Domingo 5 DE Abril DE 2020
Oculta

El vuelo de cenzontles del “Choco” Matute

El escritor e intelectual falleció el domingo a los 85 años. Incursionó en la poesía y la novela. Fue el primer no vidente en graduarse de sicología.

Fecha de publicación: 21-11-17
Por: Pavel G. Vega elPeriódico

Falleció Mario René el Choco Matute, tenía 85 años. Sus múltiples padecimientos físicos culminaron el domingo por la mañana cuando exhaló el último suspiro que lo envió a su último viaje, esta vez sin retorno, para volar en las alas de los cenzontles.

Su sonora y contundente voz se fundirá en la tinta de su imaginación literaria, escalará las ramas sonrientes de los árboles infantiles y rugirá desde los mares espumosos.

Ciego desde la infancia, el Choco nunca se arrodilló ante las tinieblas. Su persistente madre apoyó el desarrollo de sus otros sentidos y destrezas para formarlo como un ser independiente, autónomo.

Fue un lector indirecto desde la niñez gracias a su cómplice de aventuras y desventuras, su hermano Arturo Matute. Un amigo inseparable que fue sus ojos durante la niñez, la adolescencia y la juventud.

Esa juventud que fue testigo de aquella noche en la que ambos, con un par de “traviesos” ya bebidos, escalaron la Torre del Reformador para alcanzar la campana en lo alto y sonarla entre risas y sirenas policiacas.

Matute fue el primer no vidente en graduarse con el título de sicólogo en Guatemala, fue el primer no vidente graduado a nivel universitario. Fue una escalada cuesta arriba que debía enfrentar profesores con visión retrógrada que tan solo le permitían ser oyente en las aulas porque “no era un estudiante normal”.

Y no, no era normal. Mario René siempre batalló contra la norma política y social. Fue huelguero sancarlista y comunista del Partido Guatemalteco del Trabajo (PGT) desde donde aportó con sus conocimientos intelectuales y filosóficos para la reforma de un sistema militar que le arrebató a su primogénito el 17 de julio de 1980.

Matute, ya en el exilio, escuchó el teléfono trinar para que su segunda esposa recibiera la noticia del asesinato de Mario René Tutuy, estudiante de tercer año de Medicina con tan solo 23 años de edad.

El Choco vivió 34 años en el exilio. Conoció la oscuridad, no por la ceguera, sino por la frustración y soledad de quien fue obligado a escapar de la bota gubernamental que perseguía a los críticos, a los artistas y a los que pensaban en otras formas de crear un Estado.

Los últimos tres años los vivió en la casa de sus hijos Pavel e Ilonka Matute, quienes cuidaron de él para verlo partir el domingo.

De su cómplice Arturo se despidió hace dos años en Chile. Durante esas semanas de visita, ambos fueron dos niños viejos que hicieron su última travesura, tomaron el último brindis y se dieron el último abrazo. Los dos hermanos inseparables volarán al mar para jugar con las olas y de vez en cuando brindar con los que siguen en la orilla celebrando sus sonrisas.

Obras 

> Ciudad ausente

> Palos de ciego

> El problema psicosocial de la ceguera en Guatemala

> Cuentos en carreta

> Sueños cóncavos

> El nahual y otras sombras

> Los alcatraces (en braille)

Primavera para un niño viejo

Se logró entonces la oquedad.

Nadie enturbió lo quieto.

¿Y si todo hubiese nacido  a la inversa y este día fuera el día de mi muerte?

Hay que desencajar el horizonte  y voltearlo plenamente hasta que los cenzontles  retornen a su trino.

Y tú, madre  me encuentres otra vez dormido en tu regazo.

Acaba de pasar un vuelo  ausente totalmente  de mariposas y de alas.

No sé dónde nació pero me ha herido sobre todo  porque pareciera un violín  sin dueño, sin música, sin arco y hendió mi quietud con su  tesitura fugaz e imprecisa.

Una sombra lejana  como la de los recuerdos me toma en su silencio grande y vamos a encontrarnos  con las cosas viejas. 

Me nace de las manos  aquel niño soñador que se sentía un juguete más entre todos los juguetes.

Y la vida aspira nueva luz como si efectivamente  ese niño y yo  saliéramos al fin por la boca del túnel a vivir la primavera  en todo lo ancho de nuestro pecho atardecido.