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Internacionales

La ventaja de ser el primer cliente: la tradición del “istiftah” en Irak


El sol sale en el viejo bazar de Erbil, los comerciantes barren el zaguán de sus tiendas y esperan con impaciencia al “istiftah”, el primer cliente de la jornada que les dará buena suerte.

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Para un país como Irak conocido por su hospitalidad, en particular en la mesa siempre atiborrada de comida, la tradición del “istiftah”, que significa “el que abre”, es igual de generosa.

El primer cliente de la jornada tiene el privilegio de fijar el precio del bien o del servicio que va a comprar sin tener que someterse a otra tradición: el regateo.

“El primer cliente es excepcional. Proporciona riqueza y salud directamente de Dios al comerciante al alba”, explica Hidayet Sheikhani.

El hombre de 39 años vende pañuelos y sombreros bordados tradicionales en el bullicioso bazar del centro de Erbil, la capital del Kurdistán iraquí.

Como él, los comerciantes empiezan a pulular por los pasajes de ladrillo del bazar, levantando las persianas metálicas de sus tiendas y degustando un té negro con mucho azúcar para empezar la jornada.

A Sheikhani, la tradición del “istiftah”, tan vieja como el mundo en Oriente Medio, se la transmitió su abuelo que tenía una tienda en este mismo mercado hace un siglo.

Entonces, decía que el “istiftah” marcaba la tendencia del resto de la jornada.

Los comerciantes que todavía no habían vendido nada colocaban una silla delante de su tienda en una señal para sus colegas.

Los que habían hecho su primera venta sabían adónde redirigir a sus próximos clientes. Y es que solo pueden aceptar al segundo cliente una vez que todos hayan tenido su “istiftah”.

Tanto musulmanes como judíos -Erbil albergaba una importante comunidad judía hasta mediados del siglo XX- respetaban esta tradición.

“Dios me lo devolverá”

El origen de esta tradición sigue siendo objeto de debate.

Algunos aseguran que proviene de un “hadiz”, un dicho o un hecho de Mahoma de transmisión tradicional en el que suplica: ¡Oh Dios, bendice a mi pueblo al alba”.

Pero según Abbas Ali, conferenciante en el colegio de Estudios Islámicos de la Universidad Saladino de Irak, la preponderancia de esta costumbre en otras religiones hace pensar que quizá no esté relacionada con el islam.

“Es posible que se trate simplemente de una antigua costumbre respetada durante un tiempo, y que al igual que otras se han convertido en rituales religiosos”, explica el profesor.

Pero independiente del origen, sobrevive, incluso entre los más jóvenes.

Jamal Eddin Abdelhamid, de 24 años, vende nueces tostadas, dulces y especias en el mercado.

“A menudo, los clientes piden miel porque están enfermos. El frasco cuesta en torno a los 14.000 dinares iraquíes (7,90 euros) pero piden 10 mil (5,60 euros) y lo acepto porque es el ‘istiftah'”, dice.

“Sé que Dios me lo devolverá”.

El comerciante que rechaza la oferta de un primer cliente, independientemente de la rebaja que pida, se siente muy culpable.

“Me paso el resto del día triste y me pregunto cómo he podido rechazar la bendición de Dios”, dice el joven.

¿Una tradición amenazada?

Esta tradición se extiende más allá del viejo bazar. Los taxistas, los fontaneros o plomeros pasando por los mecánicos también la han adoptado.

“El primer dinero del día que gano, lo beso y lo llevo a la frente en señal de gratitud”, dice a la AFP Maher Salim, mecánico de automóviles en Erbil.

Pero un “istiftah” no puede llevarse algo gratis, ya que reclamar un bien o un servicio por nada está muy mal visto.

“Aunque fuera mi hermano, le pediría una cantidad simbólica”, confirma Maher Salim.

Pero los centros comerciales amenazan esta costumbre.

Con el desarrollo de Erbil en la última década, han surgido los grandes centros comerciales en la ciudad, ofreciendo una experiencia de compra rápida y práctica.  

Mohammad Khalil siempre hace las pequeñas compras -pan, yogur, queso, verduras- por la mañana en las tiendas cerca de su casa, inundando a los comerciantes de bendiciones.

En comparación, los contactos en los centros comerciales son fríos, lamenta. “No hay ningún sentido del ‘istiftah’, todo se reduce al sistema informático”. 

“La mayoría de las veces la gente que trabaja en las tiendas de los centros comerciales no son propietarios, por lo que no les importa la tradición”.

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