[theme-my-login default_action="register" show_links="0"]

¿Perdiste tu contrseña? Ingresa tu correo electrónico. Recibirás un correo para crear una nueva contrseña.

[theme-my-login default_action="lostpassword" show_links="0"]

Regresar

Cerrar

Publicidad

Domingo

Hermanos: mataos los unos a los otros


foto-articulo-Domingo

“La guerra es mala, porque hace más hombres malos que los que mata”, Kant.

Felipe Villegas Herrera, nació en Cunén, en febrero de 1923. Ingresó joven como soldado al Fuerte Matamoros, habiendo ascendido a subteniente por sus varios años de servicio, grado que ostentaba cuando se produjo el ataque del 20 de octubre de 1944. Esa madrugada, la acometida armada lo sorprendió, como a los oficiales y soldados que se encontraban de alta en el citado cuartel.

Varios años después –siendo ya abuelo– escribió un breve folleto de memorias que hace referencia de lo sucedido en el cuartel esa fría y oscura madrugada. Apunta pasajes de valentía y deber de algunos soldados y de oficiales. También de pánico y de confusión y algunos datos curiosos. Asimismo, incidencias de la tragedia de una guerra cuyos atacantes no imaginaba quienes podían ser. Por caso, solo por citar un drama de los muchos que han ocurrido en nuestras guerras del poder y por el poder. Cuenta de manera sencilla uno de esos miles de hechos que han sucedido en esa trágica historia. “Sobre nuestra terraza seguían cayendo los objetos que arrancaban las bombas al caer y volaban por los aires; de repente, otro grito espantoso y veo salir de la garita de la derecha un soldado agarrándose la nuca, tratando de bajar las gradas pero antes cayó con la cabeza casi cercenada, después tres soldados más salieron mal heridos y bajaron a refugiarse (…)” (pag. 10). En seguida, otro pasaje conmovedor: “al pasar por la 3a. Compañía, oí que me llamaban y fue en el momento en que me juntaba con el sargento Matías Jerónimo y ví, con sorpresa, que era un artillero amigo que había sido mortalmente herido y que aun así se arrastraba, pues tenía la pierna cercenada, le faltaba un pie; con las vísceras por fuera… me quedé asombrado y le grité… ¡Galindo …Galindo! ¿Qué te pasó? Y aquel moribundo me dijo: “¡Por amor a Dios matáme, metéme un tiro por favor! En ese momento pasaba un soldado con una carabina y le dije al sargento Matías Jerónimo que le pidiera el arma, la cual el soldado entregó, la revisé y la cargué y sin ponerle seguro se la entregué a Galindo y solo le dije: “Tomá aquí está la carabina” y con Jerónimo nos retiramos, habíamos caminado unos 20 o 30 metros cuando oímos el tiro y el cuerpo del artillero quedó inmóvil.” (pag. 13).

PATZICÍA: “El 20 de octubre de 1944 estalló la revolución que estaba transformando a Guatemala, y el 22 crucé la frontera. (pag. 595). En la madrugada estábamos en Quetzaltenango. Llegamos al día siguiente, por la noche, a la capital. Al pasar por Patzicía, el pueblo se hallaba aún sobrecogido de pánico por la sublevación de campesinos sin tierra. Algún partidario de los vencidos azuzó el levantamiento indígena contra los ladinos. Este motín sangriento fue reprimido brutalmente. (pág. 596). No olvidaré el terror de Patzicía: la Junta de Gobierno (Jacobo Árbenz, Jorge Toriello y Francisco Javier Arana) cazó con ametralladoras, de la manera más salvaje, a campesinos azuzados por caciques de los regímenes recién depuestos. (pág. 611). La represión, inicua y brutal, fue inconfundiblemente clasista y racista. Que yo sepa, nunca se emprendieron averiguaciones sobre la masacre.” (pág. 611). Luis Cardoza y Aragón: El río: novelas de caballería (FCE, 1986).

EL FUSILADO DE “LA AURORA”. La Selecciones del Reader’s Digest de diciembre de 1957 publicó, con aquel título, un artículo del doctor Guillermo Labbé. Narra que la tarde del domingo 5 de noviembre de 1950 fue llamado de urgencia a su domicilio por el director del hospital militar: “Labeé, véngase inmediatamente. Se ha desatado la tempestad (…) En la oficina principal encontré a mi colega, el doctor René Dardón. Con expresión trágica y en cuchicheos me dijo que se me había llamado para que ayudara a examinar los cadáveres de un gran número de individuos que acababan de ser ejecutados por haber tomado parte en una intentona de apoderarse de La Aurora, una de las principales bases del Ejército, para tomarles las impresiones digitales y certificar su defunción. Mientras, llegó otra ambulancia militar y unos soldados principiaron a arrojar de ella más cadáveres (…) Solo un Dante podría describir el cuadro que se ofreció a nuestros ojos cuando entramos a la morgue (…) Mientras examinábamos los cadáveres (eran 26) los comentarios de los soldados nos revelaron lo que había ocurrido (…) El pequeño grupo de hombres ligeramente armados se había infiltrado en la base militar de La Aurora, ocupada por una guarnición de 1,200 hombres, con la esperanza de apoderarse de ella por sorpresa. Capturados y desarmados tras una breve refriega, los sobrevivientes fueron arrojados a una celda. Después de permanecer detenidos allí una media hora, se les dijo que podían irse a sus casas: Han cometido una locura al tratar de derrocar un gobierno constituido. En adelante, manténganse alejados de todo lo que huela a conspiración.”

“Mientras la pequeña banda de patriotas, descorazonados por su fracaso pero contentos de verse vivos, caminaban por la campiña bañada de sol, un tanque armado con una ametralladora calibre 50 entró en acción. Dos veces barrió el blanco la ametralladora; los pesados proyectiles rasgaron carnes y huesos (…) Mientras los soldados montaban guardia en torno a los cuerpos acribillados, los médicos nos dedicamos a nuestra tarea (…) De pronto, al mover uno de los cuerpos amontonados, percibí señales de vida. Más aun, reconocí al hombre: Mario Arrivillaga, propietario de una finca lechera. Grité para que lo condujeran a la sala de operaciones (…) Poco después, con enorme sorpresa, me di cuenta de que otra de las víctimas todavía vivía. Resultó un hombre llamado Segundo Mancio. Sangraba profusamente de una herida del hígado (…) Y después, cosa increíble, descubrí una tercera vida pendiente de un hilo en aquel carnerario. Esta vez se trataba de un hombre menudo… el ligero vaho mostró que todavía respiraba, aunque débilmente. Las heridas que presentaba en la pierna derecha y cadera izquierda no parecían muy graves, pero se veía claramente que se encontraba en un estado de profundo choque. En la sala de operaciones, mi hermano Federico, también cirujano, el doctor Alfonso Toledo y yo, luchamos por salvar la vida de nuestros tres pacientes bajo una vigilancia siniestra.”

ZUNZAPOTE constituyó el dramático mensaje que el Ejército recibió de que el reto guerrillero era, no para vencerlo sino para destruirlo. Los analistas sabían que según la teoría leninista no habría tregua, porque la experiencia histórica no registraba la posibilidad de coexistencia. La emboscada no dejó sobrevivientes. En inédita memoria escrita por un militante de la guerrilla se narra ese ataque. Una combatiente, que luego habría de alcanzar prominencia siendo compañera de un alto jefe cubano, en el momento decisivo de disparar se le atoró el arma sin poder descargar sus ráfagas. Ciega, enloquecida, frenética se arrojó, entre el humo y la carnicería, sobre los cuerpos desgarrados para empapar sus manos en la sangre tibia que borbotaban. Igual se cuenta de soldados pateando cadáveres. (Posterior a esta versión, se tuvo a la vista la escrita de un combatiente, quien relata que a un soldado sobreviviente muy mal herido, lo atendieron y salvaron, a fin de que pudiera relatar a sus jefes lo ocurrido en la emboscada). (Testigo de los testigos).

SIERRA MADRE. El testimonio veraz de un actor de primera línea, lo consigna el comandante Pancho sin sesgo ni alarde alguno: “…tuvimos que recurrir a las probadas recomendaciones vietnamitas de que la guerrilla puede y debe emboscarse en cualquier terreno, atacar al enemigo por los flancos y por atrás, usar a la perfección la sorpresa y un poder de fuego demoledor… Colocamos una batería de 14 minas Claymore que detonadas simultáneamente en la zona de muerte, como un huracán de fuego y metralla arrasó tierra y piedra, aniquilando…”. El memorialista disciplinado a los Acuerdos de Paz, reconoció: “Enfriados los cañones, debe ser dicho que jefes y otros más fueron dignos adversarios y que frente a ellos el combate fue un honor.” (Pedro Pablo Palma Lau).

LÍNEA DE FUEGO. – “Muy bien, hijos míos… ¡Vamos arriba! Le quita el joven alférez la anilla a la granada, se pone en pie, imitado por tres requetés –Les Forques y Santacreu se quedan donde están–, aparta los alambres cortados para pasar entre ellos, y en ese momento una bala le arranca la mitad izquierda del cráneo, haciéndolo caer de espaldas sobre la alambrada. Cae también uno de los requetés, y los otros dos vuelven a tirarse a tierra. La granada rueda por el desnivel y los hombres se apartan despavoridos. Les Forques hunde la cara en el suelo mientras la explosión levanta tierra, piedras y esquirlas de metralla y cuando abre los ojos ve a uno de su escuadra, Andreu Subirats, mirándose desconcertado, muy pálido, los tres dedos que le faltan a una mano. Otro requeté agarra por un pie al alférez y tira de él hacia abajo desgarrándole la ropa en las púas; dejando un rastro de sangre y masa encefálica.” Arturo Pérez-Reverte (pág. 312).

“Las guerras de los pueblos serán más terribles que las de los reyes”, Winston Spencer Churchill (Cámara de los Comunes, 12 de mayo 1901).

Publicidad


Esto te puede interesar

noticia Sébastien RICCI / AFP
Ambiente post-covid en las discotecas de Wuhan, cuna de la epidemia
noticia AFP
Inglaterra debuta con triunfo

Inglaterra superó su primer escollo de la Eurocopa-2020 al vencer por la mínima (1-0) a Croacia, vigente finalista del Mundial, en el primer partido del grupo D, este domingo ante su público en Wembley.

 

noticia UNIVISION
Reporte revela nuevos detalles del asalto al Capitolio


Más en esta sección

Guatemala apoyará iniciativa de EE. UU. contra la corrupción

otras-noticias

Raúl Figueroa Sarti, nominado para el IPA Prix Voltaire 2021

otras-noticias

Raúl Figueroa Sarti, nominado para el IPA Prix Voltaire 2021

otras-noticias

Publicidad