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Economía

Los medios persiguen a Clinton, pero a Trump se la dejan pasar


DEBATING POLITICS, ECONOMICS AND OTHER TIMELY TOPICS WITH PAUL KRUGMAN OF THE NEW YORK TIMES

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El último mes ha sido una desgracia para los medios de noticias, con titular tras titular, informe noticioso tras informe noticioso, sobre los supuestos escándalos Clinton que obviamente eran patéticos. Todo esto creó un “aura de escándalo” en torno a Hillary Clinton, pese a que, como señaló recientemente Greg Sargent, de The Washington Post, los votantes no pudieron aportar detalles cuando se les presionó.

Mientras tanto, los medios continuaron con su increíble récord de restar importancia al extremismo de Donald Trump y a sus muchos escándalos reales.

Supongo que esto habría pasado incluso si la señora Clinton no hubiera utilizado un servidor privado para su correo electrónico en el Departamento de Estado. Para empezar, el escándalo del correo electrónico siempre ha sido una historia obviamente (¡obviamente!) trivial, por lo que la abrumadora magnificación de los medios reflejó un deseo de  perseguir a Clinton, no algo objetivo. Y la forma en que la Fundación Clinton (que, ya saben, salva vidas de niños) fue presentada negativamente, muestra que de no haber sido por los correos electrónicos, los medios habrían encontrado otra cosa para fingir que era un escándalo.

La buena noticia, pienso, es que hemos alcanzado cierto tipo de punto de inflexión.

Matt Lauer pudo habernos hecho a todos un favor con su catastrófico desempeño como moderador del reciente foro de candidatos celebrado en Nueva York. Por un lado, al dedicar tanto tiempo a los correos electrónicos de Clinton y al precipitarse sobre sus comentarios sobre el Estado Islámico y, por el otro, al dejar pasar la mentira de Trump sobre la guerra de Irak, Lauer presentó una demostración tan gráfica del doble estándar prevaleciente que fue difícil ignorarlo.

Pero no solo ha sido Lauer, pienso que la acumulación de ejemplos verdaderamente malos finalmente pudo haber alcanzado masa crítica.

Entonces, tal vez, solo tal vez, se trata de un punto de inflexión. No estoy diciendo que Clinton tenga que (o deba) estar exenta de críticas. Lo único que ella y el país necesitan son periodistas que describan las cosas como realmente son, y que no pretendan que su falibilidad humana sea tan mala, o peor, que el récord de Trump de comportamiento pésimo y la promesa de más.

Por otro lado, quizá no hemos aprendido nada. Tal vez el primer debate presidencial estará lleno de preguntas sobre correos electrónicos, mientras que a Trump se le permitirá mentir libremente. Si es así, lloren por Estados Unidos.

¿Por qué los medios son objetivamente pro Trump?

Porque lo son, en este punto. Ni siquiera se trata de falsa equivalencia: compare la atención dedicada a la Fundación Clinton pese a la ausencia de evidencia de crimen con la atención dada a la Fundación Trump, que participó de actos de soborno de forma más o menos abiertos, pero que apenas hizo mella en la cobertura de las noticias.

Clinton también fue acosada interminablemente por su falla para dar conferencias de prensa, pese a que estaba ofreciendo muchísimas entrevistas. Trump violó décadas de tradición al negarse a dar a conocer su declaración de impuestos entre la sospecha de que está escondiendo algo, pero la prensa simplemente soltó el tema.

Brian Beutler, de The New Republic, sostuvo recientemente que todo esto tiene que ver con que los medios están protegiendo sus propios intereses, principalmente el acceso. Pero no pienso que eso baste. No explica por qué los correos electrónicos de Clinton fueron una historia de nunca acabar, pero la desaparición de millones de correos electrónicos del presidente George W. Bush no lo fue. También, la revelación de que Colin Powell, exsecretario de Estado, efectivamente aconsejó a Clinton sobre cómo usar el correo privado como lo hizo él ni siquiera ha sido informada por algunas organizaciones grandes de noticias.

Y no veo cómo todos los resoplos con respecto a la Fundación Clinton (que “generó preguntas”, pero que los medios estuvieron completamente indispuestos a aceptar las respuestas que encontraron) encajan en el argumento de Beutler.

No, es algo especial de las Reglas Clinton. Realmente no lo entiendo, pero se siente como una grupito haciendo bullying a un compañero de clase con onda nerd porque es cool hacerlo.

Como lo temía, parece como que la gente que provocó falsas alarmas por cosas que no eran un escándalo actualmente participa de un esfuerzo total por hurgar o inventar suciedad para justificar su hostilidad previa hacia Clinton.

Resulta difícil creer que dicha mezquindad pueda tener terribles consecuencias. Pero tengo mucho miedo.

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