Miércoles 17 DE Julio DE 2019
Oculta

Guillermo del Toro: “Para mí, todos somos monstruos”

El realizador mexicano habla en esta entrevista de su pasión por los monstruos, del escándalo de los abusos sexuales en Hollywood y de La forma del agua

Fecha de publicación: 05-03-18
Por: Antje Weser DPA

Hollywood se ha rendido esta temporada al mundo de fantasía y criaturas extraordinarias que les brinda Guillermo del Toro. Nacido en Guadalajara en 1964, el mundo de este realizador mexicano  siempre ha estado poblado de seres fantásticos. Él mismo ha relatado en varias ocasiones que de niño hizo un pacto con los monstruos que veía cuando apagaban la luz en su habitación para que dejaran de darle miedo. Con el tiempo decidió convertirlos en los protagonistas de sus historias.

Dicen que uno de los primeros cuentos que escuchó de niño fue sobre Drácula. Y el mito del vampiro lo abordó precisamente en su primera película, Cronos, que ganó la Semana de la Crítica del Festival de Cannes. Un triunfo que cambió su vida.

Hoy otra película de monstruos, La forma del agua, la más celebrada en la temporada de los premios cinematográficos, lo ha convertido en uno de los realizadores más relevantes de actualidad.

¿Cree que el debate en Hollywood generado con las campañas #MeToo y #Time’sUp, además de haber dominado la temporada de premios, cambiará realmente algo en el sector?

-Creo que la temporada de premios es el momento de sacar a relucir temas candentes, como tradicionalmente se ha hecho. Faye Dunaway, Marlon Brando o Julie Christie y tantos otros aprovecharon el momento para abordar cuestiones políticas o sociales. Y creo que tiene sentido, porque es el momento en el que el mundo mira hacia las películas, hacia el cine, para ver qué está pasando. ¿Cambiará algo? Creo que sí. Creo que ya lo ha hecho. Primero, porque el hecho de poder contar abiertamente tu verdad es un cambio enorme. Y segundo, porque al pasar durante la temporada de premios, la gente escucha. El cambio puede no ser inmediato, pero está ocurriendo.

¿De dónde surgió la idea de La forma del agua?

-Comenzó cuando de niño vi las películas de la saga Creature from the Black Lagoon, que me encantaron. Sobre todo la primera, pero quería que la historia de amor terminara bien. Intenté hacerlo en los 90 como una película de serie B, con historia de amor, y no funcionó. Hasta que en diciembre de 2011 me reuní con Daniel Krauss (Trollhunters), que me dio la idea de hacerlo a través de una mujer de la limpieza (…) Sentí que era la clave perfecta para la historia de amor, porque se trata de gente invisible que se junta, gente sin nombre, sin voz, sin presencia, que se une para salvarse.

En la ceremonia de los Globos de Oro dijo que los monstruos le han salvado y liberado en varias ocasiones. ¿A qué se refiere?

-De niño tuve una educación católica y la religión católica es increíblemente estricta con lo que es bueno y lo que es malo, quién va al cielo y quién al infierno o que todos nacemos con el pecado original. Todo eso me daba muchísimo miedo, sentía que todo lo que no encajara con ser “un buen chico” era pecado y terrible, pero los monstruos encarnaban la posibilidad de vivir en la imperfección. Eran bellos a su manera y los miraba con un gran amor y admiración.

¿Qué es para usted un monstruo?

-Para mí, todos somos monstruos… Un defecto es una virtud que no ha sido contemplada de forma adecuada. Hay una especie de ideología sobre lo que un hombre tiene que ser, lo que una mujer tiene que ser (…) Todas estas ideas e ideologías están fabricadas de forma que todos las aceptamos e, individualmente, estamos rotos de manera secreta sin que eso esté permitido. En cambio, la fantasía, los monstruos y estas fábulas cuentan que puedes existir con todo eso y ser hermoso.

Como decía, los protagonistas de la película son seres invisibles…

-Invisibles, sí. Era muy importante para mí, porque aunque se enmarca en 1962, es una fábula sobre nuestros días: vivimos en un mundo en el que ya no es tan fácil encontrar verdad en las palabras. En la película, los personajes que hablan no son capaces de comunicarse, mientras que los dos que no hablan se comunican profundamente en un nivel primario. Para mí, era muy importante mostrar el reconocimiento entre ambos más allá de las palabras. La película está llena de rimas, como en un poema, pero si se las digo será aburrido. Encuéntrelas.

¿Le sorprendió que el binomio tolerancia-intolerancia de su película sea hoy tan relevante?

-Nací en México y he encarnado la otredad en muchos aspectos. Quise hacer fábulas y fantasía en una industria cinematográfica que se centra sobre todo en el realismo. Cuando viajas a Estados Unidos viniendo de México, durante décadas hay veces que te sientes bienvenido, y en otras la tensión es tan latente… Vivimos en un mundo en el que cada vez más se nos dice que estamos divididos entre nosotros y ellos, cuando en realidad es una división que promulgamos a diario, pero no tenemos que vivir con ella porque al final del día lo que queda somos nosotros. Todos estamos en el mismo lugar al mismo tiempo. Eso es lo que trata de decir  la película.