Miércoles 14 DE Noviembre DE 2018
Oculta

El Infierno de Dante

Viaje al centro de los libros

Fecha de publicación: 25-07-17
Por: Méndez Vides
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La divina comedia es una obra poética extraordinaria, donde forma y fondo congenian, y lo dice quien nada sabe, ni rudimentariamente, de la lengua italiana; dependo para el gozo de las traducciones y mi imaginación. Para traducciones versificadas hay que leer al menos dos, captando así la esencia más allá de la intervención que imprime cada poeta traductor. A mis manos llegaron por azar, dos traducciones. La argentina de Salvador Mitre que es sabrosa y clara, y, la popular de Abilio Echeverría que es llevadera y muy práctica por las explicaciones dispuestas al pie de página, repleta de datos históricos y referencia de los personajes a quienes el autor utilizó para alimentar su Comedia. Porque es una comedia, bella y nada solemne, donde incluso a ratos recurre al lenguaje escatológico. Las dos versiones tienen lo suyo, pero leerlas paralelamente, hacen fascinante el recorrido de Dante por los círculos del Infierno (la parte medular), guiado por Virgilio. La comparación permite intuir el sentido de fondo y diferenciar el aporte de los traductores.

El autor de la Eneida no tenía cuerpo ni peso, conduciendo a Dante por el mundo de los muertos, mostrando los castigos, el espectáculo de llamas y torturas, pesadumbre e indignidad que sufren los grandes de su época por lo que hicieron en vida. No es el Infierno, sino la realidad en metáfora: “Más mira el valle, cuyas tierras toca / ese río de sangre en que se agita / quien sobre los demás violencia invoca”. El castigo llega a obispos, mandatarios, nobles, por haber cometido fraude, violencia, herejía, ira, avaricia o prodigalidad, hipocresía, robo, falsedad, gula y lujuria… Dante añade su recorrido al clásico de Eneas en el canto sexto de la Eneida hace 2 mil años, y al de Ulises en el canto once de la Odisea, hace 3 mil. Que son la referencia de viajeros inolvidables que fueron y volvieron de la muerte, a lo que Dante añade la memoria del recorrido de Cristo en sus tres días previo a la Resurrección. Dante es el hombre mortal, no dios, que realiza el viaje.

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