Jueves 22 Diciembre 2016
Oculta

El 2016 se despide con rock y blues

En estos días circulan nuevas producciones discográficas nacionales. El rock siempre abunda, pero ahora circulan dos novedades diferentes, una de música experimental académica y otra de blues-country.

 


Viernes Verde

P.M.

Este EP compuesto de cinco canciones es más que un ejercicio de estilo. Aquí hay una carga de experiencia de más de 20 años. Aquí hay consistencia y sobre todo definición. Después de haber desconstruido en parte lo hecho, Viernes Verde retoma el rock intenso, directo y sólido. Es una producción única y cautivadora. Lo es por esos elementos, esos sonidos, esa fuerza y esa forma de compartir un rock en español sin digresión y pulido que merecíamos volver a escuchar. Quizá sea un guiño al rock alternativo de los noventa. De aquí caben destacar, Dormir sin llorar, Todos nadie y El club de los desquiciados, donde la maquinaria VV funciona de manera coherente. Una base (bajo y batería) tensa y pulsante que marcan a la voz y a la guitarra, esta última con efecto, por ratos inflamada y corpulenta, pero siempre con fuerza imponente. VV aún tiene capacidad para sorprender. Y acá está la prueba.

Igor de Gandarias

Memorias sonoras

Esta vez De Gandarias indaga en su lado creativo, en la de compositor musical. Este EP ofrece siete piezas, entre música electroacústica, orquestal, coral y experimental. Para esta tarea se rodeó de grupos y orquestas, como el coro de la Capilla del Valle de la Asunción hasta la Orquesta Sinfónica de Porto Alegre, Brasil. Lo interesante es su obra temprana en lo experimental Trópico (1979), donde echa mano de un instrumental de proyección folclórica, como la caparazón de tortuga, chirimías, tzijolaj o tambor de agua. Pero también sorprende Desde la infancia (1994), pieza orquestal que guarda esos patrones de comportamiento rítmico, melódico y armónico de los cortejos procesionales de Semana Santa. Si escuchamos en conjunto este disco se eleva considerablemente sobre el nivel habitual, porque ofrece exploración, aventura, propuesta y una dimensión muy diferente de la música. En suma, una parcela de música escasísima de encontrar en el mercado nacional.

Fábulas Áticas

El arte de viajar en círculos

La potencia rockera está presente en este nuevo y tercer disco de Fábulas Áticas. Eso sí, guarda un innegable balance pop, notable desde esa voz (Gilberto Lemus) que apenas sube el tono en Alucinante hasta una guitarra (Jorge Díaz Durán) limitada y sin tensión. Ahora bien, la banda se coloca mejor en Choque de cometas y Sálvame. Esta última es en verdad una de las más significativas, que perfila el sonido más propio de la banda, amén que se sale de cauces tan trillados. Hay dos temas más como Círculos y Proyectil, donde al igual que en toda la producción sutilmente incorporan instrumental electrónico y en esta última, el sonido de órgano. Se muestra pasión y solidez (25 años de carrera), y hasta cierto punto un aire y una calidad que no abunda en nuestro país. El flanco débil del disco es la voz de Lemus, que fracasa a veces en encontrar su centro vocal y naturalidad.

Mercedes Escobar

The blue devil

Ya lo he dicho. Estamos ante un volcán vocal llamado Mercedes Escobar, y ahora lanza su disco debut. Aunque su vocación es por el blues, igual puede decantarse por el country rock. De las cinco canciones solo una es en español a ritmo mestizo, Sangre negra, ya acompañada de un videoclip oscuro. Esta joven intérprete y compositora, con actitud contemporánea aparece con la marginada cultura del blues y del country, canal por el cual expresa emociones profundas como también ritmos contagiosos (The devil’s charleston) que acompañan a melodías bien trazadas y con buena resolución vocal. Para el mercado medio su oferta desacomoda, y lo es porque ni la radio ni la televisión difunden ni conocen de estos géneros musicales. Pero no importa, porque Escobar con su canto, a veces con desgarro, vuela muy lejos, un vuelo que alcanza a llegar a cualquier alma humana en cualquier latitud. Sí, ella es la gran relevación del año.

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