Domingo 20 DE Mayo DE 2018
Oculta

Dunkirk

AT-Field @Tropismo

Fecha de publicación: 04-08-17
Por: Juan D. Oquendo
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Diez días duró la evacuación de Dunkirk al norte de Francia en la Segunda Guerra Mundial. Decenas de miles de soldados de Francia, Bélgica y Reino Unido vivieron una constante agonía mientras las tropas alemanas se acercaban por tierra y por los sobrevuelos de aviones que lanzaban bombas a la playa. Y Christopher Nolan se dio a la tarea de contarlo en su filme Dunkirk de la manera más minimalista posible: la película comienza y termina sin contextos y se centra únicamente en el rescate de las tropas ante la inminencia de la muerte.

En esta ocasión no hay un grupo de rescate, no hay nadie que destaque sobre los demás soldados. Incluso es difícil diferenciar a los protagonistas del montón de extras. Tampoco hay momentos de propaganda o patriotismo (quizá un poco al final) a lo John Ford o Frank Capra. Tampoco es Apocalypse Now y mucho menos Saving Private Ryan. Dunkirk es sobre la angustia, el sufrimiento, la desesperación. Y para ello la música y efectos de sonido son esenciales.

El productor musical de cabecera de Nolan, Hans Zimmer, es una maravilla con cuerdas delirantes que sumadas al sonido de los motores de los Spitfires o las bombas cayendo ayudan a mantener esa tensión perenne. De hecho, las escenas en la playa mientras los soldados esperan en filas a que los rescaten parecen una coreografía que responde al sonido. Los hombres solo se agachan esperando que la bomba caiga lejos. Explotan, mueren y los que quedan solo se paran para hacer las filas una vez más. Lo visceral está equilibrado entre aire, mar y tierra. Las peleas entre aviones son geniales. Los barcos se mueven lentos mientras esperan que las bombas no los alcancen. Y la playa donde están varados los soldados es un limbo donde las almas se resignan al abandono. Ahí entra en juego la manera de contar los sucesos. Nolan, siempre jugando con el tiempo, divide en tres líneas simultáneas la película: una semana para los soldados, un día para un yate y una hora para un avión. El miedo y la desesperación no necesitan palabras. Dunkirk es perfecta, porque no hay nombres ni palabras, solo imágenes de la lucha y no de la historia.