Lunes 19 Diciembre 2016
Oculta

Las memorias sonoras de Igor

Sale a luz Memorias sonoras, un disco que recoge la obra del investigador Igor de Gandarias. Esta vez deja los folios de escritura para presentar su lado artístico. Durante más de tres décadas concibió obra coral, orquestal y experimental.

Por: Jorge Sierra elPeriódico

Tampoco hay que caer a confusión. Cuando en la música concreta y en la electroacústica se utiliza el sonido del agua, de las aves o del viento no significa que per se esos elementos sean música. Según el doctor Igor de Gandarias, “es música en el momento que es organizado por una mente. El canto de un pájaro puede ser muy lindo, pero no es música. Entendemos el concepto de música donde está la participación humana”. Esto viene al tema con la presentación del disco Memorias sonoras, que el académico acaba de presentar bajo los auspicios de Adesca, y que recoge siete de sus composiciones creadas entre 1979 al presente año.

Varios grupos

La placa incluye obras de las diferentes épocas vividas como compositor en 37 años, así el oyente encontrará por supuesto música electroacústica, pero también música orquestal, experimental y coral. Para esta tarea, De Gandarias contó con el apoyo de varios grupos artísticos como la Capilla del Valle de la Asunción, Coro de la Universidad de San Carlos de Guatemala, Coro Nacional de Guatemala, Estudio Coral, la Camerata Nacional de Guatemala, el grupo musical del Ballet Moderno y Folclórico, así también de la Orquesta de la Universidad Nacional de Costa Rica y de la Orquesta Sinfónica de Porto Alegre, Brasil.

Hay obras que supusieron un gran trabajo como Interiores de crisol, escrita en 1995 y concebida durante sus estudios de doctorado en EE. UU., que “plantea figuradamente la absorción y eventual disolución de las esencias culturales tradicionales de migrantes indígenas ese país norteamericano”. La obra exigía una masa coral enorme que nunca había sido interpretada, hasta ahora en el estudio de grabación lo que resultó un embrollo si se considera que, “fue grabada en 138 tracks, con un aproximado de sesenta horas de edición, pero que permitió dotarle de una calidad bastante buena”, afirma el compositor.

Pieza premiada

El disco incluye otras piezas como Desde la infancia, que recoge los patrones de comportamiento rítmico, melódico y armónico propios de la música ejecutada por voluminosas bandas que acompañan a los cortejos procesionales religiosos en Guatemala. Luego también se encuentra Trópico que es una obra que, “evoca la fuerza telúrica del trópico con un ensamble de dieciséis nuevos instrumentos aerófonos y de percusión, la mayoría de proyección folclórica”, que por cierto ganó ese año el Premio Nacional 15 de Septiembre. Igual, es una pieza que nunca se había interpretado antes. “Esta es una de esas obras que quedan como espina que hay que sacarse porque uno siente que no se ha llegado a nada, hasta que se escucha, se graba”.

Hay otras obras como Guarimba, Procesional y una que sí había presentado incluso acompañada de imágenes Sinfonías del Trópico. La complejidad que pudiera pensarse de este tipo de obras depende realmente del compositor, es decir, en su creación no dilata más o menos en comparación con las obras instrumentales. “Depende de uno, pero también hay que grabar, recopilar y luego organizar todos los sonidos. En todas las formas o géneros musicales es igual. Al final, la complejidad depende de la obra misma y de las exigencias que tenga el creador consigo mismo”.

De esta manera, se conoce otro lado de un hombre que se ha dedicado casi toda su vida a la investigación sobre el entorno musical de Guatemala, incluidos los garífunas, el son, a los compositores de siglos anteriores o a los compositores experimentales del país e incluso a elaborar un diccionario de la música guatemalteca, pero ahora se descubre su parte de creador.

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