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Economía

Participando de la “evasión a largo plazo”


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Una de mis grandes quejas respecto de gran parte de la discusión sobre los temas económicos actuales se centra en lo que considero la “evasión a largo plazo”. Con esto quiero decir, el intento por cambiar el tema alejándolo del desempleo y la demanda inadecuada para dirigirlo a los asuntos supuestamente más fundamentales de la educación y la reforma estructural.

Dichos esfuerzos por cambiar el tema me parecen equivocados y, hasta cierto punto, cobardes. Después de todo, si el problema claro y presente de nuestra economía es la demanda inadecuada, entonces deberíamos instituir políticas para encarar ese problema. No me interesa qué tan importante crea que es el largo plazo; deberíamos encarar la crisis que tenemos ahora.

Y a menudo es obvio que buena parte del motivo por el que algunas personas quieren cambiar el tema es que no quieren asumir una postura de ningún lado del debate entre la austeridad y el estímulo, porque hacerlo provocará que otros les griten. Bueno, sí; esta es una discusión importante, y negarse a tomar bando es un abandono de la responsabilidad.

Así que me disgustó mucho ver que el economista Tim Taylor, cuyo trabajo normalmente admiro, hacía una versión de la evasión del largo plazo en una publicación reciente en su blog (aquí: bit.ly/1UudvCt). Me molestó especialmente esta parte: “De la misma forma en que el conductor de un auto varado en un banco de nieve puede pisar el acelerador todo lo que quiera sin avanzar mucho, a mi parecer, estamos en una situación donde el estímulo monetario y fiscal que ha sido extremadamente alto para los estándares históricos desde aproximadamente 2008 ha tenido un efecto mucho más pequeño sobre la producción y la inflación de lo que se habría esperado antes de la Gran Recesión. He llegado a creer que en una crisis financiera y sus repercusiones de crecimiento lento, las herramientas básicas de las políticas monetaria y fiscal enfrentan límites reales a lo que pueden lograr. Por tanto, yo sostendría que la agenda basada en el crecimiento debería enfocarse en una lista distinta de temas: ampliar la educación y la capacitación; ampliar el gasto en investigación y desarrollo; la reforma fiscal y regulatoria; ampliar el comercio internacional; e inversiones en energía e infraestructura”.

¿Qué tiene esto de malo? Permítanme decirlo.

Primero, ¿de dónde diablos viene la afirmación de Taylor de que el estímulo fiscal ha tenido mucho menos efecto del esperado? Para empezar, no tuvimos –y repito, no tuvimos– un estímulo enorme. En respuesta a la peor crisis financiera en tres generaciones, brevemente ofrecimos un estímulo de poco más del dos por ciento del producto interno bruto potencial, el cual desapareció rápidamente. ¿Debería sorprendernos que este esfuerzo resultara inadecuado?

Además, en este punto hay evidencia abrumadora de que la política fiscal tiene efectos fuertes. No he visto nada que sugiera que haya perdido impulso, y no tengo idea de por qué Taylor piensa que sí.

Es cierto que la política monetaria ha tenido dificultades para ganar tracción. Pero eso es exactamente lo que podría esperar que sucediera alguien que haya analizado detenidamente las implicaciones de la trampa de liquidez, lo cual algunos de nosotros hicimos mucho antes de la crisis de 2008. Y lo que dicho análisis sugiere es que la solución correcta para este problema, si se consigue, consiste en expectativas de inflación más alta. ¿De dónde sale la idea de que se trata de un problema que requiera reformas estructurales, o que siquiera sea necesariamente un problema que la reforma estructural pueda resolver?

No tengo nada en contra de la reforma estructural; algunos de mis mejores amigos son las reformas estructurales. Pero si el problema es una demanda inadecuada persistente –que es el argumento del estancamiento temporal–, entonces se deberían encontrar cosas que estimularan la demanda. No hay que bajar los brazos y quejarse de que no se puede. Tal vez uno crea que está siendo sabio y juicioso, pero de hecho está participando de un acto de evasión.

Paul Krugman es ganador del Premio Nobel de Economía en 2008.

 

© 2015 The New York Times.

 

“Distribuido por NYT Syndicate”.

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