Jueves 18 DE Julio DE 2019
Oculta

El siglo de Kirk Douglas

No ha sido un testigo pasivo de la época que le ha tocado vivir, sino ha contribuido a cambiarla.

Fecha de publicación: 08-12-16
Por: Redacción elPeriódico/Agencias

Inquieto, temperamental, íntegro y contestatario. Pura energía. Así es Kirk Douglas, la última leyenda viva del Hollywood clásico, junto con la también centenaria Olivia de Havilland. Mañana viernes 9 de diciembre el actor cumple cien años, un siglo de vida. En estas diez décadas sus ojos han sido testigos de dos guerras mundiales; de la Gran Depresión; de la crisis del petróleo en la década de los setenta; del derrumbe de las entidades financieras en 2008; de la edificación y caída del Muro de Berlín; de la llegada del hombre a la luna; del ataque contra las Torres Gemelas de Nueva York; de la caza de brujas del senador McCarthy y de un sinfín de acontecimientos más. Cuando nació en diciembre de 1916, Woodrow Wilson era el inquilino de la Casa Blanca. A lo largo de su vida ha visto pasar por esa residencia 16 presidentes, más el que llega ahora, Donald Trump, que lo hará el próximo mes de enero.

Kirk Douglas no ha sido un testigo pasivo de la época que le ha tocado vivir, sino que ha contribuido a cambiarla. En 1959, como productor de Espartaco, incluyó en los títulos de crédito el nombre de Dalton Trumbo, el guionista proscrito hasta entonces por su filiación comunista, un hecho que supuso el principio del fin de las llamadas “listas negras de Hollywood”.

Issur

Issur Danielovitch Demsky era uno de los emigrantes bielorrusos de origen judío, que se habían establecido en Amsterdam, una pequeña ciudad del Estado de Nueva York. Buen estudiante y atleta, fue campeón de lucha libre, pudo ir a la Universidad y se matriculó en la American Academy Of Dramatic Arts para convertirse en actor. Allí coincidió con Lauren Bacall que más tarde le introduciría en el mundo de Hollywood. Cambió su nombre por el de Kirk Douglas para poder abrirse camino en una época marcada por un fuerte antisemitismo.

Llegó a Hollywood en 1945 para rodar El extraño amor de Martha Ivers y en 1950 recibió su primera nominación a los Oscar por El ídolo de barro. Poco después le vimos interpretando a un despiadado productor de cine en Cautivos del mal, papel que le valió su segunda nominación a los Oscar. Se convirtió también en Van Gogh en El loco del pelo rojo, su tercera candidatura a los premios de la Academia. Sus ideas, abiertamente izquierdistas, probablemente fueron la causa de que no consiguiera la estatuilla. Brilló en wésterns como La pradera sin ley o El último tren de Gun Hill y en intensos melodramas como Un extraño en mi vida.

Cuando en 1996 concedieron a Kirk Douglas un Oscar honorífico por toda su carrera, la Academia de Hollywood destacó su figura como una fuerza, no solo creativa, sino también moral dentro de la comunidad cinematográfica. Una voz que siempre se ha hecho oír.