Jueves 21 DE Noviembre DE 2019
Oculta

El ojo de un país sin ley

El fotoperiodista Luis Soto presenta esta semana un fotolibro en el que recopila casi diez años de trabajo.

Fecha de publicación: 28-05-18
Por: Jaime Moreno elPeriódico

Hace diez años que Luis Soto tiene una cámara Holga, algo raro para un fotoperiodista. Es una cámara pequeña, plástica, de juguete. Ese artilugio de US$30 capturó su atención y desde que la obtuvo el concepto de toy hizo clic en él. ¿Con qué más era equiparable a ella? Guatemala, sin duda, país al que según él lo usan para divertirse. Desde entonces, a través de su lente plástico ha pasado la luz que reflejan políticos, campesinos, policías, artistas y ciudadanos variopintos de la realidad nacional. Este miércoles, Soto presenta el fotolibro Tierra de nadie, que reúne varias de esas imágenes.

El proyecto que propone el fotógrafo ha ido tomando forma con los años. “Es una analogía de esta guerra de trincheras, esta cuestión de ver al país como una finca, esta pelea de izquierda y derecha, de tener un patrón y de si no estás en contra estás a favor”, explica Soto. Las imágenes que conforman el libro dan cuenta de ello, ya que muestran contraposiciones que se materializan en la imagen. En ellas aparecen resistencias campesinas, movilizaciones de las fuerzas de seguridad, políticos blindados, pandilleros, presidentes y otras faunas. Eso sí, siempre con la dualidad como referente. “Son imágenes periodísticas, tienen ese tratamiento. Salieron del ejercicio periodístico”, indica.

Como curiosidad, en la serie que se imprime en Tierra de nadie (editado por RARA y bajo el cuidado de Estate Julio Zadik) no aparecen cadáveres. Esto no es porque no existan, sino porque su presencia es más sutil: “No hay ningún muerto per se, pero la muerte está muy presente”, puntualiza Soto.

 

País sin ley

A lo largo de las páginas del libro, las imágenes que se aglomeran dan cuenta de una realidad en caos. Protestas, marchas, prédicas, armas y búsquedas son ejes en los que se mueve el discurso visual. Para Soto, esto es también reflejo de esa “situación bizarra de país, ese bagaje que te destantea”.

Las fotografías de Soto, además, son muestra de una constante de país. Los rostros y los acontecimientos parecieran no variar en el tiempo. Si se observan acervos fotográficos de décadas pasadas, la configuración de la imagen no cambia: siempre se ve gente armada, protestando, resistiendo. Para el fotógrafo esto es revelador: “El país no cambia, solo el péndulo cambia de un lado a otro”.

 

El oficio de retratar

Para Soto, el oficio del fotógrafo puede tener campos de acción más sencillos que otros. El más difícil, explica, es la oligarquía. “Es impenetrable. No soy parte de ella, no puedo entrar”. El acceso más que restringido a este grupo lo contrapone con otros ejemplos. “Siempre nos vamos a lo fácil; retratar políticos es fácil, nos ayudamos, a ellos les interesa que salgan y a nosotros nos interesa hacerlas”, dice. No obstante, Soto ha encontrado en su cámara un buen lenguaje para darle un giro a su labor. “Para mí, es la mejor forma de hacer mío el trabajo periodístico. Esta imperfección es estéticamente linda”, finaliza. Sus imágenes, puntuales, llenas de luces y de sombras, golpean con una fuerza difícil de esquivar.