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Economía

“Queremos tener un café de calidad”


Elvia Monzón, presidenta de la Cooperativa Integral de Pequeños Productores de Rancho Viejo.

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La Cooperativa Integral de Pequeños Productores de Rancho Viejo, en San Antonio Huista, Huehuetenango, ha obtenido sus primeros logros de la mano del liderazgo de Elvia Monzón, la primera mujer en integrar la Asociación Integral de Caficultores (AIDEC), previo a convertirse en Cooperativa. Sin embargo, el camino no ha sido fácil. Desde lo personal ha tenido que luchar contra estereotipos que ha ido disolviendo al abrirse camino en un sector dominado por hombres.

Monzón tiene 50 años y se define como caficultora desde que nació. “No todo es color de rosa en el café porque a veces le va a uno mal, los precios muy bajos, no son tan rentables pero a mí me ha gustado porque nací y crecí en el café”, afirmó. Desde pequeña ayudaba a su papá a cortar café en un terreno propio, la cosecha era para consumo del hogar, pero luego él empezó a sembrar un poco más para venderlo en su comunidad.
Elvia es la primera de siete hijos (la mayoría mujeres) y cuando cumplió 17 años su padre le dio cinco cuerdas de terreno para que cultivara y luego sostuviera a sus cuatro hijos. Tras el abandono de su esposo, ella decidió aprender sobre el cultivo del café y buscar mejores oportunidades para vender a mejores precios.

¿Cómo llegó a la Asociación Integral de Caficultores de Rancho Viejo?

– Escuché que había un grupo que se estaba reuniendo para ver si podían conseguir mejores precios. Me dio un poco de pena acercarme porque solo habían hombres. Pero me llamaba la atención y pensé que por algo tenía que empezar. Tenían acompañamiento de la Asociación Nacional del Café (Anacafé), había una señorita que llegaba a asesorar y ella me motivaba.

Luego fui invitando a otras señoras, porque yo les decía que era bueno que nos organizáramos que tal vez no veíamos los resultados de inmediato, pero que iban a haber. Además, buscaba mejores precios para todos los asociados y asociadas y mejoras para la comunidad. Creo que no voy mal porque lo hemos logrado.

¿En qué momento pasa de asociación a cooperativa?

– El primer representante de la organización fue hombre y en segundo lugar me nombraron a mí como representante legal. No contábamos con nada y cuando se hacía la asamblea teníamos que aportar dinero. En 2015 asumí el cargo como presidenta de AIDEC. En una ocasión habíamos hecho todas las vueltas para ganar un beneficio, pero como no éramos cooperativa lo perdimos. Entonces surgió la idea de ser cooperativa.

¿Cómo empiezan a comercializar su café con la Asociación de Cooperación al Desarrollo Integral de Huehuetenango (Acodihue)?

– Cuando asumí el cargo empezamos a comercializar café con Acodihue, una organización de segundo nivel. Ellos exportan a Estados Unidos y  Europa. Pero nosotros todavía no tenemos clientes para exportar directamente. Ellos ofrecían pagarnos un poquito más y nos enviaban a alguien para que nos capacitara en los temas de café. Ahí empezaron a quedar algunas ganancias. Hemos comercializado 1,200 a 1,300 quintales y producimos al año alrededor de 3 mil quintales.

Los primeros sueños

En 2017, la organización se transformó en cooperativa, y ella fue reelecta como presidenta para un periodo de dos años. Sin embargo, este año la pandemia pausó la asamblea y continuó en el cargo. En febrero, cumplió otro sueño que tenía para la cooperativa: una tostadora de café.
“Cuando me preguntaban, ¿qué quisiera para la organización?, yo les decía: me gustaría que hubiera una tostaduría de café para prestar el servicio a los asociados”, recordó.

La tostadora de café fue donada por el Programa Centroamericano de Gestión Integral de la Roya del Café (Procagica) ejecutado por el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA) con la Unión Europea.

 

¿Qué beneficios han obtenido con la donación de la tostadora?

– Lo primerito fue que generó empleo para los jóvenes porque migran por no tener un empleo. Tal vez no somos capaces de abastecer todo pero siento que ya empezamos. Por otro lado, se está prestando un servicio a los asociados porque ya no tienen que estarse quemando en un comal para tostar su café. Es un servicio para nosotros y ya se toma un café de calidad.

¿Cuántos jóvenes se han involucrado en la cooperativa?

– Ya tenemos tres jóvenes asociados de 20 a 22 años, pero nos falta involucrar a algunas señoritas, las que ya están trabajando son hijas de los asociados.

¿Cuál es el siguiente paso para el crecimiento de AIDEC?

– Muchos socios venden parte de su producción a intermediarios porque no tenemos dónde acopiar el café. Yo siempre dije: cuando recibamos la tostadora mi otro sueño es comprar el predio para la bodega de acopio de café. Gracias a Dios hemos logrado comprar el predio. Es accesible porque está a la orilla de la carretera, hay lugar para parqueo y la bodega.

Impacto de la pandemia

Aunque la tostadora llegó previo al confinamiento y restricciones de movilidad provocadas por el COVID-19, las ventas de la cooperativa disminuyeron un 30 por ciento. “Cuando empezó la enfermedad nosotros todavía estábamos mandando café, pero fue muy difícil enviar las muestras porque no había transporte y los asociados se preocuparon por sus inversiones”, afirmó Monzón.

Ahora sus prioridades se enfocan en buscar clientes directos que compren café para la exportación. “Estamos luchando y viendo cómo conseguir un mercado propiamente de la cooperativa”, agregó. Actualmente 56 pequeños productores integran la cooperativa, 17 son mujeres. Cuando Elvia inició había 15 hombres.

¿Qué planes tienen a corto plazo?

– Nuestro pensamiento es mejorar nuestra producción y seguir con la alianza que tenemos con Acodihue. Además, queremos tener un producto de calidad para que sea buscado por los clientes.

 

El liderazgo de Elvia

Cuando en el 2015 pasó a dirigir AIDEC, Elvia ya había logrado sumar a más de 10 mujeres productoras.  Sin embargo, ella recuerda algunas palabras de sus compañeras que resaltan su empoderamiento debido a que es madre soltera. “Pienso que si está el esposo en la casa yo creo que sí puede uno participar, pero no llegar a tanto en la organización. Tal vez el esposo autoriza, pero que uno tenga un sueldo, pero yo no tengo”, comentó.

 Acceso al financiamiento

Una de las principales dificultades que ha tenido la cooperativa es el acceso a créditos. “Fui tan atrevida que para juntar un poco de dinero en la cooperativa tuvimos que dar la escritura de mi terreno como hipoteca y poderle dar a los asociados un su pequeño crédito para que pudieran comprar sus fertilizantes o hacer sus trabajos”, dijo Monzón.

 

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