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Internacionales

En Etiopía la capital crece y las joyas arquitectónicas se deterioran


La capital etíope fue creada en el siglo XIX por el emperador Menelik II, en una época en la que el imperio se expandió más allá de las tierras del norte del país actual.

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Con sus paredes de yeso rojo y sus balcones de madera, la casa familiar de Berhanu Mengistu en Adís Abeba es testigo desde hace más de un siglo de la llegada al poder y las caídas de emperadores y gobiernos.

Esta mansión sobrevivió al tiempo en un barrio, antaño ilustre, que ahora alberga un sinfín de construcciones modestas.

Destaca en medio de un terreno invadido por la maleza y planta cara a rascacielos convertidos en el símbolo de la transformación fulgurante de Adís Abeba, la capital etíope en busca de modernidad arquitectónica.

En la ciudad sólo quedan algunas casas como la de Berhanu Mengistu, construidas por los cortesanos y los nababs extranjeros de la época imperial. Muchas de ellas decrépitas.

Los barrios pobres de la capital, sobre todo los cercanos a la casa de Berhanu, fueron arrasados para dejar sitio a las torres de hormigón y vidrio que simbolizan el rápido desarrollo económico del segundo país más poblado del continente africano después de Nigeria.

Un desarrollo en detrimento de la herencia arquitectónica de la ciudad. “Se hicieron esfuerzos aislados para proteger y salvar estos edificios históricos, pero es muy limitado”, dice suspirando Fasil Giorghis, un arquitecto de renombre de Adís Abeba.

Menelik II

La capital etíope fue creada en el siglo XIX por el emperador Menelik II, en una época en la que el imperio se expandió más allá de las tierras del norte del país actual.

Fue obra de ingenieros armenios. Algunos dignatarios del entorno del emperador la eligieron como lugar de residencia, como Yemtu Beznash, antepasado de Berhanu, que admistraba un tribunal. También vivían en ella comerciantes indios o yemeníes.

El cosmopolitismo terminó en 1974 con la llegada al poder de la junta militar comunista Derg.

Los magnates extranjeros se marcharon de Adís Abeba y el Derg entregó sus casas a propietarios pobres que no tenían los medios de mantenerlas.

El régimen del Frente Democrático Revolucionario del Pueblo Etíope (EPRDF), que derrocó el Derg en 1991, estuvo marcado por un auge económico que favoreció los rascacielos, a menudo inacabados y construidos por empresas chinas.

Maheder Gebremedhin, arquitecto y presentador de un programa de radio sobre comercio, atribuye el deterioro de los edificios al coste y a la complejidad de su mantenimiento, así como a la relación ambivalente respecto al pasado imperial del país. “Nadie está realmente interesado en guardar estos edificios”, estima.

Foto EDUARDO SOTERAS / AFP

Decadencia

Sólo un puñado de edificios históricos fueron restaurados gracias al esfuerzo del gobierno y a donantes privados, como uno de los palacios de Menelik y la casa de un exministro de Defensa convertida en museo.

Las autoridades locales reconocen que la mayoría de los 440 lugares de la capital catalogados como patrimonio histórico se vienen abajo con los años.

“Nuestra capacidad de país en desarrollo no nos permite reparar continuamente”, justifica Worku Mengesha, un portavoz de la Oficina de Turismo de Adís Abeba.

Hace diez años, varias embajadas y etíopes interesados en la conservación del patrimonio intentaron restaurar la casa Mohammedali, antigua propiedad de un rico mercante indio, pero todo se quedó en nada debido a la burocracia y a la pésima formación de los obreros.

La mansión quedó al abandono y los coches aparcan bajo sus arcos de inspiración india.

El antiguo palacio de Hojele Al Hasen, un rico dignatario de la época de Menelik, alberga a gente originaria de la región del Oeste, de donde provenía él.

Se pasan el día charlando bajo las galerías de madera que rodean el edificio. Pero la vetustez del palacio salta a la vista y un ala usada como colegio fue precintada por motivos de seguridad.

Hace tres años, cuando las autoridades decidieron arrasar el barrio de chozas donde se encuentra la casa de Berhanu, este logró salvarla haciendo que la declarasen edificio histórico. Quiere convertirla en museo.

“No es sólo nuestra propiedad, sino que pertenece a todos los etíopes y al pueblo de Adís Abeba”.

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