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Domingo

Frustración en Oriente Próximo: EE. UU. experimenta sus propios límites


Barack Obama siempre ha querido marcar distancia con respecto a su predecesor, pero ha despertado expectativas que no se han cumplido.

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Martin Bialecki • DPA – Estados Unidos vive en Oriente Próximo con impotencia y frustración los límites de su inmenso poder. El fracaso del programa de entrenamiento de rebeldes sirios, maquillado como “suspensión operativa”, es tan solo uno de los muchos reveses en un patrón que se repite desde hace años con contradicciones indisolubles, promesas incumplidas, falta de conocimiento y arrogancia retórica.

“Paciencia y perseverancia estratégica”. Así describió el presidente estadounidense, Barack Obama, el principio de su política para Oriente Próximo. Pero ahora que los cazas rusos también están lanzando bombas sobre Siria, esa paciencia parece más bien paralización, según The New York Times. Estados Unidos no ha podido hacer otra cosa que contemplar cómo el presidente ruso, en contra de todo lo previsto, ha cogido las riendas de la iniciativa.

Y esto tiene mucho que ver con Barack Obama.

Siempre ha querido marcar todas las distancias con respecto a su predecesor George W. Bush y evitar que reprodujeran capítulos sangrientos como la guerra de Irak. Ha querido ser un hombre de paz que quería dar un nuevo rumbo a un Estados Unidos cansado de la guerra, pero el problema durante años es que Obama, ese orador tan brillante como carismático, siempre ha conseguido despertar unas expectativas que no se han cumplido.

El primer ejemplo de ello es el proceso de paz entre Israel y los palestinos. Quería lograr la paz en dos años y con ello todas las partes se han arruinado. “El proceso de paz está completamente en ruinas”, señala Aaron David Miller en RealClearWorld. Y con ello también la credibilidad de Estados Unidos.

Ejemplo número dos: la lucha contra las hordas terroristas del Estado Islámico (EI). Estos días en Washington no hay prácticamente ninguna reunión de la Casa Blanca, el Departamento de Estado o el Pentágono en la que no se presente un listado de los “éxitos” o los “avances en el camino a la victoria”. Estados Unidos ya lleva 7 mil 300 ataques aéreos al frente de la alianza liderada contra el EI. Pero logros reales, tangibles, no hay a excepción de algunos destacados comandantes de EI.

Los expertos señalan que la estrategia de Estados Unidos para Siria y el EI es muy estrecha de miras. No se puede estar en contra de Bachar el Assad y rechazar a la vez a todos sus adversarios. No negociar en esto con Irán y combatirlo allí de facto. Tampoco es acertado centrar toda la atención en EI, cuando en la región existen muchos otros grupos. Al Gobierno de Estados Unidos sencillamente le falta conocimiento sobre la región y la suficiente experiencia en la materia.

Con su política, Estados Unidos ha conseguido irritar a casi todos los socios importantes en la zona, apunta The Hill. Egipto, Arabia Saudí, Yemen, Israel e Irán. “Se ha sembrado la desconfianza entre las naciones, así como entre las naciones y Washington. Ni siquiera se consiguen poner de acuerdo en quién es ‘terrorista’ y quién no”.

Otros ejemplos: en Irak, la rápida retirada de tropas condujo a un vacío de poder que de inmediato aprovecharon Al Qaeda, EI y otros. En Yemen no funcionó la estrategia de sobre todo abrir paso a tiros la democracia con amenazas. En Egipto dieron un giro radical desde el apoyo a los Hermanos Musulmanes hasta una reanudación de la ayuda militar para los generales.

“Confusa”, “alucinante” y “desastrosa” son solo algunos de los comentarios más amables que se han escuchado de analistas en Washington.

Los republicanos no dejan de apasionarse hablando de la “descomposición” de la política exterior y una retirada de Estados Unidos del mundo.

Pero realmente nadie tiene una idea buena para Oriente Próximo, apunta Foreign Policy, que describe sin rodeos las propuestas de los republicanos como un “galimatías”.

Obama, que llegó al cargo sin una experiencia previa en la política exterior, quiso lograr en Cercano Oriente algo así como un equilibrio de fuerzas. Un propósito ingenuo a la vista del entramado interminable de intereses, agrupaciones, confesiones religiosas e historia.

Se le señala como error histórico que en 2014 trazase la famosa “línea roja” para Assad, que el mandatario cruzó sin que aquello tuviera consecuencias. El dictador hizo uso de las armas químicas y, aunque Assad tuvo que entregar esas armas, hasta la fecha no ha tenido que responder por ello.

¿Y cómo seguir? Tras cuatro años sin éxitos en la política para Siria, solo le queda contemplar con paciencia estoica hasta que Rusia retroceda espantada ante la posibilidad de que Siria se convierta en un nuevo Afganistán y se abra así la posibilidad de una solución diplomática.

Hasta entonces, en el Pentágono crece a diario la preocupación de que se produzca un choque de aviones estadounidenses y rusos sobre el cielo sirio. Y a diario sigue el flujo de refugiados que abandonan Siria y que ya suman más de 4 millones fuera del país.

El Gobierno de Estados Unidos no debería prometer nada más, reclaman los expertos. Debería impulsar la realpolitik, negociar, tomar la delantera, así como ya lo hizo (no sin que se le cuestionara) en el acuerdo nuclear con Irán o con la negociación del acuerdo comercial transpacífico TPP.

Nadie confía en que se pueda poner fin al conflicto en Siria en los 15 meses que le quedan a Obama de inquilino en la Casa Blanca.

De forma mordaz el historiador británico Nial Ferguson lo resumía en el Wall Street Journal al señalar: “La tormenta en el mundo musulmán, las tretas de una débil y despiadada Rusia y la ambición de China. Para todo ello el presidente tiene respuestas tan lamentables como inadecuadas”.

“América no es la policía del mundo”, dejó bien claro al principio de su mandato Obama. Pero en los hechos la situación resulta algo paradójica.

Se está a favor siempre de la paz en el mundo y en contra de la presencia de soldados estadounidenses en países extranjeros, pero cuando allí las cosas no funcionan por sus propios medios, las estructuras se descomponen y surge un vacío de poder, todos los dedos apuntan a Estados Unidos: Ustedes son los poderosos. Arréglenlo.

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