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Economía

Un fracaso estratégico épico en Europa


Independientemente de cómo se den las cosas a partir de ahora –y se me dificulta ver otro camino que no sea la Grexit–, el programa de la troika para Grecia representa uno de los fracasos estratégicos épicos de la historia.

 

Incluso si ignoramos el costo económico y humano, el programa fue un absoluto fracaso en términos de restauración de la solvencia. En 2009, antes de que entraran en efecto las políticas de la troika, la deuda de Grecia representaba 126 por ciento de su producto interno bruto (PIB). Luego de cinco años, la deuda era de… 177 por ciento del PIB.

 

¿Cómo pasó esto? ¿Los griegos simplemente siguieron endeudándose masivamente?

 

La respuesta es un no rotundo. A finales de 2014, la deuda griega era apenas seis por ciento más alta que a finales de 2009. Hay que reconocer que esa cifra refleja una quita importante a la deuda privada, pero no tiene nada que ver con el continuo frenesí de endeudamiento que algunos imaginan. Más bien lo que pasó, por supuesto, fue el colapso del PIB.

 

Lo que todo esto sugiere es que el programa de la troika era simplemente inviable, y habría sido inviable sin importar qué tan dispuestos hubieran estado los griegos a hacer sacrificios. Cuanto más recortaron, peor se pusieron las cosas.

 

Supongo que podría sostenerse que las reformas estructurales podrían haber generado un estímulo en la competitividad. Pero la verdad es que hay muy poca evidencia que apoye la fe convencional en dichas reformas. A algunos de mis contactos más convencionales les gusta insistir en que la austeridad en Grecia era inevitable; y es cierto que, de una u otra manera, Grecia iba a tener que alcanzar un superávit primario. Si la devaluación monetaria hubiera sido una opción, esto habría requerido mucho menos austeridad debido al estímulo ofrecido por una política monetaria más relajada. Pero dentro del euro, una profunda austeridad efectivamente era algo que debía darse. No obstante, el punto clave es que las medidas de austeridad terminaron siendo no solo increíblemente dolorosas, sino completamente inútiles, porque no fueron acompañadas de una enorme condonación de la deuda.

 

¿Este tipo de futilidad siempre es el caso? No necesariamente; si sacamos cuentas, se vuelve claro que mucho depende del nivel inicial de deuda. Si Grecia hubiera recibido una condonación de deuda masiva, al menos habría tenido algún indicio de solución eventual.

 

En vez de ello, Grecia fue empujada a un ciclo de dolor cada vez peor, sin esperanza.

 

Paul Krugman es ganador del Premio Nobel de Economía en 2008.

 

© 2015 The New York Times.

 

“Distribuido por NYT  Syndicate”.

 

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