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Economía

Por qué la gente está quedando excluida por los precios del renacimiento urbano de Estados Unidos


DEBATING POLITICS, ECONOMICS AND OTHER TIMELY TOPICS WITH PAUL KRUGMAN OF THE NEW YORK TIMES

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(Esta columna clásica de Paul Krugman fue publicada originalmente en The New York Times el 30 de noviembre de 2015, poco después de que el señor Krugman se mudara a Manhattan desde Nueva Jersey.)

Nueva York, Nueva York. ¡Vaya ciudad! Los alquileres son altos, pero la tasa de delincuencia es baja. La comida está mejor que nunca, y la escena cultural es vibrante. En verdad, es una época dorada para la ciudad a la que me mudé hace poco; si es que uno puede pagarse la vivienda. Pero cada vez más gente no puede.

Y no es solo Nueva York. Los días en que las imágenes distópicas del deterioro urbano impregnaban la cultura popular –¿se acuerdan de la película Escape From New York?– ya son historia. En cambio, la situación en muchas de nuestras ciudades icónicas es de aburguesamiento, un proceso obvio a simple vista y cada vez más visible en los datos.

Específicamente, el Estados Unidos urbano alcanzó un punto de inflexión hace aproximadamente 15 años: luego de décadas de deterioro, las ciudades centrales empezaron a enriquecerse, a volverse más educadas y, sí, a volverse más blancas. Actualmente, nuestros centros urbanos están ofreciendo cada vez más servicios, pero principalmente a una minoría muy rica.

Pero, ¿por qué está pasando esto? ¿Y hay alguna forma de diseminar más ampliamente los beneficios de nuestro renacimiento urbano?

Empecemos admitiendo que un factor importante seguramente ha sido la drástica caída en las tasas de delincuencia. Para los que recordamos la década de 1970, Nueva York en 2015 es tan seguro que resulta surrealista. Y la verdad es que realmente nadie sabe por qué pasó eso.

Pero ha habido otros motores del cambio: sobre todo, el auge a nivel nacional de la desigualdad.

Es un hecho conocido (incluso cuando los sospechosos de siempre siguen negándolo) que la concentración del ingreso en manos de una pequeña minoría ha aumentado durante los últimos 35 años. Esta concentración es todavía más alta en las grandes áreas metropolitanas como Nueva York, porque esas áreas son donde tienden a ubicarse las industrias de elevados salarios que requieren personal altamente calificado, y donde los muy ricos a menudo quieren vivir. En general, estas elites de alto ingreso consiguen lo que quieren, y lo que han querido, desde 2000, ha sido vivir cerca del centro de las grandes ciudades.

Sin embargo, ¿por qué los estadounidenses de ingresos altos ahora quieren vivir en el centro de las ciudades, en lugar de en propiedades suburbanas extensas? Aquí tenemos que prestar atención a la vida cambiante de los ricos, en particular, a sus hábitos de trabajo.

Para darnos una idea de cómo solían ser las cosas, permítanme citar un artículo clásico de la revista Fortune de 1955 intitulado How Top Executives Live. Según ese artículo (léalo aquí: for.tn/2ghMo3S), el ejecutivo típico “se levanta temprano –alrededor de las 7 a.m.– toma un desayuno abundante y se apresura a ir a su oficina en tren o auto. Luego de estar desde las 9 a.m. hasta las 6 p.m. en su oficina, no es raro que llegue corriendo a su casa, cene y se meta a la cama con un portafolio lleno de trabajo”. Bueno, bajo los estándares de la elite empresarial actual, lo anterior de hecho es un estilo de vida muy relajado.

Y tal como han argumentado varios documentos de investigación recientes, la persona de ingresos altos de la modernidad, con sus largas horas de trabajo – y, en la mayoría de los casos, con una pareja que trabaja (en lugar de quedarse en casa)–, está dispuesta a pagar mucho más que los ejecutivos de antes por una ubicación céntrica que reduzca su tiempo de desplazamiento. De ahí el aburguesamiento. Y es un proceso que se autoalimenta: conforme más gente de alto ingreso se muda a los centros urbanos, estos centros empiezan a ofrecer servicios –restaurantes, plazas comerciales, entretenimiento– que los vuelven aún más atractivos.

Aquí no estamos hablando solo de los súper ricos, ni siquiera del uno por ciento. Adivinando, podríamos estar hablando del diez por ciento superior. Y para estas personas, hablamos de una historia feliz. Pero, ¿qué me dicen de toda la gente, indudablemente una gran mayoría, que es excluida por los precios del renacimiento urbano de Estados Unidos? ¿Tiene que ser así?

La respuesta, con seguridad, es que no, al menos no al grado en que lo vemos ahora. El aumento de la demanda de vivienda urbana entre la elite podría satisfacerse en gran parte incrementando la oferta. Sigue habiendo espacio para construir, incluso en Nueva York, especialmente hacia arriba. No obstante, aunque en la ciudad se está dando algo así como un auge de la construcción, es mucho menor que lo necesario para el aumento de los precios, debido principalmente al obstáculo de las restricciones en el uso de suelo.

Esto forma parte de una historia nacional más amplia. Tal como lo señaló recientemente Jason Furman, presidente del Consejo de Asesores Económicos de la Casa Blanca, los precios nacionales de la vivienda han aumentado mucho más rápidamente que los costos de construcción desde la década de 1990, y las restricciones al uso de suelo son el culpable más probable. Sí, es un tema donde no hay que ser conservador para creer que tenemos demasiadas regulaciones.

La buena noticia es que es un tema en el que los gobiernos locales tienen mucha influencia. La ciudad de Nueva York no puede hacer mucho, si acaso, sobre la creciente desigualdad en el ingreso, pero pudiera hacer mucho para incrementar la oferta de vivienda, y garantizar así que la inmigración de la elite no expulse a todos los demás. Y su alcalde actual lo entiende.

¿Pero ese entendimiento llevará a alguna acción? Ese es un tema al que tendré que volver otro día. Por ahora, solo digamos que en esta era del aburguesamiento, la política de vivienda se ha vuelto mucho más importante de lo que se da cuenta la mayoría de la gente.

Paul Krugman es ganador del Premio Nobel de Economía en 2008.

© 2016 The New York Times.

“Distribuido por NYT Syndicate”.

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