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Internacionales

Hace un siglo, el correo echó a volar


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El 25 de diciembre de 1918 se inaugura, entre la ciudad francesa de Toulouse y Barcelona, el primer trayecto del correo aéreo que con el tiempo llegará hasta América del Sur: es el inicio de la mítica epopeya de la Aéropostale.

La idea de una aerolínea de correos internacional había sido imaginada en los últimos meses de la Primera Guerra Mundial por un capitán visionario de la industria, el francés Pierre-Georges Latecoere.

Para materializarla, debía construir aviones más eficientes en su fábrica de Toulouse (sur).

En una época en que los pilotos se guiaban por la vista y volaban con la cabeza al aire, su sueño se asemejaba a la locura.

“Hice todos los cálculos. Confirmo la opinión de los expertos. Nuestra idea es irrealizable”, dijo Latecoere. “Solo nos queda una cosa por hacer: llevarla a cabo”, añadió.

– “Demente” –

Cuando su biplano Salmson despegó con destino Barcelona el día de Navidad de 1918, Latecoere se sentó detrás del piloto, René Cornemont, según el libro “Aéropostale” (2010).

El avión realizó el trayecto en 2h y 20 minutos. Con sus cartas y paquetes a bordo, dio a luz al correo aéreo.

Nueve meses después, en septiembre de 1919 y con una flota de aviones Breguet 14, la aerolínea estrenó la ruta entre Francia y su colonia de Marruecos, a razón de ocho vuelos mensuales.

En octubre de 1920, la compañía perdió a su primer piloto, al estrellarse su avión. Los accidentes fatales se multiplicaron.

La prensa habló de un desafío “demente” y de un “sacrificio inadmisible”.

– Rehén –

Pero con la innovación tecnológica, la aerolínea, llamada entonces Compañía General de Empresas Aeronáuticas, siguió adelante. En 1923, contaba con una flota de 100 aviones, habiendo transportado tres millones de cartas.

En su trayecto a Dakar, en Senegal, otra colonia francesa, la aerolínea puso a disposición dos aviones, uno para asistir al otro en caso de aterrizaje de emergencia, dado que sobrevolaban la zona del desierto donde vivían las tribus rebeldes de los moros.

El piloto Jean Mermoz se hizo famoso cuando debido a una avería, fue secuestrado por rebeldes, quienes lo liberaron tras el pago de un rescate.

 

Otra leyenda de la Aéropostale fue Antoine de Saint-Exupéry. El autor escribió una de sus primeras novelas “Courrier sud” cuando trabajaba en el aeródromo de Cabo Juby, entonces bajo administración española (hoy en día Tarfaya, Marruecos). En ese lugar, entre el océano Atlántico y las dunas ocres del Sáhara, el escritor halló su decorado para “El principito”.

– Destino América Latina –

En 1927, Latecoere vendió la compañía al empresario francés Marcel Bouilloux-Lafont, basado en América Latina, quien introdujo el servicio y rebautizó la compañía como Aéropostale.

Desde 1928 el correo era llevado por avión a Seneal, desde allí cruzaba el Atlántico en barco hasta el norte de Brasil y luego nuevamente era llevado por avión hasta argentina y Chile.

En mayo de 1930, Jean Mermoz llevó a cabo el primer vuelo comercial a través del Atlántico sur, entre San Luis, en Senegal, y Natal, en Brasil, con un hidroavión Late 28.

Otra figura de la aerolínea fue Henri Guillaumet, quien cruzaba la peligrosa cordillera de los Andes, entregando el correo entre Buenos Aires y Santiago.

En junio de 1930, su Potez 25 aterrizó de emergencia en las montañas. Fue rescatado por una aldeana después de haber caminado durante días en la nieve.

“Lo que hice, no lo habría hecho ningún animal”, dijo luego a Saint-Exupéry.

Para entonces, Aéropostale se hallaba en una delicada situación financiera y en 1933 fue adquirida por un grupo de aviación que luego se convertiría en Air France.

Mermoz desapareció en el mar en 1936, de la misma manera que Guillaumet y Saint-Exupéry unos años después sobre el Mediterráneo durante la Segunda Guerra Mundial.

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