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Economía

Donald Trump: héroe de la base republicana


A principios de este mes se nos dijo que nuestro momento de “pásame las palomitas” (quiero decir, nuestra vieja pesadilla nacional) finalmente había acabado: que el candidato presidencial Donald Trump implosionaría ahora que se había atrevido a cuestionar el heroísmo del senador republicano John McCain.

 

Pero mírenlo, sigue aferrado a un estatus de contendiente de primera para la nominación republicana. ¿Cómo es posible?

La respuesta corta es que la gente del Beltway confundió (no por primera vez) sus propias percepciones con las de los votantes reales.

 

Adentro de este pueblo, el señor McCain es una personalidad sagrada. Luego de todos estos años de ideólogo convencional, sigue siendo percibido como McCain el Inconformista. Y pese a su belicismo, se le sigue considerando un hombre sabio en lo que respecta a seguridad nacional, y es una presencia casi constante en los programas de invitados de los domingos. Por tanto, los residentes del pueblo esperaban que todo mundo reculara en horror cuando el señor Trump ridiculizó el historial de guerra del señor McCain (supuestamente solo deben hacérselo a los demócratas).

 

Pero a la base republicana realmente no le importa mucho. Independientemente de lo que puedan decir, sus miembros no están tan impresionados con el heroísmo militar. No solo es el trato a John Kerry cuando contendía para la Presidencia (piense lo poco que pareció importarles a los votantes republicanos cuando mató a Osama bin Laden).

 

Y verdaderamente no les importa un viejo que perdió una elección.

 

El señor Trump seguramente se provocó él mismo cierto daño con su ataque reciente al señor McCain, pero sigue encarnando la identidad de la base en una forma que el Pueblo no parece entender.

 

“Trumpismo”

 

De manera poco sorprendente, Rick Perlstein (de Talking Points Memo), nuestro experto más destacado en el auge del movimiento conservadurismo, tiene la mejor interpretación a la fecha sobre el fenómeno Trump.

 

Tal como lo dice el señor Perlstein, a nadie debería sorprenderle encontrar que hay muchos republicanos furiosos que ya no aguantan más: “Esto es importante: el conservadurismo es como una persecución fanática recurrente”, escribió hace poco. “La cantidad de odio, hasta donde sé luego de 17 años de estudio detenido de 60 años de historia del ala derecha, sigue siendo la misma. Sacar la bandera de la Confederación, izar la bandera del odio a los inmigrantes: lo primero no supone una nueva Jerusalén de tolerancia; lo segundo no significa que el racismo del conservadurismo finalmente haya sido revelado para que todos lo veamos”.

 

Y crucialmente, una parte clave de la mitología conservadora es que la silenciosa mayoría comparte este odio, y que solo la elite liberal con su corrección política es la que está evitando que los estadounidenses digan lo que saben que es cierto (se parece al constante tropo de Bill O’Reilly, de Fox News, en el sentido de que cualquiera que discrepe con él es de la “extrema izquierda”, independientemente de lo convencionales que sean las ideas de esa persona).

 

¿Entonces por qué la base republicana no debería apoyar a el Donald? La élite lo considera ridículo, pero a la base se le ha dicho una y otra vez que la élite es corrupta y anti estadounidense. A la base también se le ha dicho una y otra vez que representa los verdaderos puntos de vista de todo mundo excepto los de Esa Genta. ¿Entonces por qué sus miembros no deberían optar por alguien que es de su tipo de persona, en estilo y en sustancia?

 

El sorprendente  auge de un candidato

 

Desde que anunció su candidatura para la nominación presidencial republicana a principios del verano, el multimillonario magnate de bienes raíces Donald Trump ha dominado la cobertura mediática de la contienda.

 

La campaña del señor Trump ha estado marcada por un número de declaraciones controvertidas, empezando con el discurso que pronunció al anunciar sus intenciones el 16 de junio, donde caracterizó a los inmigrantes mexicanos indocumentados que llegan a Estados Unidos como criminales y “violadores”. En una declaración ofrecida semanas después, el señor Trump afirmó que los inmigrantes mexicanos eran responsables de una “tremenda enfermedad infecciosa … que se vierte del otro lado de la frontera”. Pese a las generalizadas críticas a estas declaraciones en todo el espectro político, el señor Trump creció a la cima de las encuestas republicanas, tanto nacionalmente como en los Estados donde las primarias se hacen antes.

 

Después, el 18 de julio, durante un evento de campaña en Iowa, el señor Trump criticó al senador John McCain, el nominado presidencial republicano de 2008 y exprisionero de guerra de Vietnam. “No es un héroe de guerra”, dijo el señor Trump. “Es un héroe de guerra porque fue capturado. Me gusta la gente que no fue capturada”, afirmó.

 

Otros candidatos criticaron rotundamente al señor Trump por estas declaraciones, y muchos analistas políticos esperaban que cayera en las encuestas. Sin embargo, sondeos tomados después de sus declaraciones muestran que el señor Trump en gran parte ha conservado su posición en la cima.

 

Timothy Egan sostuvo en una columna reciente para el New York Times, que al condenar al señor Trump, los miembros del establishment republicano están negando elementos de su propia base que han condonado, o incluso fomentado, durante muchos años. “Dicen que está destrozando la marca republicana. Dicen que está ‘agitando a los locos’, en palabras del senador John McCain”, escribió el señor Egan el 24 de julio. “Pero Trump es la marca, en un grado considerable. Y los locos desde hace mucho han florecido en el ala mediática republicana, donde cualquier cantidad de bufonería gaseosa pasa de largo… Trump es un producto secundario de todos los elementos tóxicos que los republicanos han puesto en su mezcolanza más o menos durante la última década, desde la negación de la ciudadanía de Obama hasta el odio a los inmigrantes por motivaciones raciales, desde nihilistas que cierran el gobierno hasta autoridades electas que gritan ‘¡Usted miente!’ a su comandante en jefe”.

 

Paul Krugman es ganador del Premio Nobel de Economía en 2008.

 

© 2015 The New York Times.

 

“Distribuido por NYT Syndicate”.

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