Jueves 15 DE Noviembre DE 2018
Oculta

Sergio Ramírez recibió el Premio Cervantes

El nicaragüense dedicó su discurso a los muertos en su país en medio de una crisis política que convulsiona a Nicaragua.

Fecha de publicación: 24-04-18
Por: Méndez Vides
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El nicaragüense Sergio Ramírez recibió ayer lunes, en el paraninfo de la Universidad de Alcalá y de manos del rey Felipe de España, el Premio Cervantes, que lo consagra como escritor. Llegó acompañado de su familia, con el listón negro en la solapa en solidaridad con los jóvenes que están muriendo en su patria en las protestas contra el presidente Daniel Ortega y Rosario Murillo, repitiendo lo que se vivió hace casi medio siglo en contra de Somoza. Ramírez fue vicepresidente durante la década revolucionaria sandinista, y después de la tormenta, en los días de la piñata, regresó a sus labores de escritor, donde pronto destacó como el novelista contemporáneo más notable de Centroamérica. En política, gradualmente fue separándose de Daniel Ortega, quien le cerró el espacio y ha negado los honores nacionales (que los lectores le conceden), pero vueltas que da la vida, mientras Ramírez era laureado por el arte de la ficción, a su antiguo compañero de fórmula le están pidiendo la renuncia en la realidad las juventudes sandinistas.

Nicaragua es uno de los países más pacíficos del área, con un crecimiento económico considerable derivado de la confianza autoritaria y la continuidad, a la que se adaptaron guardando silencio y resignados, hasta cuando una chispa encendió su cólera, y la nueva generación repitió en la calle las huellas de sus padres y abuelos. Batallas revolucionarias, sangre e imaginación.

 

El discurso de Ramírez fue reproducido íntegro por El País, y se puede encontrar en la página electrónica. Es un delicioso discurrir por la ruta de Rubén Darío, en un viaje de vuelta a la Península, luego de la venida hace casi 400 años de los primeros ejemplares del Quijote a América. Utiliza algunos versos del poeta en honor al Quijote, y rememora la relación con el abuelo que le enseñó a montar caballo, lo condujo a conocer el hielo, a probar las manzanas de California y a beber champaña. Hace una comparación entre los viajes de Ulises en el texto homérico, y del Quijote en el cervantino. Hasta llegar al momento propio, a un lúcido recuerdo de la infancia y las raíces, a los abuelos, uno ebanista y otro músico, que sentaron las bases de su imaginación fabuladora. Rememora su paso por la revolución y la política, y el retorno a las letras que soñó e hizo realidad. Dejando claro que el viaje de su vida ha sido de novela.

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