Martes 21 DE Mayo DE 2019
Oculta

Ser niña en un país en ruinas

Una de las películas nominadas al Oscar de animación de este año llegó a Netflix en semanas pasadas.

Fecha de publicación: 07-07-18
Por: Jaime Moreno

Parvana es una niña enclavada en la mitad del Afganistán de los talibanes. Ayuda a su padre en la venta de artículos diversos en una de las calles de Kabul. Su vida cambia cuando el régimen encierra a su papá, su baba, y debe descifrar laberinto social en el que se encuentra y así dar sustento a su madre, su hermana mayor y su hermano menor. En un país en el que ser mujer es considerado casi un crimen, su mejor opción es vestirse de niño para pasar inadvertida y poder trabajar. Lo que sigue es una historia de valor y sobrevivencia llamada El pan de la guerra (The breadwinner), película animada que ya está disponible en Netflix para Guatemala.

 La cinta es obra del estudio Cartoon Saloon, que ya ha mostrado músculo con producciones como Song of the sea. Está basada en la novela homónima de Deborah Ellis. La realización es un trabajo colaborativo canadiense-irlandés y la dirección corre a cargo de Nora Twomey. Como dato curioso, Angelina Jolie figura en la producción ejecutiva. El producto final recuerda por momentos al coraje, la valentía y la capacidad de cuestionarse el mundo que en su momento planteó la Persépolis de Marjane Satrapi.

La cinta aborda temas que retratan la realidad del país árabe bajo el mando del régimen Talibán. En ese marco, dos líneas argumentales son claves: la violencia contra la mujer y la criminalización de la educación occidental. Estos temas se reflejan en acciones como la detención del padre de Parvana –maestro– por enseñar a su hija conocimientos básicos o la obligación de las mujeres de usar la burka y el no poder salir a la calle sin la compañía de un hombre. “Cuando era joven, Parvana, sabía lo que era la paz en esta ciudad. Los niños iban a la escuela, las mujeres a la universidad. Por un tiempo los imperios se olvidaron de nosotros. Pero no duró. La tierra se debilitó bajo nuestros pies”, le dice su padre a la protagonista al principio de un relato animado que transporta al espectador hasta lo más profundo de una guerra que en el mundo occidental solo se vio por televisión.

La guerra es un rumor lejano en la cinta, pero constante. La Kabul a la que Parvana debe enfrentarse es el reflejo de un país roto por el conflicto y sobre el cual se cierne la amenaza de la guerra. Esta es una tempestad que crece a lo largo de la cinta en la medida en que sus personajes salen del statu quo y caen en la espiral del pánico por la batalla venidera.

Eso sí, en medio del horror siempre queda espacio para la imaginación y la inocencia. El personaje de Parvana se complementa con el de su pequeño hermano, quien introduce emociones extrañas en el contexto de la historia, como la ternura y la alegría. Además, es al pequeño a quien su familia le cuenta, a pedazos, una historia que se antoja como paralela en medio de la línea narrativa principal. Es una leyenda, una memoria propia, la que se va revelando por partes a lo largo de la historia en la forma de un joven que debe salvar a su pueblo del dominio de un elefante maligno.

El pan de la guerra fue nominada al Oscar este año en la categoría de Mejor Película Animada, un premio que la Academia se empecina en entregar a Disney o Pixar. No obstante, obtuvo nominaciones a varios galardones alrededor del circuito norteamericano. Entre ellos están el Globo de Oro, el Critic’s Choice y el Canadian Screen Awards. En cuanto a premios, obtuvo el premio de la Asociación de Críticos de Cine de Los Ángeles y el Premio de Cine por la Paz. Su mayor reconocimiento fue el Annie (especializado en animación) a la mejor película independiente, una categoría en la que La tortuga roja también triunfó.

Fuera de la ficción animada, la guerra ha hecho de Afganistán un país de ruinas. En una de las escenas, Parvana y su padre teorizan sobre esa realidad que los envuelve: “Somos una tierra cuyo pueblo es su mayor tesoro. Bordeamos imperios en guerra. Una tierra partida por las montañas Hindukush, quemada por los desiertos del norte. Tierra negra de escombros contra picos de hielo. Somos Auriana, la tierra de los nobles”, se dicen uno al otro.