Lunes 24 DE Junio DE 2019
Oculta

Villa Dora es intocable

El inmueble contiene murales de Carlos Mérida y es ejemplo del movimiento Moderno en el país.

Fecha de publicación: 13-10-18
Por: Jaime M. De León/elPeriódico

A inicios de la segunda mitad del siglo XX la ciudad se expandía más allá de sus límites tradicionales. Al sur, los terrenos grandes, arbolados y a las orillas de la prolongación de la 7a. avenida y la Reforma se hacían atractivos para las familias acomodadas. En ellos construyeron casas de habitación tipo chalé, con jardines amplios, piscinas y un lenguaje arquitectónico de vanguardia para su época. Una de estas familias fue la Picciotto, que en 1958 estrenó una casa sobre la 13 calle de la zona 9, a pocos pasos de la avenida Reforma. El arquitecto encargado de la construcción fue Carlos Haeussler, quien diseñó el inmueble de acuerdo con las ideas de la Modernidad. Parte de este movimiento era la integración de arte, así que Carlos Mérida realizó tres murales en la propiedad. Sesenta años han pasado desde que se terminó el proyecto y Villa Dora –nombre con el que se le conoce– parece tener en puerta un futuro muy distinto al de una casa de habitación.

Desde hace algunas semanas corre un rumor por los pasillos de la cultura: que la Universidad San Pablo había comprado el inmueble para una nueva sede de la institución y su demolición era inminente. No obstante, según informó el Ministerio de Cultura, se realizó una diligencia en el recinto y lo tienen catalogado como patrimonio, según establece la Ley para la Protección del Patrimonio Cultural de la Nación. “El IDAEH hizo la inspección, tuvo comunicación con los propietarios y estos indicaron que no hay intención de demolición”, explicó Estuardo Estupinián, vocero de la cartera.

Villa Dora es un inmueble característico de la arquitectura Moderna. Así lo valora Raúl Monterroso, representante en Guatemala de Docomomo, una institución internacional que vela por este tipo de patrimonio. “Es importante porque integra una serie de valores que son propios de una época en Guatemala. Más allá de lo histórico, tiene un valor estético y también cultural. Es evidencia de cómo vivían las elites de ese momento. Además, integra la arquitectura con la plástica”, expone.

Lo cierto es que este tipo de inmuebles están en riesgo dentro del paisaje urbano. Son producto de una época en la que los suburbios citadinos estaban en lo que hoy entendemos como el centro de la ciudad. El valor de estos solares es más que elevado y sus posibilidades de edificabilidad son de alto valor para la construcción tanto del sector de oficinas como el de viviendas. En este sentido, Monterroso considera que los inmuebles que aún quedan en la zona están en peligro. “Es patrimonio amenazado debido a la especulación inmobiliaria. No hay un incentivo para mantenerlos. Se necesita un plan de ordenamiento territorial integral y no solo con el enfoque del desarrollo inmobiliario”, puntualiza.

NINGÚN PLAN CONCRETO

Parte de la denuncia ciudadana iba sobre la idea de que la Universidad San Pablo era la propietaria del inmueble y que los planes de construcción estaban avanzados. No obstante, según pudo comprobar elPeriódico, sobre el solar en el que se encuentra el inmueble no hay licencias de construcción o demolición. Tampoco fue posible ubicar Estudios de Impacto Ambiental en el Ministerio de Ambiente. Además, tal como demuestran documentos a los que se tuvo acceso, ante la Municipalidad la propiedad aún pertenece a la Fundación Dora Mishaan Pinto Herederos, de la familia Picciotto.

Consultado acerca del tema, Harold Caballeros, de la universidad, afirmó no tener ningún plan concreto sobre el inmueble, pero al tiempo no negó el interés de la institución sobre él: “Nosotros estamos negociando el predio, pero no la hemos comprado. Si todo sale bien, la vamos a comprar el mes que viene. No hemos ni de broma comentado algo sobre demolerla. Sería algo horrible. La casa tiene murales de Carlos Mérida. Son un tesoro nacional”, dijo. Además, puntualizó que intentarán integrar la casa a un proyecto futuro y también consideró que la estructura no puede modificarse. “Eso no se puede botar, mucho menos por parte de una universidad. Existimos para la educación y la cultura”, finalizó.

Por de pronto, Villa Dora se mantiene. Por lo menos tres años más estará sin movimiento, debido a contratos de arrendamiento con propiedades aledañas. El legado de Carlos Mérida y Carlos Haeussler se mantendrá sin modificaciones un tiempo más, a la espera de ver qué le depara el futuro.