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Economía

Perspectivas y desafíos para 2016


Se estima que Centroamérica crezca cerca del 4.3 por ciento junto al resto del Caribe.

 

 

La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) publicó en la segunda quincena de diciembre las previsiones para la región que se mueven dentro de una lenta recuperación. A continuación presentamos el resumen ejecutivo de las perspectivas para el próximo año.

En 2016, la región enfrentará diversos escenarios y riesgos de la economía mundial, que sin duda condicionarán el desenvolvimiento de la actividad económica pero que tendrá una aceleración que alcanzará un 2.9 por ciento. Como ya se mencionó, las proyecciones del crecimiento mundial para los próximos años muestran bajas tasas de expansión, apoyadas por la lenta, pero sostenida, recuperación de las economías desarrolladas. Sin embargo, aún persisten serios riesgos que podrían poner en duda esta trayectoria. Más allá de las dificultades en la zona del euro, cabe destacar las crecientes incertidumbres en las proyecciones sobre el desempeño futuro de China y, en general, de las economías emergentes.

En el caso de China, los escenarios más probables apuntan a que continúe la desaceleración de la economía y en las visiones optimistas se prevé un crecimiento cercano al 6.4 por ciento en 2016. La dinámica de las economías emergentes nubla el panorama sobre el desempeño futuro de la demanda agregada externa que enfrentarán los países de América Latina y el Caribe. A las incertidumbres sobre la expansión de la economía mundial, se debe sumar el bajo crecimiento del comercio mundial, que ya en 2015 fue del 1.5 por ciento, la tasa más baja registrada después de la crisis financiera internacional del periodo 2008-2009. Para 2016, se espera que el volumen del comercio mundial crezca a tasas cercanas al 2.5 por ciento, aun por debajo del crecimiento mundial.

Las repercusiones del lento crecimiento de la demanda agregada mundial, así como los condicionantes desde el lado de la oferta, anticipan que no cabe esperar una recuperación de los precios de las materias primas, de modo que es previsible que estos se mantengan en torno a los valores registrados a finales de 2015. En este contexto, se espera que en 2016 la variación de los términos de intercambio sea nuevamente negativa para América Latina y el Caribe en su conjunto, aunque el deterioro sería de menor magnitud que en 2015.

En el ámbito de los mercados financieros, se espera que durante 2016 se tornen más complejas las condiciones observadas en 2015, período en que las economías emergentes se vieron afectadas por una menor disponibilidad de flujos financieros, debido a la incertidumbre y la volatilidad que prevalecieron, en mayor o menor medida, durante todo el año, junto con una menor liquidez global y un gradual aumento del costo de los recursos financieros en los mercados internacionales. En este contexto, no cabe esperar un repunte de los flujos de financiamiento disponibles para los mercados emergentes, que ya en 2015 cayeron respecto a 2014. Las turbulencias de los mercados financieros internacionales se relacionan con los efectos de la eventual normalización de la política monetaria de Estados Unidos y la tendencia al fortalecimiento del dólar.

Tal como se ha observado en años anteriores, la evolución de la economía mundial sigue teniendo efectos muy diferenciados en los distintos países y subregiones de América Latina y el Caribe, lo que contribuye a acentuar las diferencias subregionales en función de la orientación productiva y comercial de las economías. En un contexto externo complejo y sujeto a diversos riesgos, para 2016 se espera que la economía de la región –a diferencia de lo ocurrido en 2015, cuando mostró una contracción del 0.4 por ciento– presente un leve crecimiento positivo, del 0.2 por ciento.

Se estima que Centroamérica, incluidos el Caribe de habla hispana y Haití, crecerá en 2016 en torno al 4.3 por ciento. Si se incluye a México, cuyo crecimiento esperado es del 2.6 por ciento, el promedio llega al 3.0 por ciento. Para América del Sur, se espera en 2016 un crecimiento negativo, del -0.8 por ciento, explicado fundamentalmente por las contracciones en el Brasil (-2.0 por ciento) y en la República Bolivariana de Venezuela (-7.0 por ciento), en tanto que la economía del Caribe de habla inglesa crecerá a una tasa del 1.6 por ciento.

En 2015, la demanda interna mostró una significativa desaceleración, en especial el consumo privado y la inversión, situación que probablemente se mantenga durante 2016, acarreando importantes riesgos sobre la capacidad de crecer en el futuro.

Dinamizar el crecimiento económico de la región plantea amplios desafíos para los países. Junto con revertir el ciclo contractivo de la inversión, que se viene produciendo desde 2014, los países deben ser capaces de aumentar su productividad, que también se ha visto fuertemente rezagada en comparación con la de otras regiones y países desarrollados. La capacidad de mejora de la productividad se ha visto mermada no solo por la caída de la inversión, sino también por el debilitamiento de los sectores industriales y manufactureros de la región durante los últimos años. Este debilitamiento ha estado acompañado por un creciente deterioro de los mercados laborales, en los que se observa un gradual aumento de la ocupación en sectores informales y de baja productividad. En un contexto de bajo crecimiento, la región debe, además, defender los avances sociales logrados en los últimos años.

En un marco de menores ingresos fiscales, que han redundado en un proceso de consolidación de las cuentas públicas, se torna aún más indispensable avanzar en reglas fiscales que prioricen los gastos de capital. Como ya lo ha planteado la CEPAL, el diseño de esquemas anticíclicos eficientes de protección de la inversión es sumamente importante para enfrentar la volatilidad macroeconómica de la región. Para minimizar los costos de ajuste e impulsar las expectativas de crecimiento potencial y de estabilidad futura, los esquemas que complementan las políticas anticíclicas con la protección (y el estímulo) de las inversiones en la fase baja del ciclo pueden ser mucho más efectivos que las reglas fiscales basadas solamente en metas de gasto o déficit.

Entre los factores que podrían inducir una reducción de la inflación a futuro destacan la esperada estabilidad de los precios de las materias primas, en especial de los alimentos,  la energía y la demanda agregada interna.

Cierre de la economía   con bajas leve aceleración

La economía mundial continúa mostrando bajos ritmos de crecimiento, tendencia que persistiría en el mediano plazo. En 2015, el crecimiento de la economía mundial fue del 2.4 por ciento, levemente inferior al registrado en 2014. Para 2016 se espera una leve aceleración.

Menor dinamismo

En 2015, el PIB de América Latina y el Caribe se contrajo un 0.4 por ciento, lo que se tradujo en una reducción del 1.5 por ciento del PIB por habitante de la región. Este resultado corresponde a la tasa de expansión más baja registrada desde 2009. Al igual que en 2014, se observan diferencias muy significativas en la evolución de la actividad económica entre subregiones y también entre países. Las economías de Centroamérica mantuvieron su ritmo de expansión en 2015 y se espera un crecimiento del 4.4 por ciento para el año.

“En el ámbito de los mercados financieros, se espera que durante 2016 se tornen más complejas las condiciones de 2015”.

Informe de la CEPAL.

1.5%

Es el crecimiento del comercio mundial,la tasa más baja registrada después de la crisis.

-0.8%

Es el indicador negativo que registrará la economía de América del Sur.

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