Viernes 24 DE Mayo DE 2019
Oculta

Eduardo Halfon: el discurso del Premio Nacional de Literatura

El escritor guatemalteco recibió ayer el mayor galardón para las letras nacionales. La dotación económica del premio la donó a las niñas de la organización Na’leb’ak, de Chisec, Alta Verapaz

Fecha de publicación: 17-11-18
Por: Eduardo Halfon - Especial

Si me encuentro hoy aquí, recibiendo este premio como escritor, y este honor como hombre, es debido a mujeres. Mi madre, por supuesto, quien me heredó las primeras palabras de esta lengua que hablo y escribo o intento escribir, y quien más de alguna vez también leyó y luego me explicó el libro asignado, o me ayudó a entender mi tarea de gramática, a terminar mis ejercicios de vocabulario. Mis abuelas: albaceas, guardianas y custodias de la historia y el legado familiar. Mi pareja, que es la red debajo de esta cuerda floja llamada literatura. Pía y Berta y Margarita y las demás niñeras y nanas de mi infancia cuyos nombres ahora no recuerdo, y cuyos tantos cuidados y mimos tampoco recuerdo, pero sí conservo en algún estrato profundo de mi memoria, y aprecio, y agradezco. Todas mis maestras y profesoras, quienes, en un país ideal, en un mundo perfecto, recibirían nuestros galardones más importantes.

En fin, si yo he escrito algo, si me he atrevido a contar historias, es debido a mujeres. Son las mujeres las que me han formado como escritor, sin ellas saberlo, ni proponérselo, ni jamás pedir algo a cambio. Este premio es más de ellas que mío. Este honor es de todas ellas. De todas las madres, y las abuelas, y las tías, y las esposas, y las niñeras, y las maestras. Un escritor es un escritor debido a las mujeres. Y un hombre es un hombre debido a las mujeres. Y un país es un país debido a sus mujeres. Son ellas, las mujeres, las que lo levantan y crían y bendicen.

Hoy, me gustaría tener un serrucho literario para poder partir este premio en miles de pedacitos iguales y entregárselos a todas ellas. Pero como no puedo, como ese serrucho no existe, he decidido, entonces, dárselo a las niñas. Donaré el dinero que acompaña a este premio a las niñas de Na’leb’ak –una organización conformada enteramente por mujeres jóvenes de Chisec, Alta Verapaz–, para la construcción de un nuevo centro de enseñanza, donde las niñas aprenderán sobre salud, derechos sexuales y reproductivos, derechos de alimentación y soberanía alimentaria, y la mejor manera de conectar a la comunidad con su tierra.

Porque son ellas, las niñas del país, las que determinarán si aquí habrá más literatura. Son ellas las que formarán a futuras escritoras, maestras, abogadas y científicas. Son ellas las que –quizás– nos levantarán y criarán y bendecirán. Pues un país que no cuida a sus niñas no es país. Una sociedad que descuida a sus niñas no tiene pasado ni futuro. Mi verdadero honor hoy, entonces, aunque pequeño, es poder engrandecer a todas las mujeres de mi vida a través de las niñas; es poder darles las gracias a todas las mujeres del pasado de un país a través de sus mujeres del futuro. Niñas de Chisec, niñas de Guatemala, este premio es suyo.