Martes 26 DE Marzo DE 2019
Oculta

Ecos de la FIL

Crónica de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, el evento más importante en su género de las letras iberoamericanas.

Fecha de publicación: 13-12-16
Por: Leonel González elPeriódico
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México, tan rico y desigual como Guatemala, alberga una vez al año el evento literario de mayor convergencia en los países de habla hispana, la Feria del Libro de Guadalajara (FIL), que este año cumplió 30 años y se dedicó a la región que es (para mí) la más importante y productiva en sus letras, América Latina.

Llegué sin credenciales de escritor, editor, periodista o comerciante, sino como un simple lector. Esto me dio libertad para deambular por los pasillos, detenerme en los puestos más atractivos y asistir a las charlas o presentaciones de libros por puro interés personal.

Por ejemplo, el primer día acudí a un conversatorio entre dos autores muy difundidos en América del Sur: Luis Chaves (con s) de Costa Rica y Alejandro Zambra de Chile. El primero es un poeta cuya fama viene en ascenso, sobre todo después de la reciente publicación de su poesía completa por el sello Seix Barrall, y el segundo, además de docente universitario, ejerce de buen poeta, mejor narrador, y excelente crítico literario, que me ha permitido conocer o saber más acerca de escritores poco conocidos en Guatemala.

Conversatorio con Vargas Llosa

Al día siguiente quise asistir a un conversatorio con Vargas Llosa, último nobel latinoamericano (y que seguirá siéndolo por muchos años según las últimas extravagancias de los suecos), pero el tumulto que deseaba entrar al evento me lo impidió. Resultó mejor no haberlo escuchado quejarse por el (según él) mal estado de la literatura latinoamericana actual, donde los autores se conforman con géneros “menores” como el relato, la crónica o el periodismo narrativo, y no tienen suficientes agallas para escribir la gran novela latinoamericana del siglo XXI. Hay que tomar esta declaración como el lamento de un octogenario heredero de la tradición novelística del siglo XIX (basta leer sus primeras —y muy bien logradas— novelas para enterarse de esto), que quedó anclado en esas lecturas de formación y que tiene un ego igual o mayor que su aparato de mercadeo. Y además, si aceptamos la “necesidad” de tener novelas de peso para definir la identidad latinoamericana del principio de este siglo, ya existen: basta hojear 2666 de Roberto Bolaño o La Novela Luminosa de Mario Levrero para cumplir con ese requisito generacional que reclama el peruano.

Opuesto a esto, es destacable el protagonismo que tuvieron los ochenteros, que hicieron sentir que, a pesar del mal augurio divino, el relevo generacional está garantizado.

Las ausencias

Hubo ausencias notables, tanto físicas como editoriales. En las primeras destacó la del cubano Leonardo Padura, que la tarde del viernes 25 confirmó vía electrónica su presencia, pero a la mañana siguiente, horas después del deceso de Fidel Castro, canceló su viaje sin dar explicaciones. No hace falta mucha imaginación para encontrarlas. Y en lo editorial, si estamos hablando de un megaevento dedicado a América Latina y su literatura, es lamentable no encontrar ejemplares de Juan José Saer, Álvaro Mutis, Julio Ramón Ribeyro o el ya mencionado Levrero, entre otros. Esto confirma que la Feria, a pesar de ser un evento cultural, es dirigida por un motor puramente comercial.

Me quedé con los deseos de escuchar a los escritores guatemaltecos, pero el tiempo, la programación y asuntos del corazón se interpusieron entre ellos y yo. Tengo pendiente un acercamiento a ellos.

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