Viernes 19 DE Julio DE 2019
Oculta

La casa de Moravia, lo nuevo de Miguel Huezo

En la Feria del libro está disponible la novela más reciente del narrador.

Fecha de publicación: 19-07-17
Por: Jaime Moreno elPeriódico

El escritor salvadoreño Miguel Huezo Mixco presentó recientemente La casa de Moravia, su nueva novela. Es un relato que fluctúa en las líneas temporales de un mismo personaje. En una, la presente, vive el encuentro fugaz, marítimo, con la viuda de un amigo. En la otra, la pasada, es un combatiente activo de la insurgencia salvadoreña. Es una aproximación a los “juegos sucios de la memoria”, todo enmarcado en los procesos de guerras internas en Centroamérica durante los años ochenta. Como el propio Huezo menciona, “Es un periodo fascinante que suele ser visto casi solo desde el ángulo político o el militar, pero aún existen muchas exploraciones sobre las personas concretas que vivieron en ese momento y tomaron decisiones cruciales en sus vidas”. El texto llega de la mano de Alfaguara, misma editorial que ya editó su primera novela, Camino de hormigas. Puede ubicarlo en la Feria Internacional del Libro en Guatemala, que se desarrolla esta semana en Fórum Majadas, zona 11.

¿Cuál fue el proceso de investigación para desarrollar el argumento?

– Busqué información sobre algunos de los hechos que allí se producen que en la novela aparecen ficcionados, es decir, son alterados de acuerdo a las necesidades que me planteaba el desarrollo de la trama. Las indagaciones más ricas, sin embargo, se produjeron dentro de mí, para decidir cómo conducir a los personajes dentro de la obra y hacerlos funcionar dentro de un plan que, a medida que fui avanzando en la escritura, terminó siendo muy diferente a la idea inicial.

Los personajes, ¿cómo los construyes? 

 – No sé bien cómo explicarlo. Existen ideas mágicas sobre la construcción de los personajes. En realidad, son seres que solo existen en la mente del narrador. Se construyen, en realidad, a partir de tus propias experiencias, de las personas que conocés, tus lecturas, las películas que has visto. Cuando escribís una ficción tu experiencia y tu imaginación trabajan duro para dotar a los personajes de credibilidad.

Las líneas temporales se cruzan en el hilo narrativo. ¿Por qué?

 – Porque así funciona la memoria. La línea principal de la novela se desarrolla a partir del encuentro, a lo largo de una sola noche, entre dos personas que apenas se conocen. No tienen mucho de qué hablar, sino solo sobre sus recuerdos sobre la única persona que tienen en común, y que ha muerto. La conversación los lleva a hacer relatos de su vida pasada, y vuelven al presente.

El personaje pareciera ser distinto tanto en el pasado como en el presente. ¿Cómo es esa evolución?

– Un conocido verso dice: “nosotros los de entonces ya no somos los mismos”. Nos pasa a todos. En la novela, el personaje central de la obra experimenta una metamorfosis. El muchacho osado se convierte en una cucaracha ambiciosa, calculadora. Esas cosas las vemos todos los días, ¿no?

El Salvador es un país en “paz”. ¿Cómo ves la situación actual y en qué medida la guerra aún se deja ver?

– Las guerras son acontecimientos traumáticos. Sus secuelas no desaparecen de la sociedad por decreto. Mi país, como la mayoría de países de Centroamérica, pasa por un momento complicado, muy desafiante. En parte, es una herencia de la guerra. En parte, el contexto regional y mundial también impone dinámicas de las que no se puede escapar.

La posguerra en Centroamérica parece no acabar. ¿Qué camino debemos seguir para superar las secuelas de los años de guerra?

 – Una de las batallas que se libran en la posguerra tiene que ver con una disputa sobre la memoria. David Rieff, en un provocador ensayo, advierte que la “memoria histórica colectiva” suele conducir con mucha frecuencia, más que a la paz, al rencor y a exacerbar el deseo de venganza. Uno de mis personajes sentencia: “la historia solo es limpia cuando es falsa”. Mi novela quiere ser una invitación a hablar sobre ello. Sin negar que el país ha avanzado en materia democrática, y que estamos a años luz de los regímenes autoritarios del siglo XX, todos tenemos que hacernos cargo del desastre que hemos provocado, sin culpar exclusivamente a los adversarios. Esa manipulación de la memoria es fatal para la sanidad mental y cultural de una sociedad.