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Internacionales

Cara y efímera, así es la bandera más grande de Centroamérica


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La bandera más grande y costosa de Centroamérica ondeó menos de una semana en El Salvador: el patriótico alarde tuvo que ser arriado a los pocos días, dañado por el viento.

La iniciativa de la alcaldía de San Salvador podría pasar a la historia como uno de los mayores fiascos, amén de entreabrir la puerta a las sospechas de corrupción, por su exagerado costo en tiempos en que la pandemia de covid-19 ha obligado a ser austeros.

Desde que comenzaron las obras de instalación en el concurrido redondel Masferrer, los detractores pusieron el grito en el cielo porque al alcalde Ernesto “Neto” Muyshondt se le había ocurrido izar una bandera de 360.000 dólares.

El edil del derechista partido Alianza Republicana Nacionalista replicó ofendido que la bandera no costaba esa cifra, y no mentía: el pabellón “solo” costó 4.700 dólares, y su instalación unos 300.000 más, según un memorándum de la comuna capitalina.

La astronómica inversión llegó en plena crisis financiera del gobierno municipal, que le reclama al Ministerio de Hacienda el retraso de varios meses en los fondos para el desarrollo local, y le adeuda más de cuatro millones de dólares a la empresa encargada de recoger la basura en la ciudad.

A su vez, el Sindicato de Empleados y Trabajadores Municipales de la Alcaldía de San Salvador mantiene un pugilato con la administración de Muyshondt por la retención de cuotas y salarios, lo cual ha provocado ya más de una huelga, protestas y reclamos a la Fiscalía General de la República.

En medio de este escenario, el alcalde arenero declaró en la ceremonia oficial de inauguración que la bandera más alta y grande Centroamérica era un símbolo de que los salvadoreños se levantarían de la actual crisis tan alto como soñaran.

“Que nada se interponga en los sueños de los salvadoreños porque son la base para construir la capital y el país que queremos”, afirmó Muyshondt, quien evidentemente no contaba con un minúsculo, casi imperceptible detalle: el viento.

¿Mala suerte o sabotaje?

Durante los primeros días el espectáculo fue imponente: el atasco habitual en el redondel donde se cruzan las avenidas Escalón, Jerusalén y Masferrer fue más llevadero por la visión del pabellón de 36 metros de largo por 26 de alto, ondeando con solmene lentitud.

Por sus dimensiones, la del redondel Masferrer clasifica como una “bandera monumental”, y la propia alcaldía había publicado en su web oficial que las mismas requieren ser desmontadas semanalmente para su mantenimiento, pues son vulnerables al sol, la humedad y el viento.

Además, el proceso de izar y arriar el banderón de 600 libras de peso requeriría de unos 50 miembros del Cuerpo de Agentes Metropolitanos, los cuales vieron acción mucho antes de lo que hubieran querido sus jefes.

Primero fue una desgarradura, pequeña pero perceptible, y luego aparecieron otras que crecieron con el tremolar particularmente intenso, causado por las ráfagas del frente frío que golpeó San Salvador a inicios de mes: a las pocas horas, en el mástil ondeaban puros jirones.

Tanto Muyshondt como Torogoz, la empresa que confeccionó la bandera, achacaron la monumental rotura a presuntos actos vandálicos provocados por “objetos externos”, sin precisar cuáles. El alcalde habló de un drone sospechoso, y de disparos hechos desde un vehículo negro, estilo “pick-up”.

Como sea, “la Bandera más grande Centroamérica” se volvió viral, aunque no cómo aspiraban quienes tuvieron la idea de instalarla: memes, burlas y críticas inundaron las redes sociales, dejando mal parada a la gestión capitalina.

En un artículo publicado por el periódico El Faro, el antropólogo y comunicador salvadoreño Jorge Colorado cuestionó el uso de los limitados recursos públicos para fines meramente ideológicos.

“En un año que ha sido devastador para la economía salvadoreña, sin duda estos fondos pudieron haber tenido un destino más favorable y urgente”, razonó Colorado, quien puso de ejemplo el diseño, construcción, lanzamiento y operación del satélite Quetzal-1, gestado en Guatemala.

Por lo pronto, la empresa Torogoz ya se comprometió a restituir la bandera dañada, y sin duda cobrará por ello, una situación que podría repetirse como un costoso “deja vú”, mientras el mástil de 75 metros de alto, hierática y sugerente, se presta para más de una cruda lectura de la política local. 

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