Miércoles 21 DE Noviembre DE 2018
Oculta

“Guatemala no se identifica con su patrimonio cultural” Héctor Mejía, presidente de lala Asociación Guatemalteca de Arqueología (Agarq)

En semanas recientes el Ministro de Cultura, José Chea, emitió una serie de declaraciones en las que sugería la concesión de sitios arqueológicos para garantizar su protección. En respuesta, la Asociación Guatemalteca de Arqueología (Agarq) emitió un comunicado en el que adversaba la propuesta oficial. A propósito del pronunciamiento de la Agarq, elPeriódico conversó con Héctor Mejía, presidente de la institución.

Fecha de publicación: 24-03-18
Por: Jaime Moreno/elPeriódico
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¿Cuál es el objetivo del comunicado?

­– Principalmente dar nuestra posición ante la protección del patrimonio cultural. Vemos que en el comunicado que realiza el señor ministro, en lugar de tomar un papel preponderante en la defensa del patrimonio, lo que hace es “me hago a un lado y veo quién lo hace por nosotros”. Fue en el caso cuando se refirió a la concesión de los nuevos hallazgos.

¿No es eso, así sea tácito, una práctica común en el manejo de sitios en Guatemala? Digo, Pensylvannia, Carnegie, Tulane, Texas… ¿qué tanto difiere ese modelo de lo que el Ministerio plantea ahora?

– En la corta entrevista que le hicieron al ministro habla de concesionar para poder proteger. La mayoría entendimos que se trataba de que el Gobierno no es capaz de protegerlo y están buscando quién lo haga por ellos. La Constitución establece que es el Gobierno el encargado de velar y proteger los sitios arqueológicos. En el caso de las instituciones, cuando vienen a trabajar acá no siento que sea una concesión. Es cierto que las universidades vienen, pero se establecen procedimientos. El control de esos proyectos los tiene el ministerio. En ese caso no se puede aplicar el término concesión porque es el ministerio el que establece los parámetros de investigación y ellos sí tienen hasta cierto punto el control de las investigaciones y los resultados. Ellos traen fondos y toman como en posesión o a su cargo el sitio arqueológico, pero es el ministerio el que tiene al final el control del sitio arqueológico.

El ministro plantea invitar a universidades extranjeras. Parece dejar fuera a las nacionales.

– Claro, asumo que él está pensando en captar fondos. Ciertamente son las entidades extranjeras las que traen fondos a Guatemala para eso. Las nacionales tienen un fondo muy reducido y se dedican a crear espacios para la formación de nuevos arqueólogos.

¿Qué papel deberían jugar las universidades nacionales en la gestión del patrimonio arqueológico?

– Deberían estar involucradas. Las universidades también tienen su proyección hacia la comunidad y parte de eso es fomentar el patrimonio cultural. Deberían tener una posición mucho más fuerte, máxime que un pronunciamiento de la Universidad de San Carlos tiene mucho peso en la sociedad. Son las cabezas académicas de Guatemala. El peso de un comunicado de la Universidad es de un impacto bastante fuerte en la sociedad y no lo hemos visto. Es parte del trabajo que la Asociación está haciendo. Toda la arqueología en Guatemala está regida a través de la Dirección General del Patrimonio Cultural. Ellos, a través del concejo técnico de arqueología son los que aprueban proyectos arqueológicos. Uno de nuestros objetivos es que la Asociación de arqueología y las universidades puedan ser parte de ese concejo técnico. Hasta ahora ha estado conformado por arqueólogos de la institución.

¿Cómo se conformó la Agarq, con qué objetivo?

– Esta asociación guatemalteca de arqueología es el tercer intento en el ámbito. Los dos primeros fueron, uno a finales de los noventa y otro a principios de los dos mil. Nunca se pasó a más. Los directores de las Escuelas de Historia de la San Carlos y de la Del Valle tuvieron el impulso de fomentar la creación de una nueva asociación. Ellos convocaron a las primeras reuniones en el gremio para implementar la asociación con un fin gremial: establecer los requerimientos que puedan regir la profesión en Guatemala.

¿Cuántos socios tiene? ¿Qué porcentaje de asociados tienen en relación con la totalidad de arqueólogos del país?

– Entre las dos universidades y la extensión de San Carlos somos un aproximado de 230 arqueólogos graduados desde 1976. La asociación se formó con 125 arqueólogos. Eso fue en 2015. A partir de esa fecha se han ido adscribiendo nuevos socios. En total tenemos unos 150, casi un 70 por ciento de los arqueólogos guatemaltecos, sin contar que muchos han muerto y otros que nunca se dedicaron a la profesión. Profesionales activos hay un aproximado de 180 y nosotros tenemos un promedio de 150 asociados.

¿Cómo es el medio arqueológico? ¿Qué dificultades tienen para poder ejercer la profesión?

– La falta de apoyo de todos. También es una cuestión cultural. Guatemala no se identifica con su patrimonio cultural. Hay que empezar por ahí, ese es el problema no solo del arqueólogo sino de la sociedad guatemalteca. No somos un país que se arraigue a su identidad.

¿Cómo conviven la visión académica con la visión práctica? Pareciera que ambas chocan porque la visión académica tiende a ser más estática y la práctica va hacia lo contrario, a que el patrimonio debe ser autosostenible.

– Pues en un gran choque. Es un choque porque la visión académica, la formación del arqueólogo, es la protección a toda costa. Por nosotros, entre menos pase, mejor (en el sentido de transformar el patrimonio). Pero sabemos que no se puede quedar estático. Es un choque pero hay que aflojar y estirar un poco. Una cosa es la arqueología académica, que la vemos en los proyectos de las universidades o en los proyectos arqueológicos. Es una visión académica muy fuerte, muy apegada a las normas. Y, digamos, tenemos la contraparte en lo turístico y en la construcción. En la visión de turismo estamos más cerca; en la visión de la construcción hay mucho roce. No podemos detener el crecimiento poblacional o de una ciudad, pero hay que buscar consenso.

Las condiciones les son adversas, pero, haciendo un examen a conciencia, ¿en qué debe mejorar el arqueólogo nacional?

– Ser arqueólogo es ser una cosa aparte, somos totalmente distintos, mucha introspección. Para poder trascender necesitamos unirnos como gremio. Cada quien trabaja y tiene su campo individual, se defiende como puede. Dependemos mucho de otras entidades en lo laboral. Es muy difícil para nosotros generar nuestro propio trabajo. De hecho, la ley ni siquiera nos lo permite, no podemos ejercer en simultáneo en dos proyectos. Eso es algo que vemos irreal, es como si un médico dijera “voy a curar a este y no puedo curar a otro hasta que el primero no se cure”; o que un abogado no puede llevar dos casos. La ley nos limita en ese aspecto. Tratamos de cambiar esa visión. Necesitamos cambiar eso y que el arqueólogo se una más como gremio para poder proyectarse tanto en el ejercicio profesional como en la protección del patrimonio.

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