Miércoles 14 DE Noviembre DE 2018
Oculta

Enrique Bunbury carnívoro y feroz

El pasado viernes apareció Expectativas, el esperado nuevo disco de Bunbury.

Fecha de publicación: 23-10-17
Por: Luis J. Menéndez Especial
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Veinte años después de la publicación de Radical sonora, el disco con el que arrancó su trayectoria en solitario y cuatro desde que apareciera su último álbum de estudio Palosanto, Enrique Bunbury publica Expectativas, un disco que su propia nota de prensa define como el más “carnívoro, feroz y diagnosticador” de su carrera.

Tras una serie de discos, por decirlo de alguna manera, “oficiosos” (el directo Madrid Área 51, el disco con Calamaro Hijos del pueblo…), ¿qué representa la publicación de Expectativas? ¿Todavía siente la misma ilusión que en sus inicios?

– Para mí, es un álbum importante. Entre Palosanto (2013) y Expectativas (2017) han pasado cuatro años y editamos cuatro discos: los dos que citaste, más el Unplugged y las cajas de Archivos. Este disco se retrasó y ha pasado mucho más tiempo del que deseaba hasta editar material nuevo. Espero que no vuelva a ocurrir. Mi intención es sacar álbumes más seguidos. Y tengo mucho material e ideas preparadas para grabar pronto. Espero que no pasen más de dos años.

En la nota de prensa se relaciona Expectativas con el Diamond Dogs de Bowie.

– Creo que la hoja de prensa se refiere más a las letras que a la música. Al menos así lo entiendo yo. No veo mucha conexión musical con el Diamond Dogs, aunque cualquier comparación con Bowie siempre me parecerá bien. Para mí, Expectativas tiene una producción contemporánea muy lejana al rock setentero de ese álbum. Al menos ese era mi propósito.

Ha dicho recientemente que se siente incómodo al hablar de algunos temas al margen de la música porque, como artista, no tiene toda la información al respecto. Sin embargo, su nuevo disco lejos de rehuirlo, casi empuja a que se le pregunte por cuestiones políticas y sociales.

– Las canciones son obras creativas que pueden tener un trasfondo social. Otra cosa muy distinta es que te pregunten sobre cualquier noticia de actualidad política. Yo elijo los temas que me interesan en las canciones. En una entrevista me preguntan sobre algo que me importa un comino y si respondo y aparece luego en el titular de la entrevista, parece que yo voy hablando sobre ese tema como si me fuera la vida. Y no es así. Lo que sí me importa de verdad son mis canciones, la música y la poesía. Y pocas veces me preguntan por esos temas.

Expectativas no es el único en el que hablo de algunos asuntos de contenido social. En Avalancha (1995) ya había un trasfondo importante. También en El viaje a ninguna parte (2004) y en mi anterior álbum Palosanto (2013). No es algo inédito. Pero sí que creo que en este aparece de forma más contundente. Aunque también creo que hay más sentido del humor que nunca.

Teniendo en cuenta que en buena medida Palosanto fue un disco en el que las protestas y la realidad social ya estaban muy presentes, ¿supone Expectativas también un trabajo que ha evolucionado en paralelo a la sociedad española, o al menos a los ciudadanos del espectro progresista?

– Este disco es mucho más oscuro y Palosanto era luminoso y esperanzado. De todas formas, en la segunda parte de Expectativas, a partir de la sexta canción, aparecen refugios en los que cobijarse. El arte, el amor y la meditación o la contemplación aparecen como asilo a una realidad que no emociona demasiado.

Tiene desde hace años su residencia en Los Ángeles. ¿Qué le aporta esto y cómo vive desde allí la actualidad de España?

– Una de las ventajas de vivir fuera de tu país de origen es poder desconectar más fácilmente de la ruindad de nuestros gobernantes y de sus fechorías. Los Ángeles es una ciudad fantástica. No es una ciudad fácil y conozco a muchos que vienen y despotrican de ella con disgusto. Lo entiendo, pero no lo comparto. Es una de las ciudades con más oferta cultural. Tanto la música, el cine, como el mundo del arte tienen cabida en su expresión más mainstream e independiente. Además, me gusta el clima, la gente, la comida y la apertura de mente. Por otro lado, no todo va a ser bueno, tenemos terremotos a diario, y en algún momento llegará el Big One y nos mandará a todos al carajo.

¿El autoexilio le ha reconciliado con su país?

– No tengo nada de lo que reconciliarme con mi país, porque nunca me enfadé, ni me fui del todo.

¿Cuál cree que debe ser el papel de la cultura y más concretamente de la música popular en el momento actual?

– El papel de la cultura siempre ha sido realizar obras bellas. Tanto la pintura, como el teatro, como la literatura, como el cine o la música, andamos a la caza de esa obra maravillosa que consiga emocionar al público. Eso es en sí mismo una labor social encomiable. Para mí, leer un libro o ver una película o un cuadro que me fascine, que me conmueva, es encontrar un motivo sustancial por el que merece la pena vivir. Pocas cosas me estremecen más que una obra creativa y bella.

En cuanto a las temáticas que la obra creativa puede abordar, obviamente, está la posibilidad de reflejar la realidad social que te ha tocado vivir. Desde Altamira hasta hoy, ha sido una opción válida de cualquier artista. No necesaria, ni obligatoria. Pero es una posibilidad. Y cuanto más extrema es la realidad que te toca vivir, más normal es que los artistas se enfoquen en plasmar su visión al respecto.

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