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Internacionales

Sobrevivir en un vertedero ilegal en Rumania 


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En el vertedero rumano de Pata-Rat, entre montones de basura y un olor pestilente, los niños juegan en medio de inmundicias. Esta “bomba ecológica” tendría que haber cerrado hace años pero para cientos de familias es la única forma de ganarse la vida.

 

Cuando en 2010, Linda Zsiga y su familia fueron expulsados de la casa que ocupaban ilegalmente en Cluj-Napoca, una gran ciudad del oeste del país, fue cerca de este vertedero municipal donde el ayuntamiento los trasladó, en un contenedor sin baño.

 

En las colinas de Pata-Rat, en las afueras de Cluj, se encontraron con docenas de otras familias, en su mayoría gitanas, que vivían en precarios alojamientos. Algunas de ellas, como los Zsiga, habían sido expulsadas, otras se instalaron entre las basuras.

 

Militante de un pequeño partido de izquierda rumano, Demos, Linda Zsiga ha hecho del cierre del vertedero y del realojamiento de las familias uno de sus principales combates, y espera que su lucha se haga eco entre las formaciones políticas en liza para las elecciones europeas del 26 de mayo.

 

“Nadie tendría que vivir aquí, en estas condiciones inhumanas”, se lamenta esta mujer morena con pelo largo, de 37 años.

 

La Comisión Europea también reclama el cierre de Pata-Rat desde hace años y tiene previstos fondos para instalar un nuevo sistema de gestión de los residuos. El ayuntamiento de Cluj, quinta ciudad del país, asegura sin cese que va a ponerlo en marcha, pero siempre acaba aplazándolo.

 

– El “Dallas” de las basuras –

 

Este basurero “es una bomba ecológica ya activada, una explosión solo es cuestión una cuestión de tiempo”, se queja Sandor Körösföy, de la asociación ecologista Floarea de colt.

 

Este activista describe “residuos tóxicos infiltrados en la tierra” e incendios de desechos “varias veces al año”, dejando cenizas tóxicas en la hierba que consume el ganado.

 

Muchos habitantes de Pata-Rat temen sin embargo el cese del funcionamiento del lugar, ya que es su única forma de ingresos. Familias enteras viven de extraer materiales reciclables de dos gigantescas montañas de basuras, altas como edificios de cinco plantas, constaron periodistas de la AFP.

 

“Tuvimos suerte, pero ahora se acabó”, cuenta Claudia, de 68 años, que cree que el recinto cerrará.

 

Residentes desde hace unos 40 años del lugar, bautizado irónicamente como “Dallas”, ella y su marido han mantenido a sus dos hijos revendiendo cartón, botellas de plástico y latas de aluminio.

 

Las autoridades de Cluj recubrieron recientemente con tierra la parte más vieja del vertedero y limitó el acceso a otras dos zonas más nuevas.

 

Rumania, que según Bruselas no cumple con sus obligaciones en materia de gestión de residuos, fue condenada en 2018 por la Corte de Justicia de la Unión Europea por no haber clausurado 68 vertederos públicos que suponían un riesgo para la salud y el medioambiente.

 

– La UE como solución –

Muchos vecinos critican a Bruselas por el cierre del vertedero. Otros, como Linda, en cambio, creen que la solución puede venir de la UE.

 

“Europa puede hacer muchas cosas. Puede aportar fondos para la construcción de alojamientos sociales o para la puesta en marcha de un centro de gestión integrada de residuos”, que el ayuntamiento promete desde hace años, dice este mujer.

 

“Europa es correcta y abierta (…) pero el problema viene de arriba, del gobierno”, se lamenta Zsiga, que critica la “corrupción” de la clase política.

 

Mateias, 51 años, comparte su opinión: “La UE hace muy buen trabajo, nos impone reglas, salvo que no son respetadas”, dice.

 

Este ebanista independiente trabaja como jornalero y admite escarbar la basura alrededor de este peculiar “Dallas” para recuperar prendas o cajas para quemar cuando carece de calefacción.

 

Lejos de la ciudad y de sus diversiones, Bebe, de 11 años, cuenta que pasa sus tardes jugando al fútbol en el tugurio con sus amigos.

 

Todas las mañanas va a la escuela de Cluj en un bus escolar, pequeña compensación ofrecida por la alcaldía a estas familias pobres.

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