Martes 18 DE Septiembre DE 2018
Oculta

Un Aj q’ij en la plaza

Benvenuto Chavajay Ixtetelá realizó su más reciente performance el jueves pasado.

Fecha de publicación: 14-10-17
Por: Jaime Moreno/elPeriódico
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La Plaza de la Constitución resonó con las campanas el 12 de octubre a las 12 del mediodía. La fecha, más que simbólica: ese día se recuerda la llegada de Cristóbal Colón a América. En el espacio abierto, entre la gente, las palomas y el Sol, una figura rojo brillante comenzó un ritual extraño a la dinámica de la plaza en un día cualquiera. Colón también estaba presente, en forma de silueta, hecho con cenizas provenientes de ventas de tortillas, sobre un nailon negro. El tambor y la chirimía sonaron y un Aj q’ij engrilletado se movió lento sobre la figura, golpeándola, deformándola, diluyéndola con un peso de siglos hasta que la forma del viajero interoceánico quedó solo en la memoria de los presentes. Era el artista Benvenuto Chavajay Ixtetelá, quien por medio del performance El dedo de Cristóbal Colón realizó el jueves pasado una acción más en el marco de su investigación sobre lo decolonial.

Originalmente, el performance debía realizarse en Canadá, pero por motivos ajenos al artista no fue posible. El día no fue al azar. “Es el momento para hacer este tipo de obra”, dijo Chavajay, consultado al finalizar la acción. Se refería al 12 de octubre, fecha que marca la llegada de Colón a América e inicio de los distintos procesos de Conquista que enfrentaron los pueblos indígenas del continente. El performance fue una acción sencilla, pero con gran significado. “Hice una silueta –de Cristóbal Colón– con ceniza y con el baile de la conquista empecé a borrar la imagen”, explica el artista. Estaba vestido como un Aj q’ij, “el brujo, el dueño de las montañas, el que dijo que venían los hombres blancos”, apunta. En las culturas mesoamericanas, la figura de este personaje es de suma importancia en la vida espiritual.

 

Esta no es la primera vez que Chavajay explora en la figura de Colón. “He venido con los aspectos decoloniales y poscoloniales desde hace unos cuatro años”, dice. Otras propuestas del artista pasan por cubrir la silueta Colón con mazorcas, por ejemplo. El artista usa esta exploración como una forma de sanar por medio del arte. “Es una manera de sanar estas capas de las heridas en las que se resume nuestra historia. Hay que sanarla y reactivar nuestra memoria”, concluye.

 

Este es solo el primer paso de una serie de acciones venideras. En el futuro próximo el artista trabajará con más tatuajes (ya lleva en la espalda uno alusivo a Doroteo Guamuch Flores). El traje rojo ya está de vuelta en Occidente y Colón dejó la Plaza en un acto de liberación simbólica, uno de los muchos que aún faltan.

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