo Milanés. Trae una sorpresa en el repertorio.

Fecha de publicación: 30-11-18
Por: Carlos Augusto Velásquez
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Las voces de Pablo Milanés, Luis Enrique Mejía Godoy y Fernando López se unirán el sábado para gritar al unísono ese himno por la más universal de las batallas de Otto René Castillo: “Aquí no lloró nadie. Aquí solo queremos ser humanos”. El teatro al aire libre “Otto René Castillo” será el escenario perfecto para dar vida a la más emblemática canción del más emblemático de los trovadores guatemaltecos: Solo queremos ser humanos, de Fernando López. Justamente un poema del simbólico anfitrión: Otto René Castillo. Como corolario, el grupo Canto general, cuyo nombre evoca al poeta universal americano: Pablo Neruda.

POR LA UNIDAD LATINOAMERICANA

La poesía de Otto René Castillo está incrustada en lo más profundo de los sentimientos de transformación social. La trova apuesta por esa posibilidad: el encuentro entre la más alta poesía y el más genuino empeño de transformación y reivindicación sociales.

Aunque a distancia, la trova latinoamericana tiene y ha tenido siempre ese sentimiento de hermandad y unidad. Pablo, Luis Enrique y Fernando son, parafraseando al segundo, astillas de un mismo canto. Que se conjuguen en un mismo sitio y a una sola voz resulta ser un acontecimiento-homenaje a la poesía comprometida con las causas sociales,
representada por Otto René Castillo.

Hay dos elementos comunes que recorren el hilo de la trova latinoamericana: esteticismo y compromiso social. Quizá la influencia del ideario estético de autores como Cortázar encarnara en el nuevo canto latinoamericano. El autor de Rayuela planteaba que no hay que crear literatura acerca de la revolución sino revolucionar la literatura misma. Se trataba de una invitación para alejarse de la poesía panfletaria.

No es casual que la nueva trova surgiera en Cuba, particularmente en dos cantantes que se universalizaron de inmediato: Silvio Rodríguez y Pablo Milanés. Ambos hicieron de su creación artística un compromiso, en primer lugar, con la canción misma; con su esencia estética. A la vez, protagonistas de su propia revolución, no se apartaron del compromiso social del artista y de la canción revolucionaria que les antecedió.

VIVIR LA VIDA, NO MORIRLA

En 1978, un niño de 12 años irrumpió en la escena musical contestataria: Fernando López. Hoy, con una trayectoria de 40 años y con aportes definitivos al arte guatemalteco, el trovador guatemalteco por excelencia encarna esa doble vía de la trova: el arte sin concesiones estéticas y el compromiso sin concesiones políticas para la transformación social. En ese sentido, su canción es el hilo conductor que enlaza la trova tradicional europea con esa nueva trova que surge y se alimenta de los movimientos de transformación social.

El encuentro de Pablo Milanés con Fernando López no es más que el resultado de un largo proceso de maduración en ambas vías. Y no es casual que el grito que los une sea uno universal y permanente: solo queremos ser humanos. El acontecimiento es inédito en el país: Pablo Milanés, el más carismático y universal representante de la nueva trova latinoamericana tiende ese brazo de unidad a la par de Luis Enrique Mejía Godoy en reconocimiento a esos 40 años de trayectoria musical de Fernando López. “Siento que es el reconocimiento más significativo a mi trabajo como trovador y compositor. Sin pretender trascendencia alguna con ello, hice sonar desde mi voz, las voces de poetas silenciadas por el odio contrainsurgente, la indiferencia y el miedo en Guatemala”, afirma el cantante.

La participación de Fernando López en este concierto significa el fin de un ciclo por los escenarios guatemaltecos. El cantautor se prepara para llevar a Guatemala en su voz a la escena internacional. Lo ha hecho por más de diez años: su principal actividad artística se ha desarrollado fuera. “Ha llegado el tiempo de cerrar en mi país un ciclo de oficio como trovador acompañando desde 1978 las agudezas de mi tiempo histórico, y trascender a uno nuevo a nivel internacional”, señala.

Aquí no lloró nadie

> Cinco años atrás, el 10 de mayo de 2013, se daba la lectura al veredicto que encontraba culpable por genocidio a Efraín Ríos Montt. En la sala de audiencia inició, de forma espontánea, un murmullo que terminó imponiéndose en la voz de más de 700 asistentes. Era el canto que mejor resumía el más profundo anhelo las víctimas del genocidio: Aquí solo queremos ser humanos. Entre los presentes, el musicalizador del emblemático poema: Fernando López. “Sentí que estaba Otto René entre las voces y, con él, todos los poetas desaparecidos. Se dio vida a esas voces que acompañaron esa gesta de lucha social por
la democracia”, anota el trovador con sentida emoción al rememorar ese momento que quedó grabado en la historia del país.

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