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Internacionales

Raúl Castro, el líder pragmático que intentó un socialismo sostenible 


Raúl Castro estuvo durante décadas a la sombra política de su hermano Fidel, como un eterno y leal escudero, quien tras asumir la Presidencia intentó hacer un equilibrio con reformas económicas pero sin cambios políticos.

 

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La enfermedad de su hermano Fidel le llevó de manera interina a la presidencia en 2006, aunque en un primer momento mantuvo la línea política asegurando que las grandes decisiones se las consultaba al histórico líder guerrillero.

En 2008, tras ser elegido para asumir su primer mandato, empezó paulatinamente a imponer su estilo. El cambio más importante fue el cese en 2009 del vicepresidente Carlos Lage y el canciller Felipe Pérez Roque, considerados «delfines» de Fidel Castro y que fueron acusados de haberse cegado por «la miel del poder».

Aquellos sonados cambios desviaron el foco de otro aspecto: Raúl Castro remodeló más de la mitad de su gabinete ministerial colocando en primera línea a funcionarios discretos que le habían sido leales durante años de trabajo en puestos intermedios del Estado y el Partido Comunista de Cuba (PCC).

Con fama de exigente en el trabajo y familiar en la intimidad, Raúl Castro era consciente de que no tenía el carisma de Fidel, por lo que prefirió el protagonismo de las instituciones sobre las personalidades a la hora de tomar decisiones.

Sus primeras reformas permitieron a los cubanos tener una línea de teléfono móvil, que hasta entonces solo era para empresas y extranjeros, comprar y vender casas y vehículos o alojarse en hoteles internacionales.

En lo institucional reestructuró ministerios, creó la Contraloría General de la República para auditar la Administración del Estado y relanzó la capacidad recaudadora de la Oficina Nacional de la Administración Tributaria (ONAT).

Alejado de los discursos maratonianos de Fidel Castro, él prefirió tener pocas apariciones públicas y ha sido entre bambalinas, con la delegación de poder en los segundos espadas, donde mejor se ha desenvuelto su gestión presidencial.

Entre sus logros quedará el restablecimiento de las relaciones diplomáticas con el enemigo histórico Estados Unidos y la aprobación de reformas económicas en la isla, aunque sin cuestionar nunca el modelo socialista.

«No he sido elegido para reintroducir el capitalismo», llegó a asegurar Raúl Castro en una de sus intervenciones ante el Parlamento.

Impulsar las necesarias reformas económicas fue su mayor preocupación pero siempre sin cuestionar los cimientos políticos del sistema unipartidista.

Después de décadas con el Estado como único empleador, ahora más de medio millón de cubanos engrosan las filas del trabajo autónomo. Sin embargo, solo ocupan sectores menores de la hostelería, talleres de reparación o pequeñas tiendas de ropa, mientras el Estado mantiene el monopolio en los grandes sectores estratégicos y controla las importaciones y las exportaciones.

En 2016, Cuba registró una contracción del producto interior bruto (PIB) del 0,9 por ciento, la primera recesión económica en la isla en los últimos 20 años, en gran parte como consecuencia de la crisis política que atraviesa su aliado venezolano.

«Cualesquiera que sean sus méritos, una economía sustentable no es uno de ellos», reconoce a dpa el académico cubano Arturo López-Levy, profesor de la Universidad de Texas-Rio Grande Valley.

El politólogo López-Levy señala como «las reformas han creado equilibrios parciales en los que las políticas adecuadas, como la apertura al sector privado, carecen de adecuada complementariedad».

Para su sucesor quedan pendientes medidas que Raúl Castro intentó pero no fue capaz de llevar adelante, como la necesaria unificación de las dos monedas que circulan en la isla o consolidar el papel del sector privado en la economía.

Raúl Castro, de 86 años, deja la Presidencia de Cuba, pero se mantendrá al frente del poderoso Partido Comunista hasta 2021, cuando se celebre el próximo congreso de la agrupación comunista, desde donde podrá supervisar la transición generacional.

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