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Internacionales

El miedo de las poblaciones rurales frente a la invasión de los citadinos que huyen del coronavirus


¿Quedarse atrapado en la ciudad o ir a refugiarse en el campo? Muchos europeos se han planteado esta pregunta ante el confinamiento impuesto por las autoridades de sus países, pero las poblaciones rurales temen que los citadinos extiendan el coronavirus al campo.

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“Parigo home, virus!”. En Cap-Ferret, una pequeña ciudad costera en el suroeste de Francia, con muchas residencias secundarias, los ‘parigots’ — una manera peyorativa que se emplea en Francia para designar a los parisinos — claramente no son bienvenidos.

Este grafiti visto en una pared de la localidad marca la pauta en esta región, por el momento menos afectada que otras por el coronavirus, pero que teme una explosión de casos tras la llegada de muchos parisinos.

El lunes por la noche, en un ambiente de éxodo con atascos dignos de un inicio de vacaciones, muchos parisinos prefirieron abandonar sus pequeños apartamentos, antes de que entraran en vigor las restricciones de circulación impuestas por el gobierno al día siguiente.

“Sabemos que los dueños de las residencias secundarias llegaron porque había mucha gente en los supermercados”, afirma Patrick Rayton, alcalde de La Couarde-sur-Mer, un pueblo de la isla de Ré. El puente que conecta a esta pequeña isla francesa con el continente estaba atestado de autos el martes.

Según él, la policía tuvo que intervenir en un supermercado para recordar a la gente las normas de seguridad.

“El problema son ciertos comportamientos. Los que acaban de llegar se apresuraron a hacer sus compras, hubo tensión en algunos comercios. Y como hacía buen tiempo, muchos salieron a pasear en bicicleta o al mar”, lamenta Lionel Quillet, presidente de la Comunidad de Comunas de esta isla en el Océano Atlántico.

Todo esto llevó a las autoridades a tomar el jueves la decisión de prohibir el acceso a las playas del arco mediterráneo francés y de Córcega.

– “Una locura” –

Pero Francia no es el único país que vive esta situación.

Lo mismo pasó en España, en donde la región de Murcia (sureste), conocida por sus playas bañadas por el Mediterráneo, tuvieron que hacer frente a la llegada masiva de madrileños la semana pasada.

Furioso, el presidente regional Fernando López Miras estimó que la población había “convertido la cuarentena en una especie de vacaciones en la costa”. El viernes pasado, decretó el confinamiento de todas las zonas turísticas de la región de Murcia.

Italia, el país del Viejo Continente más afectado por el coronavirus, tuvo que plantearse esta cuestión cuando todo el norte del país fue puesto en cuarentena el pasado 8 de marzo. La víspera, miles de italianos del sur que trabajaban en el norte volvieron a sus casas, pese al riesgo de propagar el virus.

“Muchos de mis amigos se fueron, sobre todo a Milán”, cuenta Vincenzo Tosetti, un actor de 34 años. “Vamos a ver si los italianos tienen un sentido de responsabilidad, pero lo que puedo decir hasta ahora es que no…”, añade.

Para Roberto Burioni, profesor de virología de la Universidad Vita-Salute San Raffaele de Milán, las consecuencias de este éxodo pueden ser graves. “Es una locura” porque los viajeros “se llevan el virus con ello”, dice preocupado.

En cambio, Denis Malvy, responsable de la unidad de enfermedades tropicales de Burdeos (suroeste), estima que si se “respeta las reglas de seguridad”, como mantenerse a más de un metro de distancia de los demás, “no se pone en riesgo a las poblaciones locales”.

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